Ashley Johnson defiende la segunda temporada de The Last of Us

La voz original de Ellie entiende el enfado pero respalda la dirección creativa. El debate va sobre cómo nos apropiamos de lo que amamos.

✍🏻 Por Alex Reyna

agosto 24, 2026
  • Ashley Johnson, voz original de Ellie en los videojuegos, comprende el enfado de los fans con la segunda temporada de HBO pero defiende su dirección creativa, incluida la muerte de Joel.

  • Opinión de Álex: este debate va mucho más allá de una serie; toca algo profundo sobre cómo nos apropiamos emocionalmente de las historias que amamos y por qué a veces no las dejamos ser otra cosa.

  • Craig Mazin, co-showrunner, ya anticipaba el rechazo antes del estreno y eligió priorizar conscientemente su visión artística sobre las expectativas del fandom.


Hay algo fascinante en lo que ocurre cuando una historia te cambia por dentro. Cuando una narrativa consigue tocarte de verdad, cuando sus personajes se instalan en ti sin pedir permiso, surge algo que va más allá del entretenimiento. Surge una especie de propiedad emocional. Y esa propiedad, tan legítima como complicada, está justo en el centro del debate que rodea a la segunda temporada de The Last of Us en HBO.

Podría parecer que esto es simplemente el ruido habitual del internet enfadado. Pero me parece que hay algo más interesante que analizar. Algo que conecta con preguntas que me hago a menudo cuando pienso en adaptaciones, en narrativas transmedia y en el extraño vínculo que formamos con las ficciones que nos definen.

Cuando el amor se vuelve exigencia

The Last of Us es una de esas historias que proponen ideas grandes envueltas en emoción humana. Su primera parte explora el sacrificio, la paternidad y lo que significa sobrevivir cuando el mundo ha dejado de tener sentido. Su segunda parte, el videojuego The Last of Us Part II, es aún más arriesgada: te obliga a empatizar con alguien a quien odias, y eso incomoda profundamente.

Recuerdo terminar aquella segunda parte y quedarme sentado, sin apagar la consola, durante un buen rato. Me pasó algo parecido a lo que sentí con Her: esa sensación de que la obra te había dejado una pregunta abierta que no sabías responder. No era rabia. Era desconcierto. Y el desconcierto, cuando es honesto, suele ser la puerta de las mejores historias.

Es precisamente esa incomodidad la que genera reacciones tan intensas.

La segunda temporada de HBO ha tomado decisiones que se alejan del material original. Cambios de ritmo, alteraciones estructurales, y la presentación del arco de venganza de Ellie de una forma distinta a como lo conocían los jugadores. Y el golpe más contundente: la muerte de Joel, interpretado por Pedro Pascal, que ha sacudido a quienes llegaron a la serie sin haber tocado el juego.

El resultado ha sido un rechazo significativo. Apasionado. A veces, desmesurado.

La voz que lo empezó todo

Ashley Johnson como Anna junto a Bella Ramsey como Ellie en The Last of Us

En este contexto cobra especial relevancia la aparición de Ashley Johnson. Johnson no es una voz cualquiera en este debate: ella es Ellie en su origen. Puso la voz, el gesto, la emoción, a ese personaje en ambos videojuegos. Y en la primera temporada de HBO tuvo además una presencia especial como Anna, la madre de Ellie.

En una entrevista reciente, Johnson abordó el tema con una madurez que me parece admirable.

«Con The Last of Us, la gente realmente ama esa historia, yo incluida, y son fans muy, muy apasionados. Y a veces esa pasión se siente realmente bien, y a veces no se siente bien. Pero lo entiendo. Entiendo amar algo tanto, y querer que sea lo que tú quieres que sea.»

Hay una honestidad enorme en esas palabras. No hay condena al fandom ni una defensa ciega de la producción. Solo reconocimiento. El tipo de reconocimiento que solo puede venir de alguien que también ha sentido ese amor de primera mano.

El dilema del creador

Johnson no se quedó ahí. Cuando la conversación giró hacia el propio proceso de crear, dejó una segunda reflexión que, para mí, es la clave de todo:

«Puede ser difícil a veces, cuando estás haciendo estas cosas, y desde tu lado eres apasionado, y estás entusiasmado, y esperas que esas dos cosas puedan encontrarse. A veces no lo hacen.»

Crear es un acto de vulnerabilidad. Y esas «dos cosas» que a veces no se encuentran —la pasión del autor y la del público— son el terreno donde se juega toda adaptación.

Craig Mazin, co-showrunner de la serie, ya había reconocido antes del estreno que el rechazo era previsible. Y aun así, eligieron contar la historia a su manera. No para provocar, sino porque creían en esa visión.

Me recuerda a lo que hicieron Villeneuve y su equipo con Blade Runner 2049: una secuela que renunciaba a complacer, que se tomaba su tiempo, que confiaba en que el silencio también cuenta cosas. O a Arrival, donde la fidelidad al relato de Ted Chiang importaba menos que capturar su idea central sobre el lenguaje y el tiempo. Las mejores obras de ciencia ficción no buscan gustar; buscan decir algo, aunque el camino incomode.

No todo el mundo tiene que amar el resultado. Pero hay una diferencia entre criticar una obra y negarle el derecho a existir tal como es.

¿De quién es la historia?

Esta es, quizás, la pregunta que más me interesa de todo este debate. ¿Cuándo una historia deja de pertenecer a quien la creó y pasa a pertenecer a quien la vivió?

No tengo una respuesta definitiva, pero sí una intuición. Cuando una obra te marca, sientes que una parte de ella es tuya. Y lo es, emocionalmente. El problema aparece cuando confundimos esa propiedad íntima con el derecho a dictar hacia dónde debe ir la historia.

Ahí está la trampa. La misma pasión que nos hizo amar The Last of Us puede convertirse en una jaula si le exigimos que se repita, que no crezca, que no nos incomode nunca más. Y una historia que solo puede confirmar lo que ya sentíamos deja de ser una historia viva.

Creo que la pasión, bien entendida, debería ser una puerta, no una jaula.


Vivimos en un momento en el que las ficciones que amamos se multiplican, se expanden, se adaptan. Universos enteros migran de un medio a otro, y con ellos migran también las expectativas de millones de personas. El fenómeno de The Last of Us no es un caso aislado: es un síntoma de algo que va a seguir ocurriendo, y que nos invita a pensar cómo nos relacionamos con las historias.

Quizás la clave no esté en si la adaptación es «fiel» o no, sino en si consigue decir algo verdadero. Algo que resuene. Algo que, como hacen las mejores obras, nos deje pensando mucho después de que los créditos hayan terminado. Y eso, en definitiva, es lo único que debería importar.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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