X-Men: Apocalipsis se rodó sin saber cómo terminaba la película

John Ottman confiesa que X-Men: Apocalipsis empezó a rodarse sin un tercer acto escrito, solo con un esquema de puntos sueltos. La batalla final se improvisó casi por completo durante el rodaje.

✍🏻 Por Clara Domenech

junio 24, 2026
  • 🎬 John Ottman, montador y compositor de X-Men: Apocalipsis, ha confesado en el podcast Half the Picture que empezaron a rodar sin tener escrito el tercer acto: solo existía un esquema con puntos sueltos.

  • 🎬 La batalla final se improvisó prácticamente sobre la marcha, inventando soluciones de última hora en el set y en la sala de montaje junto al equipo de segunda unidad.

  • 🎬 El montaje tuvo que apoyarse en la voz en off y en las secuencias telepáticas del Profesor X para dar coherencia a una historia que no la tenía por sí sola.

  • 💭 Opinión: Que un villano del calibre de En Sabah Nur —el primer mutante, líder de los Cuatro Jinetes, un tipo que en el cómic da auténtico pavor— acabara amenazando mucho y haciendo poco se explica solo: no puedes empezar a rodar sin saber cómo termina tu historia.

  • ℹ️ La película recaudó 543,9 millones de dólares en todo el mundo, pero se quedó en un 47% en Rotten Tomatoes, convirtiéndose en uno de los eslabones más débiles de la saga X-Men de Fox.


Hay películas que, cuando las ves, algo no cuadra del todo. No sabes exactamente qué, pero notas que la historia se tambalea, que el clímax no termina de funcionar, que ciertas escenas parecen estar ahí únicamente para tapar agujeros que no deberían existir. X-Men: Apocalipsis fue exactamente eso para muchos de nosotros: una película que prometía ser la culminación épica de toda una trilogía y que acabó dejando un sabor profundamente agridulce. ¿Por qué? Resulta que había una razón muy concreta.

John Ottman, el montador y compositor que lleva décadas trabajando codo con codo con Bryan Singer, acaba de revelar en el podcast Half the Picture lo que muchos sospechábamos: que la producción de X-Men: Apocalipsis fue, sin rodeos, una pesadilla. Y no precisamente del tipo que da buenos sustos de cine.


Ottman no es ningún novato. Ya trabajó con Singer en X-Men: Días del futuro pasado, donde su intervención durante el rodaje ayudó a detectar problemas narrativos antes de que se volvieran irresolubles. Simon Kinberg podía ajustar el guion sobre la marcha porque el equipo trabajaba coordinado. El resultado fue una película que, con todos sus defectos, sabía exactamente a dónde iba.

Nadie se acordó de eso en Apocalipsis.

Según Ottman, cuando arrancó la producción, el tercer acto directamente no existía. Había un esquema básico, una lista de cosas que debían pasar, pero nada desarrollado. Y aun así, las cámaras empezaron a rodar.

«Entramos en producción y teníamos una película sin tercer acto. Era un esquema.»

Que alguien diga eso de una superproducción de este calibre resulta tan fascinante como perturbador.

Lo que vino después fue una carrera contrarreloj. El equipo, junto al director de la segunda unidad —la encargada de las grandes secuencias de acción—, improvisaba sobre la marcha. La batalla final, ese clímax que debería ser el momento cumbre donde todo converge, se construyó a base de ideas de última hora y mucho nervio en la sala de montaje.

«Estábamos reuniéndonos con el equipo y el director de la segunda unidad inventando cosas en el último momento.»

Y en el montaje, los parches fueron inevitables. Ottman tuvo que recurrir a la voz en off y a las secuencias telepáticas del Profesor X para pegar los trozos de una narrativa que no se sostenía sola. Herramientas legítimas del lenguaje cinematográfico, sí, pero que aquí eran básicamente vendas sobre una herida que nunca cerró bien.

Y aquí es donde a mí, como lectora de cómics antes que espectadora, más me duele. Apocalipsis no es un villano cualquiera. En las viñetas es En Sabah Nur, el primer mutante de la historia, un ser milenario obsesionado con la supervivencia del más fuerte, capaz de reclutar a sus Cuatro Jinetes y poner de rodillas a media Patrulla-X. Yo lo conocí en las páginas mucho antes que en la pantalla, y la promesa de verlo en imagen real me tenía con un hype difícil de describir. Lo que llegó fue un personaje pintado de morado que amenazaba muchísimo y apenas movía ficha. Ahora sé que no fue culpa del villano: fue culpa de un guion que nunca supo qué hacer con él.

¿El resultado global? Una película que recaudó 543,9 millones —nada desdeñable— pero que se quedó en un 47% en Rotten Tomatoes y que muchos fans recordamos como una oportunidad enormemente desperdiciada. La trama, sobrecargada de personajes. Y ese tercer acto… bueno, ahora ya sabemos exactamente por qué se sentía tan forzado.

Lo más triste es que Ottman lo vio venir. Levantó las alarmas. Pero la producción siguió adelante igualmente, porque en Hollywood los calendarios de estreno no esperan a que nadie tenga las cosas claras.

Y aquí no puedo evitar la comparación inevitable: este tipo de revelaciones me recuerda por qué Marvel Studios y Pixar, con sus story trust y sus guiones que pasan por mil revisiones antes de que ruede una sola cámara, han logrado una consistencia narrativa que a Fox se le escapó una y otra vez. No es infalible —el propio MCU ha tropezado lo suyo últimamente—, pero al menos existe una estructura pensada para evitar exactamente este caos.

Fox, en cambio, apostó fuerte y rápido. Y con Apocalipsis se les fue completamente la mano. No sorprende que Dark Phoenix fuera recibida aún peor: cuando los cimientos están agrietados, el edificio termina cayendo.


X-Men: Apocalipsis merece revisitarse con estos datos sobre la mesa. No como una obra maestra rescatable, sino como un caso de estudio sobre lo que ocurre cuando se prioriza el calendario sobre la coherencia. Hay cosas que funcionan —los jóvenes mutantes, la escena de Quicksilver, la presencia magnética de Fassbender como Magneto—, pero todo queda enterrado bajo una historia que nunca supo cómo llegar a su final.

La próxima vez que veáis una película y sintáis que el clímax no termina de cuajar, recordad esto: puede que literalmente no existiera cuando empezaron a rodar. Y eso, aunque suene increíble, pasa mucho más de lo que nos gustaría saber.


Crecí con los cómics de Marvel y me enamoré del MCU desde el primer “I am Iron Man”. Me encanta seguir teorías, analizar tramas y perderme en cada nuevo estreno, pero también sé cuándo algo no está a la altura. Disfruto del hype, pero escribo con criterio. Porque si no le exigimos al cine que mejore, ¿entonces para qué estamos aquí?

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