Tom Hanks no piensa jubilarse de Woody todavía

Tom Hanks espera seguir siendo la voz de Woody mientras haya algo verdadero que contar. Andrew Stanton lo confirma: cada nueva entrega de Toy Story tiene que ganarse su propia existencia.

✍🏻 Por Alex Reyna

junio 17, 2026
  • Tom Hanks espera seguir dando voz a Woody en futuras entregas de Toy Story, siempre que haya historias con algo verdadero que contar.

  • Toy Story 5 llega a los cines con la tecnología como amenaza directa al juego infantil en el centro de su trama.

  • El director Andrew Stanton confirma que cada película debe ganarse su existencia desde cero, sin dar por sentada ninguna secuela.

💬 Opinión: Hanks no habla de Woody como un papel que repite, sino como una responsabilidad que elige renovar. Y eso, en una franquicia de este peso comercial, merece atención.


Hay preguntas que el cine de animación plantea sin que nos demos cuenta. No sobre dragones ni mundos imposibles, sino sobre algo más incómodo: ¿cuándo ha dicho una historia todo lo que tenía que decir? ¿Cuándo el regreso deja de ser un regalo y se convierte en una repetición? Toy Story lleva décadas moviéndose en ese territorio, fingiendo que cada cierre es definitivo… y luego encontrando razones para volver.

Lo curioso es que esas razones, al menos en este caso, no parecen vacías. Tom Hanks vuelve a hablar de Woody con la misma mezcla de gratitud y perplejidad que uno sentiría al reencontrarse con una parte de sí mismo que creía haber dejado atrás. Lo que dice merece ser escuchado con calma.

Una franquicia que no sabe cómo despedirse, y quizás no debería

Toy Story 3 pareció un final perfecto. Toy Story 4 también. Y sin embargo, aquí estamos: Toy Story 5 llega a las salas, y el mundo no ha colapsado por ello.

Sería fácil desestimarla como otra secuela motivada por el peso del nombre y la seguridad de la taquilla. Pero hay algo en la forma en que se habla de esta entrega que invita a contener ese cinismo.

Y aquí es donde la franquicia se parece a las historias que de verdad me importan. Nadie escribe una secuela de Blade Runner ni una precuela de Dune porque el calendario lo pida; lo hace, si lo hace bien, porque queda una pregunta sin responder. Andrew Stanton lo explica con una claridad casi reconfortante: no existe ningún plan de «¿cuántas películas más vamos a hacer?».

Cada nueva entrega tiene que ganarse su lugar desde cero, desde la pregunta honesta de si hay algo que valga la pena contar. Y esta, según él, tardó su tiempo en encontrar forma antes de que el equipo se sintiera preparado para llevarla a los cines.

Eso no garantiza nada. Pero es, al menos, la actitud correcta.

Lo que dice Toy Story 5 sobre nuestro tiempo

El concepto central de esta entrega no es baladí: la tecnología como amenaza directa al juego infantil.

Es una idea que resuena mucho más allá de la pantalla. Vivimos en un momento en que la atención de los niños es un recurso disputado, y las pantallas compiten directamente con los juguetes físicos, con la imaginación sin mediación algorítmica, con ese espacio de libertad que el juego desordenado siempre ha representado.

Que Pixar elija este tema no es casualidad. Es exactamente la pregunta que una franquicia sobre juguetes debería hacerse ahora.

Y conecta, sin querer, con algo que llevo tiempo pensando. Recuerdo haberme quedado días dándole vueltas a Her, a esa idea de una tecnología tan cómoda que terminaba ocupando el lugar de lo que antes hacíamos solos. La tecnología no solo cambia lo que hacemos: cambia lo que somos capaces de imaginar sin ayuda. Y pocos territorios hay tan frágiles como la imaginación de un niño.

Las palabras de Tom Hanks

Lo que dijo Hanks en una entrevista reciente no suena a relaciones públicas. Suena a algo más honesto.

Habló del destino de Woody —que al final de la cuarta película parte con Bo Peep a ayudar a juguetes abandonados, sin parar, para siempre— y lo conectó con su propio deseo de seguir en el papel:

«Cuando Woody se fue en [Toy Story] 4, se marchó con Bo Peep. Y siguen encontrando juguetes abandonados. Lo hará durante el resto de su existencia. Me atrevo a decirlo: espero que lo mismo sea cierto para mi trabajo dando voz a Woody.»

Hay algo en esa declaración que va más allá del personaje. Es la pregunta de cualquiera que ha encontrado un trabajo que le da sentido: ¿cuánto tiempo más podré seguir haciendo esto antes de que deje de tener cabida?

Una cuestión de confianza mutua

Al final, lo que sostiene toda esta conversación es una pregunta implícita que el público le hace a los creadores: ¿seguís siendo honestos con vosotros mismos?

Stanton da una respuesta razonable. Trabajan desde la incertidumbre, desde el «¿tenemos algo que realmente valga la pena contar?». Solo cuando la respuesta es un sí claro, el proyecto avanza.

Es un proceso que reconozco en las mejores historias de ciencia ficción: las que vuelven no por inercia, sino porque la pregunta que las originó sigue abierta.


Hay franquicias que se perpetúan por costumbre, y franquicias que se perpetúan porque todavía tienen preguntas que hacer. Toy Story, con sus despedidas eternas y sus regresos inesperados, parece seguir en el segundo grupo. Al menos por ahora, quienes la sostienen parecen ser conscientes de la diferencia.

Tom Hanks hablando de Woody como una misión compartida —un personaje que no para de ayudar, un actor que no para de volver— es quizás la mejor señal de que esta historia todavía tiene algo que decir.

Y quizás ahí esté lo que de verdad late bajo todo esto: cada vez que la tecnología redefine lo que significa jugar, crecer y recordar, necesitamos historias que nos recuerden por qué importaba hacerlo a mano. Woody no se despide porque, en el fondo, nosotros tampoco hemos terminado de hacernos esa pregunta.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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