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Himesh Patel reivindica Tenet como una de las películas más infravaloradas de Christopher Nolan, subrayando su ambición conceptual y unos efectos prácticos que van mucho más allá del CGI convencional.
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Opinión del autor: Tenet no fracasó por ser mala, sino por pedirnos algo que el cine mainstream lleva años intentando borrar: esfuerzo. Y eso, en 2025, casi parece un acto de resistencia.
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Patel, que interpretó al secundario Mahir y ahora dará vida a Euríloco en The Odyssey (estreno el 17 de julio), lo comentó en el podcast Happy Sad Confused, donde Matt Damon habló del rodaje con una nostalgia que suena a despedida de una era del cine hecho a mano.
Hay películas que la primera vez que las ves te descolocan. Te sacan de la zona de confort, te niegan la comodidad de la narrativa lineal y te obligan a trabajar. Tenet fue exactamente eso para mucha gente cuando llegó en 2020.
Y quizás por eso, en lugar de celebrarla, la dejamos atrapada en el debate de si era demasiado complicada, demasiado fría, demasiado Nolan.
Pero hay algo que siempre me ha fascinado de las obras que generan ese rechazo inicial: suelen ser las que mejor envejecen. Las que, con distancia, empiezas a mirar de otra forma. Y parece que no soy el único que lo piensa.
Tenet no es difícil. Es exigente. Hay diferencia.
Himesh Patel, que en Tenet dio vida al personaje secundario de Mahir y a quien pronto veremos en The Odyssey interpretando a Euríloco, ha vuelto a poner la película sobre la mesa en una entrevista en el podcast Happy Sad Confused.
Sus palabras fueron directas: «Me atrevo a decir que creo que Tenet es una de sus películas más infravaloradas.»
Y tiene razón. No porque Tenet sea perfecta, sino porque lo que propone va mucho más allá de lo que solemos pedirle a un blockbuster. La inversión temporal no es un simple gimmick visual. Es una manera de preguntarte qué significan causa y efecto. Qué significa actuar sabiendo ya el resultado.
Me recordó a lo que me pasó con Arrival, cuando pausé la película para apuntar frases y me quedé días dándole vueltas a la idea de que percibir el tiempo de otra forma cambia la manera en que amamos, decidimos y perdemos. Tenet juega en ese mismo terreno, solo que envuelto en una película de espías. Es casi un ejercicio filosófico disfrazado de espectáculo.
Patel lo resume bien cuando habla de Nolan: «Lo que obtengo con Chris es que no para con la ambición. Quiere seguir empujando, seguir avanzando. ¿Qué es lo siguiente? ¿Qué más podemos hacer para elevar la experiencia cinematográfica y dejar una marca en la historia del cine?»
Eso es precisamente lo que hace que Nolan sea incómodo para unos y fascinante para otros.
Los efectos prácticos como declaración de intenciones
Una de las cosas que más destaca Patel de Tenet son sus efectos prácticos, especialmente en las secuencias de inversión. Y aquí merece la pena detenerse a pensar.
En una época en la que el CGI lo puede hacer absolutamente todo, hay directores que siguen eligiendo construir las cosas de verdad. No por nostalgia ni por capricho, sino porque el impacto de algo real en pantalla es cualitativamente distinto.
Cuando ves un avión estrellarse en Tenet, estás viendo un avión estrellarse. No píxeles que simulan un avión. Y eso el cerebro lo procesa de otra manera.
Patel lo señala con precisión: los efectos prácticos y la narrativa visual de Tenet crean un tipo de experiencia que el CGI convencional no puede replicar. Es la diferencia entre ver algo y sentir que estás dentro de algo.
Y ahí hay una pregunta que me interesa más que la técnica: ¿qué dice de nosotros que cada vez nos cueste más distinguir lo real de lo generado? Vivimos rodeados de imágenes fabricadas, de realidades sintéticas, de contenido que nos llega ya masticado. Que un director insista en lo tangible empieza a parecer casi una postura ética.
Matt Damon y la nostalgia de un cine que se va
En este contexto llega The Odyssey, el próximo proyecto de Nolan basado en el poema épico de Homero, con un reparto que incluye a Matt Damon. Y sus palabras dicen mucho sobre el momento que estamos viviendo.
«Tuve una sensación nostálgica durante todo el rodaje, porque parecía el cine de cuando empecé a trabajar. Y sé que eso está desapareciendo. Sabía que era la última oportunidad que iba a tener de hacer algo así.»
Hay algo casi elegíaco en esa declaración. Damon no habla solo de una película. Habla del final de una forma de hacer cine. Del tipo de producción que exige construir mundos físicos, que confía en lo tangible.
The Odyssey llega el 17 de julio. Y las primeras reacciones apuntan a que podría situarse entre los mayores logros de Nolan, lo cual, viendo su filmografía de Memento a Oppenheimer, no es poca cosa.
Vivimos un momento extraño para el cine. Por un lado, la tecnología permite hacer cualquier cosa. Por el otro, esa posibilidad infinita a veces vacía las imágenes de peso.
Nolan sigue siendo uno de los pocos que usa el espectáculo como vehículo para preguntas grandes, y eso es lo que hace que sus películas resuenen cuando el ruido inicial se apaga.
Tenet no fue incomprendida por ser mala. Fue incomprendida porque pedía algo que llevamos años entrenándonos para evitar: esfuerzo, paciencia, atención sostenida. Y quizás lo más revelador no sea la película, sino nuestra reacción ante ella. Nuestra impaciencia colectiva frente a una obra que se niega a explicárnoslo todo dice bastante sobre en qué nos estamos convirtiendo.
The Odyssey parece que seguirá por ese mismo camino. Y yo ya tengo el calendario marcado.

