-
Simu Liu y Channing Tatum rodaron su pelea en Avengers: Doomsday casi sin dobles ni CGI, apostando por coreografía práctica de verdad.
-
Los hermanos Russo entendieron que Shang-Chi y Gambit son personajes de combate físico y terrenal, ideales para este tipo de acción auténtica.
-
En mi opinión, esto es justo lo que el MCU llevaba años necesitando: menos pantalla verde y más sudor real. Si la escena funciona la mitad de bien que suena, puede ser una de las mejores peleas de toda la saga.
Hay noticias que te hacen soltar el móvil y decir «por fin» en voz alta. Y no exagero. Llevamos años escuchando críticas —completamente justificadas, por cierto— sobre el exceso de CGI en las películas de Marvel. Batallas que parecen videojuegos, momentos donde la emoción se diluye porque todo se ve tan artificial que el cerebro desconecta. Pues bien, parece que alguien dentro del estudio ha estado escuchando.
Porque lo que Simu Liu acaba de contar sobre la pelea entre Shang-Chi y Gambit en Avengers: Doomsday no solo suena prometedor: suena a que esta escena tiene madera de convertirse en un momento de esos que se recuerdan durante años. Y eso, en el MCU actual, no es poca cosa.
En una entrevista reciente con Brandon Davis, Simu Liu se sinceró sobre cómo fue rodar la secuencia de acción entre su personaje, Shang-Chi, y Gambit, interpretado por Channing Tatum. Y la clave de todo está en una decisión que parece sencilla pero que en el contexto actual del cine de superhéroes tiene mucho peso: hacerlo de verdad.
Liu explicó que cuando leyó las páginas del guión correspondientes a esa pelea, su reacción fue inmediata. «Oh, hell yeah. Van a dejarnos hacer lo nuestro», dijo. Y eso es exactamente lo que pasó.
Tanto él como Tatum se presentaron a los ensayos y al rodaje con la intención clara de ser ellos quienes ejecutasen la coreografía. Sin dobles de acción tomando el protagonismo, sin cortes rápidos para disimular lo que no se puede hacer, sin efectos digitales tapando las carencias. Solo dos actores dándolo todo frente a la cámara.
El resultado fue hermoso… y también bastante doloroso.
Liu terminó el rodaje con los codos y el cuerpo lleno de cardenales. Y no es de extrañar: el bastón de Gambit era un atrezzo real, y los golpes que recibió durante el rodaje también lo fueron. Los anillos de Shang-Chi, en cambio, no eran funcionales —algo lógico desde el punto de vista de la seguridad—, pero eso no quitó intensidad física a la escena.
«Le dimos vacaciones al doble», bromeó Liu. Y aunque suena a anécdota divertida, detrás hay una filosofía que merece aplaudirse.
Esto no es casualidad. Los hermanos Russo, que dirigieron esta secuencia, entendieron algo fundamental: ni Shang-Chi ni Gambit son personajes que dependan de poderes descomunales o efectos espectaculares para brillar. Shang-Chi es un maestro de las artes marciales. Gambit es un tipo que lanza cartas cargadas de energía cinética y maneja un bastón con una elegancia que los fans de los cómics llevamos décadas esperando ver bien representada en pantalla.

Y aquí me voy a poner un poco personal, porque Gambit es uno de esos personajes que descubrí en las viñetas mucho antes de imaginar que llegaría al cine. Remy LeBeau, un ladrón cajún con acento imposible, pasado turbio entre los Merodeadores y una tensión romántica eterna con Pícara que daba para culebrón. Su poder no es lanzar rayos ni volar: convierte objetos en bombas cargándolos con energía cinética, casi siempre esas cartas que se volvieron su firma. Es un personaje que funciona precisamente porque es terrenal, tramposo y muy físico.
Por eso duele recordar la película en solitario que Channing Tatum llevaba años intentando sacar adelante en la época de la Fox, y que acabó cancelada. Verlo por fin encarnando al personaje, y encima repartiendo bastonazos de verdad, tiene algo de justicia poética.
Ponerlos juntos y apostar por la coreografía práctica no es solo una decisión artística inteligente: es respetar la identidad de ambos personajes.
Y aquí es donde quiero meter una reflexión que creo que compartimos muchos fans del MCU. Hemos tolerado demasiado tiempo peleas finales que parecen renderizadas a medias, villanos que se sienten de plástico y momentos climáticos que no generan tensión porque todo se ve irreal. Lo de Black Panther: Wakanda Forever o algunas secuencias de Ant-Man and the Wasp: Quantumania son ejemplos recientes de lo que pasa cuando el CGI sustituye a la emoción en lugar de potenciarla.
Por eso cuando Liu dice «el género se merece muchas de las críticas que recibe por el artificio», no solo está siendo honesto: está diciendo en voz alta lo que muchos de nosotros llevamos pensando un tiempo. Y encima está haciendo algo al respecto.
Hay que recordar también que las peleas más memorables de toda la historia del MCU tienen algo en común: se sienten físicas. La pelea de escaleras de Shang-Chi en el primer film sigue siendo un hito. El Cap contra el Cap en Endgame. La batalla del Hulkbuster. Todas tienen algo táctil, algo que te hace tensar los hombros mientras las ves.
Si la pelea de Shang-Chi contra Gambit en Avengers: Doomsday está construida con esa misma mentalidad, tenemos muchas razones para ilusionarnos.
Avengers: Doomsday llega a los cines el 18 de diciembre de 2026, y esta es solo una de las muchas razones por las que el hype empieza a justificarse de verdad.
Hace tiempo que no sentía esta mezcla de escepticismo controlado y emoción genuina por una entrega de Marvel. Desde que vi Iron Man en el cine he seguido este universo con devoción, y precisamente por eso me he ganado el derecho a exigirle más. Pero cuando escucho que un actor vuelve a casa lleno de moratones porque se negó a que la magia la hiciera un ordenador, algo dentro de mí recuerda por qué empecé a querer este universo en primer lugar.
Que sigan así. Por favor, que sigan así.

