Scarlett Johansson, Chris Pratt y Jurassic 5: ¿reinicio digno o desastre anunciado?

Chris Pratt condiciona su regreso a Jurassic World 5 a un guion coherente mientras Scarlett Johansson suena como nueva protagonista. ¿Puede esta saga reinventarse de verdad?

✍🏻 Por Tomas Velarde

enero 23, 2026

• Chris Pratt ha declarado que solo volvería a Jurassic World 5 si el guion respeta la coherencia narrativa de la franquicia.

• Scarlett Johansson suena como posible protagonista de esta nueva era jurásica, aunque Universal no ha confirmado nada oficialmente.

• Que un actor anteponga la calidad del guion al cheque millonario merece, cuando menos, ser tomado en serio.


Hay algo revelador en que un actor de franquicia, en pleno 2026, se atreva a anteponer la calidad narrativa al cheque millonario. Chris Pratt ha declarado que su posible regreso como Owen Grady dependería de una condición innegociable: que el guion honre lo construido anteriormente.

En una industria donde las secuelas se fabrican como productos de consumo rápido, esta postura merece análisis.

La franquicia Jurassic lleva años navegando entre la nostalgia calculada y el espectáculo vacío. Desde que Spielberg nos regalara aquella obra maestra de 1993 —prodigio de tensión narrativa, efectos prácticos y reflexión ética sobre la hybris científica—, cada nueva entrega ha sido un ejercicio de rendimientos decrecientes.

Con Scarlett Johansson rumoreada como nueva cara de la saga y Pratt condicionando su retorno a la coherencia argumental, cabe preguntarse: ¿estamos ante un genuino intento de renovación o ante otra vuelta de tuerca comercial?


En declaraciones al podcast Happy Sad Confused, Pratt fue meridianamente claro: por mucho que aprecie a su personaje y al equipo creativo, no regresaría si la historia no hace justicia a la franquicia.

Es una postura que, viniendo de alguien que ha protagonizado tres películas de dinosaurios y varias del universo Marvel, adquiere cierto peso. No estamos ante un actor desesperado por trabajo, sino ante alguien que puede permitirse la selectividad.

Jurassic World: Dominion, estrenada como supuesta culminación de ambas trilogías, dejó un sabor agridulce. La película intentó ser demasiadas cosas a la vez: homenaje nostálgico, aventura trepidante, reflexión ecológica y reunión de antiguos compañeros.

El resultado fue un Frankenstein cinematográfico donde todas las piezas estaban presentes, pero el alma brillaba por su ausencia.

Universal ha expresado su intención de mantener viva la franquicia, evolucionándola más allá de las fórmulas repetitivas. Palabras bonitas que hemos escuchado antes. La cuestión no es prometer evolución, sino ejecutarla con rigor y respeto al material original.

La incorporación rumoreada de Scarlett Johansson tiene sentido desde una perspectiva comercial. Es una actriz con carisma y taquilla probada. Pero el cine no es solo aritmética de estrellas.

Hitchcock lo sabía: podías tener a Cary Grant y Grace Kelly, pero sin un guion sólido y una dirección precisa, todo se desmoronaba. La pregunta no es si Johansson tiene presencia —su trabajo en Lost in Translation o bajo la dirección de Woody Allen lo demuestra—, sino si le darán un personaje con sustancia o simplemente otra heroína genérica huyendo de dinosaurios.

La idea de que Pratt regrese en un papel secundario tampoco carece de mérito. Owen Grady nunca fue un personaje particularmente complejo, pero funcionaba dentro de su contexto.

Verlo en una capacidad reducida, quizá como mentor o figura de enlace entre generaciones, podría aportar continuidad sin saturar la narrativa. Siempre que el guion justifique su presencia y no lo convierta en mero gancho nostálgico.

Lo que Pratt defiende es algo que debería ser obvio pero que la industria olvida constantemente: la coherencia narrativa. Cada película de una saga debería ser un eslabón que fortalece la cadena, no un parche comercial que la debilita.

Pienso en cómo Kurosawa construía sus historias, con cada escena justificando la siguiente. O en cómo Wilder sabía que el humor solo funciona cuando nace de personajes creíbles en situaciones verosímiles, por absurdas que parezcan.

Un emparejamiento entre Pratt y Johansson sería un éxito de taquilla casi garantizado. Ambos arrastran legiones de seguidores y sus nombres generan expectación inmediata.

Pero el cine, el verdadero cine, no se mide solo en recaudación del fin de semana de estreno. Se mide en si dentro de veinte años alguien querrá revisitar esa película, si las escenas permanecen en la memoria, si los personajes trascienden la pantalla.


Mientras Universal no confirme oficialmente ni reparto ni argumento, todo permanece en el terreno de la especulación. Pero las declaraciones de Pratt establecen un precedente interesante: la posibilidad de que los propios actores exijan calidad narrativa como condición para participar.

Sería refrescante que esta tendencia se extendiera, que las estrellas usaran su poder de negociación no solo para aumentar sus salarios, sino para elevar el nivel de las historias que cuentan.

Las franquicias mueren no cuando dejan de ser rentables, sino cuando traicionan aquello que las hizo especiales. Alien lo aprendió tras Cameron, Terminator también. Jurassic Park funcionó porque Spielberg entendió que los dinosaurios eran el espectáculo, pero los humanos eran el corazón.

Si Jurassic World 5 quiere ser algo más que otro producto desechable del entretenimiento industrial, deberá recordar esa lección fundamental. Y si Chris Pratt puede ayudar a que eso ocurra simplemente exigiendo un buen guion, entonces su condición no solo es razonable: es imprescindible.

La historia del cine está plagada de franquicias que prometieron renovación y entregaron mediocridad. Universal tiene ahora la oportunidad de demostrar que ha aprendido la lección. O de confirmar, una vez más, que la industria prefiere la rentabilidad inmediata a la trascendencia artística.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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