• Peter Jackson quiere adaptar El Silmarillion y Cuentos Inconclusos, expandiendo la Tierra Media más allá de los apéndices que han alimentado las películas hasta ahora.
• Creo que esto plantea una pregunta fundamental: ¿cuándo la expansión de un universo deja de ser visión y se convierte en simple nostalgia corporativa?
• La muerte de Christopher Tolkien en 2020 ha abierto puertas que estuvieron cerradas durante décadas, cambiando radicalmente lo que es posible adaptar del legendarium.
Hay algo fascinante en la idea de volver a un universo que creíamos completo. Como si alguien te dijera que existe una habitación secreta en la casa donde creciste, llena de historias que nunca escuchaste.
Eso es lo que Peter Jackson está proponiendo con la Tierra Media: no más películas, sino más profundidad. No se trata de estirar lo que ya conocemos hasta que se rompa, sino de excavar en los cimientos mismos de ese mundo, en los mitos que lo sostienen.
Me recuerda a cuando George Lucas empezó a expandir Star Wars más allá de la trilogía original. Había un universo entero esperando, pero también un riesgo: ¿cuándo una franquicia deja de expandirse y empieza simplemente a repetirse?
Jackson no está hablando de secuelas. Está hablando de El Silmarillion, de Cuentos Inconclusos. De textos que muchos fans consideran inadaptables. De mitología pura, sin la estructura narrativa clara de El Señor de los Anillos.
Más allá de los apéndices
Jackson lo dijo con claridad en una entrevista reciente: «los apéndices se van a agotar». Y tiene razón.
Las dos películas que están en desarrollo ahora mismo —La Caza de Gollum, prevista para el 17 de diciembre de 2027, y La Sombra del Pasado— siguen extrayendo material de esos textos complementarios que Tolkien añadió al final de sus novelas. Notas al margen convertidas en largometrajes.
Pero Jackson quiere algo más sustancioso. Quiere «alejarse de los apéndices y conseguir algo con más chicha», según sus propias palabras.
Y cuando menciona El Silmarillion y Cuentos Inconclusos, no está hablando de historias secundarias. Está hablando de la cosmogonía completa de la Tierra Media. De la creación del mundo. De guerras entre dioses. De reinos que cayeron milenios antes de que Frodo naciera.
Es el tipo de material que me hace pensar en Dune. En cómo Denis Villeneuve tomó algo que muchos consideraban inadaptable y encontró una forma de traducirlo al lenguaje cinematográfico. Necesitó visión, paciencia y respeto por la complejidad del material original.
La puerta que se abrió en 2020
Durante décadas, estas adaptaciones fueron imposibles. Christopher Tolkien, hijo del autor y guardián férreo de su legado, se opuso sistemáticamente a las películas. Para él, el cine traicionaba la esencia literaria de la obra de su padre.
Pero Christopher falleció en 2020. Y con su muerte, algo cambió.
La nueva generación que ahora gestiona los derechos se muestra, según Jackson, «mucho más abierta» a expandir el lado cinematográfico de la Tierra Media. Ya hay conversaciones en marcha sobre la licencia de «algunos de los otros libros».
Me pregunto qué habría pensado el propio J.R.R. Tolkien de todo esto. Un hombre que escribía a mano, que construyó idiomas completos por puro placer intelectual, que veía sus historias como mitología, no como entretenimiento.
Es la misma tensión que vemos en Star Trek entre la visión original de Roddenberry y lo que se ha convertido la franquicia. ¿Dónde termina el respeto al legado y dónde empieza la necesidad de evolucionar?
El riesgo de la ambición
Aquí está el dilema. La trilogía original de El Señor de los Anillos fue un milagro. Tres películas que funcionaron como arte y como taquilla, que respetaron el material original sin ser esclavas de él.
El Hobbit, en cambio, fue otra historia. Tres películas donde bastaba una, una sensación general de que estábamos viendo a un estudio exprimiendo hasta la última gota de un limón ya seco.
¿Dónde caerán estas nuevas películas?
Warner Bros. sabe que las franquicias de fantasía siguen siendo lucrativas. Amazon está desarrollando Los Anillos de Poder con presupuestos que harían palidecer a pequeñas naciones. Hay apetito por la Tierra Media, eso es innegable.
Pero también hay fatiga. Una sensación creciente de que no todo universo necesita expandirse infinitamente.
Y aquí está lo que realmente me interesa: ¿qué dice esto sobre nosotros? ¿Por qué seguimos volviendo a estos mundos en lugar de crear nuevos? Vivimos en una era de nostalgia perpetua, donde las franquicias se expanden no porque tengan algo nuevo que decir, sino porque son inversiones seguras.
La mitología como cine
Si Jackson consigue adaptar El Silmarillion, estaríamos ante uno de los proyectos de fantasía más ambiciosos que Hollywood haya intentado jamás.
No es una historia con un protagonista claro y un anillo que destruir. Es mitología pura: múltiples líneas temporales, personajes que viven miles de años, conceptos abstractos sobre la creación y la corrupción.
Recuerdo cuando vi Blade Runner 2049 por primera vez. Villeneuve había tomado un clásico intocable y había encontrado algo nuevo que decir sobre él. No repitió, expandió. Profundizó en las preguntas que la original había planteado.
Eso es lo que necesitaría El Silmarillion. No una adaptación literal, sino alguien que entienda que la mitología funciona de manera diferente en la pantalla que en la página.
Jackson tiene la experiencia. Tiene la relación con el estudio. Y ahora, por primera vez, tiene acceso al material.
Pero la pregunta no es si puede. La pregunta es si debe.
Hay una parte de mí que quiere ver a Morgoth en pantalla. Que quiere presenciar la caída de Gondolin, la forja de los Silmarils, las guerras que dieron forma a la Tierra Media antes de que existiera la Comarca.
Pero hay otra parte que recuerda que no todas las historias necesitan ser contadas en todos los formatos. Que algunos libros existen precisamente porque no pueden ser películas.
Pienso en Arrival y en cómo funcionaba porque entendía que la ciencia ficción no es solo espectáculo, sino ideas. Pienso en Her y en cómo exploraba la tecnología a través de las emociones humanas.
Si Jackson va a hacer esto, necesita ese mismo enfoque. No más Tierra Media por el simple hecho de tener más Tierra Media. Sino porque hay algo genuino que explorar, algo que nos diga algo sobre nosotros mismos.
Supongo que, como con toda gran historia, tendremos que esperar para ver cómo termina esta. Mientras tanto, la Tierra Media sigue expandiéndose, y nosotros seguimos volviendo a ella, incapaces de resistir la llamada de un mundo que nunca termina de revelarse por completo.

