Olvida Jurassic Park: Primitive War Es Pura Guerra y Horror

Una peli australiana de dinosaurios en la Guerra de Vietnam usa menos de 10M para mostrar caos, violencia sin filtros y cómo se derrumba nuestra ilusión de control.

✍🏻 Por Alex Reyna

enero 25, 2026

Primitive War confirma que el cine de dinosaurios puede ser adulto y conceptualmente arriesgado, con una secuela anunciada para 2027 que promete profundizar en el caos.

• La película funciona como metáfora sobre nuestra incapacidad para controlar fuerzas que no comprendemos: cuando la naturaleza se vuelve enemiga, todos nuestros sistemas colapsan.

• Con presupuesto reducido, esta producción australiana logra lo que Hollywood evita: mostrar las consecuencias reales del caos sin filtros, recordándonos que el verdadero terror no está en los monstruos, sino en nuestra fragilidad.


Hay algo fascinante en cómo el cine de dinosaurios siempre vuelve a la misma pregunta: ¿qué ocurre cuando perdemos el control? Desde Jurassic Park, hemos visto versiones más o menos domesticadas de esa idea, pero pocas veces se ha explorado con la crudeza que merece. Primitive War, una película australiana de ciencia ficción y terror que pasó casi desapercibida en 2025, decidió responder esa pregunta sin anestesia. Y ahora, con la confirmación de una secuela para 2027, parece que vamos a adentrarnos aún más en ese territorio incómodo donde la supervivencia no viene con garantías.

Lo interesante no es sólo que exista una película de dinosaurios ambientada en la Guerra de Vietnam —aunque eso ya es suficientemente provocador—, sino que se atreva a tratarlos como lo que realmente serían: depredadores implacables en un contexto donde los humanos ya están destruyéndose entre sí. Es cine de género, sí, pero también es una reflexión sobre lo que sucede cuando introducimos variables que no podemos controlar en sistemas ya de por sí caóticos.

Una propuesta sin concesiones

Primitive War nació con un presupuesto inferior a 10 millones de dólares. Pero lo que le faltó en recursos lo compensó con una visión clara: no hacer concesiones.

La premisa es tan simple como efectiva: un experimento ruso sale mal y abre un agujero de gusano que trae dinosaurios a las selvas de Vietnam en plena guerra. Soldados estadounidenses que ya luchaban contra un enemigo invisible ahora deben enfrentarse a criaturas prehistóricas sin ningún tipo de preparación.

Lo que distingue a Primitive War de la franquicia Jurassic Park no es sólo el contexto bélico, sino su disposición a mostrar la violencia sin filtros. Aquí no hay cortes estratégicos ni muertes fuera de cámara. Las escenas de ataques son brutales, explícitas, y ningún personaje tiene garantizada la supervivencia. Es un enfoque que recuerda a lo mejor del cine de terror de los setenta y ochenta, cuando el género no tenía miedo de incomodar.

Pero también plantea preguntas interesantes: ¿qué dice de nosotros que necesitemos ver la violencia sin filtros para sentir que algo está en juego? ¿Es sólo espectáculo o hay algo más profundo en esa necesidad de confrontar el caos sin mediación?

Escalada y colapso de sistemas

Luke Sparke, el director, ha confirmado que Primitive War 2 está en fases avanzadas de desarrollo con fecha prevista para 2027. Su descripción del proyecto es reveladora: «La primera película trataba sobre el descubrimiento. Esta trata sobre la escalada: qué ocurre cuando se pierde el control, cuando la naturaleza se adapta más rápido que la doctrina militar y cuando la guerra misma se vuelve secundaria frente a lo que se ha desatado».

Es una declaración que va más allá del simple «habrá más dinosaurios». Habla de un cambio de paradigma, de cómo los sistemas humanos —militares, políticos, estratégicos— colapsan cuando se enfrentan a algo que no pueden categorizar ni dominar.

Me recuerda a algo que siempre me ha fascinado de la buena ciencia ficción: su capacidad para usar lo fantástico como espejo de nuestras ansiedades más profundas. En Primitive War, los dinosaurios no son sólo criaturas prehistóricas. Son la representación de todas esas fuerzas que creemos controlar hasta que descubrimos que nunca lo hicimos: el cambio climático, la tecnología que se nos escapa de las manos, los sistemas que diseñamos y que terminan diseñándonos a nosotros.

La secuela seguirá a un nuevo pelotón de soldados en el valle cada vez más inestable donde se originaron los dinosaurios. Sparke promete mantener el enfoque realista mientras intensifica los elementos de terror y oscuridad. Es una apuesta arriesgada en una industria que tiende a diluir lo que funciona en nichos para hacerlo más comercial.

Qué revela el caos

Hay algo refrescante en una película que sabe exactamente qué quiere ser y no se disculpa por ello. Primitive War no intenta competir con Jurassic Park en espectáculo familiar ni en presupuesto. En cambio, ocupa un espacio que Hollywood ha abandonado: el terror adulto, sin concesiones, que usa criaturas fantásticas para explorar nuestros miedos más primarios sobre el control y el caos.

Cuando vi la película por primera vez, me quedé pensando en cómo dialoga con nuestro momento histórico. Vivimos en una época donde cada vez más sistemas parecen estar al borde del colapso: climático, político, tecnológico. Y sin embargo, seguimos actuando como si tuviésemos el control, como si pudiésemos gestionar cualquier crisis con la estrategia adecuada.

Primitive War nos dice algo incómodo: quizá nunca tuvimos tanto control como creíamos. Y cuando llega algo que no podemos categorizar, todos nuestros manuales de protocolo se vuelven irrelevantes.

La confirmación de la secuela no es sólo buena noticia para los fans del terror, sino para cualquiera que crea que el cine de género puede ser inteligente, brutal y conceptualmente ambicioso al mismo tiempo. Porque al final, las mejores películas de monstruos nunca han sido realmente sobre los monstruos, sino sobre qué revelan de nosotros cuando todo lo demás se desmorona.

Y si Primitive War 2 cumple su promesa de llevar esa idea aún más lejos, 2027 no puede llegar lo suficientemente pronto.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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