• Los creadores de Stranger Things justifican la ausencia de Demogorgons en la batalla final con argumentos tácticos, pero sus razones revelan más sobre el miedo a arriesgar que sobre coherencia narrativa.
• Una serie construida sobre la valentía de mirar al monstruo a los ojos terminó apartando la mirada justo cuando más importaba, eligiendo la comodidad visual sobre la integridad conceptual.
• Descartaron una secuencia inspirada en Aliens con un campo de huevos de Demogorgon que habría transformado la batalla en algo memorable y aterrador.
Hay algo revelador en lo que una historia decide omitir.
No hablo de lo visible, sino de las ausencias que resuenan más fuerte que cualquier explosión digital. Stranger Things construyó durante años un universo donde cada pieza encajaba: el Upside Down, el Mind Flayer, Vecna, los Demogorgons. Estas criaturas no eran decorado; eran el símbolo tangible de una amenaza que evolucionaba, que aprendía.
Y entonces llegó el final. La batalla definitiva. Y no estaban.

Matt y Ross Duffer han explicado por qué en The Wrap. Sus argumentos tienen cierta lógica superficial, pero hay algo que no cuadra. Algo que huele a decisión tomada en la sala de montaje, no en la de guion.
Me recuerda a cuando pausé Arrival para anotar esa línea sobre cómo el lenguaje moldea nuestra percepción del tiempo. No era solo una idea bonita; era el núcleo de toda la película. Los Demogorgons tampoco eran decorado en Stranger Things. Eran parte del tejido conceptual del show.
Las excusas oficiales
Según Matt Duffer, Vecna no vio venir el asalto. Los héroes llegaron sin previo aviso y él no tuvo tiempo de convocar a su ejército. Además, con el Mind Flayer presente, ¿para qué necesitaría a su «pequeño ejército de hormigas»?
Pensemos en lo que sabemos de Vecna. Un villano que ha orquestado planes durante décadas, que ha manipulado realidades, que ha convertido el Upside Down en extensión de su voluntad. ¿Lo pillaron con la guardia baja?
Es como si en Dune nos dijeran que los Fremen olvidaron sus destiltrajes porque hacía buen día.
También argumentan que el Abismo es un planeta desolado, no un nido rebosante de criaturas. Vimos a Henry vagando ocasionalmente, divisando algún Demogorgon a lo lejos, pero nunca en grupos organizados.
Vale. Pero entonces, ¿qué hemos estado viendo durante cuatro temporadas? Porque los Demogorgons eran convocados, controlados, desplegados estratégicamente. Eran soldados. Ahora resulta que son fauna local ocasional.
Es un retcon que no se sostiene.
Y luego está la verdadera razón: «demo fatigue». Fatiga de demos. Sienten que ya exploraron todo lo posible con estas criaturas en el episodio «Sorcerer» y querían mantener el foco en Vecna y el Mind Flayer.
Esto es honesto, al menos. Pero también es exactamente el tipo de decisión que convierte una narrativa ambiciosa en algo seguro, manejable. Los Demogorgons no eran relleno; eran el núcleo. Decir que estás cansado de ellos es como decir que Her podría haber funcionado sin Samantha porque ya habíamos visto suficiente de la IA.
Lo que perdimos
Lo más fascinante es lo que casi fue.
Los Duffer revelaron que discutieron una secuencia inspirada en Aliens: un campo gigante de huevos de Demogorgon en el Abismo. Nuestros héroes adentrándose en el origen mismo de la amenaza, enfrentándose no solo a monstruos adultos sino al ciclo reproductivo completo.
Esa escena habría elevado todo a otro nivel. No solo visual, sino conceptual.
Habría conectado con algo primario: el miedo a la proliferación incontrolable, a la invasión que no se puede detener porque siempre habrá más. Pero esa secuencia quedó en una versión de tres horas que nunca se escribió.
Eligieron la versión más corta. Más limpia. Más segura.
El precio de jugar seguro
No se trata solo de si había o no Demogorgons en pantalla.
Se trata de lo que su ausencia dice sobre cómo terminamos las historias que amamos. Stranger Things siempre fue una serie sobre enfrentar lo desconocido, sobre niños que se convertían en héroes precisamente porque no tenían miedo de mirar al monstruo a los ojos.
Eliminarlos de la batalla final no es solo una decisión creativa; es una declaración sobre qué tipo de riesgos estamos dispuestos a asumir cuando las apuestas son más altas.
Y la respuesta, aparentemente, es: menos de los que pensábamos.
Los Duffer eligieron una batalla visualmente impresionante, emocionalmente cargada, centrada en los villanos principales. Pero al hacerlo, sacrificaron la coherencia interna, la sensación de que todo lo construido durante años importaba hasta el último segundo.
Quizá sea injusto pedirle a una serie que lo dé todo hasta el final. Quizá la fatiga de demos sea real y yo simplemente no quiero aceptar que algunas historias necesitan simplificarse para poder cerrarse.
Pero me quedo pensando en esa versión de tres horas que nunca existió. En ese campo de huevos que nunca vimos. En los Demogorgons que nunca llegaron.
Y me pregunto si, al final, no nos quedamos con la versión segura de un show que siempre prometió ser cualquier cosa menos eso.

