• Kathleen Kennedy deja la presidencia de Lucasfilm tras más de una década, siendo sustituida por Dave Filoni como Presidente y Director Creativo, junto a Lynwen Brennan como Co-Presidenta.
• Desde mi punto de vista como analista de taquilla, el mayor error no fueron los fracasos puntuales, sino dejar pasar seis años sin explotar la franquicia más valiosa de Disney en cines: eso no es estrategia, es despilfarro.
• Este cambio marca un punto de inflexión para Star Wars, que necesita urgentemente recuperar el rumbo tras años de proyectos cancelados y decepciones comerciales.
Pocas noticias en Hollywood generan tanto debate como los cambios en la cúpula de Lucasfilm. Estamos hablando de la empresa que gestiona una de las franquicas más rentables de la historia del cine.
Cuando los números bailan al ritmo de miles de millones de dólares, cada decisión ejecutiva se convierte en noticia de portada. Y esta semana hemos conocido una de las más importantes de los últimos años: Kathleen Kennedy abandona la presidencia de Lucasfilm.
Para los que llevamos años siguiendo la taquilla como quien sigue una serie de suspense, este movimiento era casi inevitable. Los datos no mienten, y la trayectoria reciente de Star Wars en cines ha sido, siendo generosos, irregular.
Pero antes de sacar conclusiones precipitadas, merece la pena analizar qué ha pasado realmente durante estos años, qué significan estas cifras y, sobre todo, qué podemos esperar del futuro de la galaxia muy, muy lejana.
El fin de una era (con muchos altibajos en taquilla)
Kathleen Kennedy llega a este cambio con un currículum impresionante: productora de E.T., Jurassic Park y El sexto sentido, entre otras. Sabe lo que es un éxito de taquilla porque ha estado detrás de algunos de los más grandes de la historia.
Kennedy llegó a Lucasfilm justo antes de que Disney comprara la compañía a George Lucas, y desde entonces ha sido la máxima responsable de la estrategia de Star Wars.
Ahora da un paso atrás para volver a la producción a tiempo completo, aunque seguirá vinculada a proyectos como The Mandalorian and Grogu y Star Wars: Starfighter.
Su relevo viene en forma de tándem: Dave Filoni, veterano de la televisión de Star Wars y cerebro creativo detrás de algunas de las series más queridas por los fans, asume como Presidente y Director Creativo. A su lado, Lynwen Brennan ocupará el puesto de Co-Presidenta.
Los números que cuentan la historia
Vamos a lo que realmente importa: ¿cómo le ha ido a Star Wars en taquilla bajo el mando de Kennedy? La respuesta es complicada, porque hay de todo.
Los primeros años fueron espectaculares. Star Wars: El despertar de la Fuerza (2015) fue un auténtico bombazo que recaudó más de 2.000 millones de dólares en todo el mundo.
La nostalgia funcionó, el marketing fue impecable y el público respondió en masa. Luego llegó Rogue One (2016), que también funcionó muy bien, y Los últimos Jedi (2017), que aunque dividió a los fans, siguió siendo un éxito comercial considerable.
Pero entonces empezaron los problemas. Solo: Una historia de Star Wars (2018) fue el primer tropiezo serio: una película que costó más de 250 millones de dólares (sin contar marketing) y que apenas superó los 390 millones en taquilla mundial.
Para una franquicia acostumbrada a facturar miles de millones, eso es un fracaso en toda regla.
Y luego llegó El ascenso de Skywalker (2019), que aunque recaudó más de mil millones, dejó un sabor agridulce tanto entre fans como en términos de rentabilidad comparada con entregas anteriores.
El golpe más reciente fue Indiana Jones y el dial del destino (2023). Con un presupuesto estratosférico de más de 300 millones de dólares, no logró ni siquiera alcanzar los 400 millones en taquilla global.
Un desastre financiero que dejó claro que no todo lo que toca Lucasfilm se convierte en oro.
El problema de los proyectos fantasma
Si hay algo que ha caracterizado los últimos años de Kennedy al frente de Lucasfilm, ha sido la cantidad de proyectos anunciados que nunca llegaron a materializarse.
Películas prometidas por directores de renombre como Patty Jenkins o incluso Kevin Feige (el cerebro del MCU) que se quedaron en nada. Hubo un proyecto rechazado de Steven Soderbergh y Adam Driver titulado The Hunt For Ben Solo que nunca vio la luz.
Lo más preocupante desde el punto de vista de negocio es el parón cinematográfico: seis años entre El ascenso de Skywalker (2019) y la próxima película de Star Wars en cines, The Mandalorian & Grogu, prevista para el 22 de mayo de este año.
Seis años sin explotar en salas la franquicia más valiosa de tu catálogo es, sencillamente, dejar dinero sobre la mesa. Y mucho. Para ponerlo en perspectiva, en ese tiempo Marvel ha estrenado… bueno, mejor no contarlos que nos deprimimos.
El éxito inesperado de Disney+
Ahora bien, no todo han sido malas noticias. Si algo ha funcionado de maravilla bajo la gestión de Kennedy ha sido The Mandalorian.
La serie de Disney+ se convirtió en un fenómeno cultural, rescató el cariño de muchos fans desencantados y demostró que Star Wars todavía tenía mucho que ofrecer cuando se hacía bien.
Baby Yoda (o Grogu, para los puristas) se convirtió en un icono pop instantáneo y en una máquina de vender merchandising. Grogu vendió más peluches él solito que algunas películas enteras en taquilla. Eso sí que es rentabilidad.
El problema es que el éxito en streaming no se traduce directamente en taquilla. Disney+ ha sido una plataforma estupenda para experimentar con Star Wars, pero las películas son las que generan los grandes números, las que marcan hitos culturales y las que definen el valor de una franquicia a largo plazo.
¿Qué significa el cambio?
La llegada de Dave Filoni a la presidencia creativa es, sobre el papel, una apuesta segura. Filoni conoce Star Wars como pocos: ha trabajado en The Clone Wars, Rebels, The Mandalorian y prácticamente todo lo que ha funcionado bien en el universo expandido reciente.
Es un tipo que entiende la mitología, respeta el canon y, lo más importante, sabe contar historias que conectan con el público.
Desde el punto de vista de negocio, este cambio envía un mensaje claro: Lucasfilm necesita recuperar el rumbo. Necesita volver a hacer películas que funcionen en taquilla, que generen entusiasmo genuino y que justifiquen los presupuestos astronómicos que requieren estas producciones.
Los fans están ahí, el mercado está ahí, pero hay que darles razones para volver a los cines.
El futuro de la galaxia (y de la taquilla)
La próxima gran prueba será The Mandalorian & Grogu. Si funciona, habrá demostrado que el salto de la serie al cine es viable y que Star Wars puede volver a ser una potencia en salas.
Si falla, las preguntas sobre el futuro de la franquicia se volverán aún más incómodas.
Lo que está claro es que Disney no puede permitirse otro parón de seis años. Star Wars necesita presencia constante en cines, necesita eventos que marquen el calendario cultural y, sobre todo, necesita recuperar esa sensación de que cada estreno es un acontecimiento.
Los números de El despertar de la Fuerza demostraron que es posible. Ahora toca ver si Filoni y su equipo pueden replicar esa magia.
Al final, la historia de Kathleen Kennedy en Lucasfilm es la historia de una montaña rusa. Hubo momentos de gloria absoluta, con cifras que hacían soñar a cualquier ejecutivo de Hollywood, y hubo tropiezos que dolieron tanto en taquilla como en reputación.
Pero si algo nos enseñan los números es que en esta industria no hay nada escrito: una franquicia puede resucitar con la película adecuada, y puede hundirse con la equivocada.
Dave Filoni tiene ahora la oportunidad de demostrar que Star Wars puede volver a ser lo que fue: una máquina imparable de generar éxitos, emociones y, sí, también miles de millones de dólares.
Los fans esperan, los inversores observan y los cines necesitan desesperadamente ese tipo de películas que llenan salas. Que la Fuerza (y los buenos resultados de taquilla) le acompañen.

