Dunk es un impostor (y por eso es el caballero más real de Poniente)

Dunk podría ser impostor, pero actúa con honor. A Knight of the Seven Kingdoms explora identidad, clase y legitimidad: ser alguien sin que nadie te lo permita.

✍🏻 Por Alex Reyna

enero 21, 2026

A Knight of the Seven Kingdoms apuesta por la aventura íntima frente a la épica de dragones, explorando qué significa ser alguien cuando nadie te ha dado permiso para serlo.

• Dunk probablemente nunca fue investido caballero de verdad, y esa impostura lo convierte en un hacker del sistema feudal de Poniente.

• La estrella fugaz final simboliza cómo la perspectiva desde los márgenes a veces revela verdades que el privilegio no puede ver.


El universo de Juego de Tronos puede contar historias sin dragones incinerando ciudades. A Knight of the Seven Kingdoms llega como una apuesta por lo pequeño en un mundo que siempre nos vendió lo monumental.

Y en esa aparente sencillez late algo más interesante: la pregunta de qué significa ser alguien cuando nadie te ha dado permiso para serlo.

Dunk es un impostor. O al menos eso parece.

Esa duda, esa grieta en su identidad, convierte el primer episodio en algo más que una introducción simpática. Es una reflexión sobre la legitimidad, sobre cómo construimos nuestra propia narrativa cuando el mundo no nos ofrece credenciales.

En tiempos donde todos buscamos validación externa —likes, verificaciones azules, títulos en LinkedIn—, ver a un tipo intentando desesperadamente que alguien certifique su existencia como caballero resulta incómodamente familiar.

Vivimos en una economía de la reputación donde lo que no tiene testigos digitales no existe. Dunk enfrenta exactamente el mismo problema, solo que con espadas.

Un caballero sin sello de autenticidad

Dunk llega a un torneo con una armadura heredada y una historia que suena bien: su maestro, Ser Arlan, lo nombró caballero en su lecho de muerte.

El problema es que nadie lo vio.

Y en Poniente, como en cualquier sociedad que se precie, lo que no tiene testigos no existe.

La búsqueda de alguien que avale su condición se convierte en el motor del episodio. Primero intenta con Ser Manfred Dondarrion, apelando a la conexión de su difunto maestro con la familia. Nada.

Luego con Ser Lyonel Baratheon, la Tormenta Risueña, en una escena que juega más a la comedia que al drama. Tampoco.

Lo fascinante no es solo el rechazo, sino lo que implica.

Dunk está atrapado en un bucle: necesita ser caballero para que lo traten como caballero, pero para ser reconocido como caballero necesita que otro caballero diga que lo es.

Es el dilema del huevo y la gallina, pero con espadas.

Y luego está el detalle que lo cambia todo: no hay flashback de Ser Arlan nombrándolo caballero. En una serie que no escatima en mostrar recuerdos cuando son relevantes, esa ausencia grita.

Nos están diciendo, sin decirlo, que probablemente Dunk se inventó su propia investidura.

Que decidió ser caballero porque necesitaba serlo, porque la alternativa era volver a ser nadie.

Egg: el espejo de Dunk

La relación entre Dunk y Egg se establece con una economía narrativa envidiable.

Dunk rechaza al chico en un primer momento —tiene suficiente con sobrevivir él mismo—, pero algo cambia cuando regresa a su olmo y encuentra que Egg ha preparado la cena.

Es un gesto pequeño, casi insignificante. Pero en él late toda la dinámica que definirá su vínculo.

Dunk ve en Egg lo que él fue: un huérfano sin rumbo, alguien que necesita propósito más que comida. Y aunque Dunk apenas puede ofrecerle nada material, puede darle lo mismo que Ser Arlan le dio a él: la posibilidad de ser algo más.

Hay una simetría hermosa en esto.

Dunk, que quizá no sea un caballero real, acepta a un escudero. Está perpetuando una mentira, sí, pero también está perpetuando algo más importante: la idea de que la identidad no viene dada, sino que se construye.

Que puedes elegir quién eres, incluso si nadie te ha dado permiso.

Me recuerda a los sistemas de validación que construimos en la era digital. ¿Qué nos hace reales? ¿La verificación externa o la convicción interna?

Dunk es caballero porque actúa como tal, porque ha decidido serlo. El resto es burocracia.

La estrella fugaz y la fortuna de los olvidados

El episodio cierra con Dunk y Egg tumbados bajo el olmo, mirando el cielo.

Una estrella fugaz cruza la noche. Egg dice que es buena suerte. Dunk se da cuenta de que esa suerte es solo suya, porque los señores duermen en sus pabellones y no pueden verla.

Es un momento que podría parecer cursi, pero funciona porque encierra una verdad incómoda: a veces la pobreza te da acceso a cosas que el privilegio no puede comprar.

No estoy romantizando la miseria —Dunk y Egg lo están pasando mal—, pero hay algo en esa imagen que habla de perspectiva.

Los poderosos de Poniente están encerrados en sus estructuras, literales y metafóricas. Dunk y Egg, en cambio, están a la intemperie.

Vulnerables, sí, pero también libres para ver el cielo.

Es una metáfora sobre clase, sobre cómo el sistema te ciega incluso cuando te beneficia. Pienso en cómo las élites tecnológicas actuales viven en burbujas algorítmicas que les muestran solo lo que quieren ver, mientras que quienes están fuera del sistema a veces tienen una visión más clara de sus fallos.

Y también es una declaración de intenciones narrativa.

Esta serie no va de conquistar el Trono de Hierro ni de batallas épicas. Va de dos tipos intentando sobrevivir en los márgenes, encontrando significado en gestos pequeños y estrellas fugaces.

Es Juego de Tronos visto desde abajo, y eso cambia todo.

El riesgo de la impostura

Dunk va a competir en ese torneo. Lo sabemos porque la serie continúa, pero también porque su personaje no tiene otra opción.

Si es un impostor, su única salida es dejar de serlo mediante la acción.

Ganar una justa, hacerse un nombre, convertir la mentira en verdad a base de hechos.

Es una apuesta arriesgada. Si pierde, si alguien descubre que nunca fue investido, las consecuencias podrían ser graves.

Pero Dunk ha entendido algo fundamental: en un mundo donde la identidad es performativa, donde ser noble significa actuar como noble, él puede hackear el sistema.

Puede convertirse en caballero simplemente comportándose como tal hasta que nadie se atreva a cuestionarlo.

Esto me lleva a pensar en cómo funcionan las estructuras de poder en general. ¿Cuántos «caballeros» legítimos lo son solo porque nacieron en la familia correcta?

¿Cuántos tienen el aval pero no el mérito?

Dunk invierte la ecuación: tiene el mérito (o al menos la voluntad) pero no el aval. Y eso lo convierte en una amenaza para el orden establecido, aunque él mismo no lo sepa todavía.

Es el mismo principio que vemos en los disruptores tecnológicos: actuar como si tuvieras permiso hasta que el sistema se vea obligado a reconocerte. Fake it till you make it, versión medieval.


A Knight of the Seven Kingdoms podría haber sido una serie menor, un spin-off simpático para llenar huecos entre temporadas de House of the Dragon.

Pero este primer episodio sugiere algo más ambicioso: una reflexión sobre la identidad, la legitimidad y cómo construimos nuestro lugar en el mundo cuando nadie nos lo ofrece.

Dunk no es un héroe épico. Es un tipo que quizá se inventó su propia historia porque la alternativa era no tener ninguna.

Y en esa decisión, en esa pequeña rebeldía contra un sistema que solo reconoce lo certificado, hay más valentía que en mil batallas.

La estrella fugaz del final no es solo un augurio de buena suerte. Es un recordatorio de que a veces la fortuna pertenece a quienes están dispuestos a dormir en el suelo, a mirar hacia arriba, a creer en algo aunque nadie más lo haga.

Dunk y Egg acaban de empezar su aventura, y ya nos han enseñado que ser caballero, al final, es una decisión.

El resto es solo ruido.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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