• Disney despliega su arsenal cinematográfico hasta 2028 con una mezcla de secuelas esperadas, remakes en acción real y dos eventos de Avengers que podrían redefinir el futuro del género superheroico.
• La verdadera pregunta no es qué películas llegarán, sino qué dicen estas apuestas sobre cómo Disney entiende nuestro presente: nostalgia, universos expandidos y la tensión entre lo analógico y lo digital.
• Entre todas, las películas de Avengers y el regreso de Los Increíbles destacan como los proyectos que más peso narrativo y emocional prometen cargar.
Hay algo fascinante en observar cómo una corporación del entretenimiento organiza su futuro.
No es solo un calendario de estrenos: es un mapa de intenciones, una declaración sobre qué historias cree que necesitamos escuchar.
Disney, con su arsenal de estudios y franquicias, ha trazado una ruta hasta 2028 que funciona como espejo de nuestras ansiedades colectivas. Desde juguetes que luchan por su relevancia en la era digital hasta héroes que deben reconstruir realidades destruidas, cada proyecto parece preguntarse lo mismo: ¿cómo permanecemos relevantes cuando todo cambia?
Lo interesante no es solo la cantidad de proyectos, sino la naturaleza de lo que están construyendo.
Universos que se expanden, personajes que regresan, mundos que se reinventan en carne y hueso. Es como si Disney estuviera apostando simultáneamente por la nostalgia y por la reinvención, sin decidirse del todo por ninguna.
Y quizá esa indecisión sea, en sí misma, el reflejo más honesto de dónde estamos como audiencia.
El regreso de viejos amigos a nuevos formatos
Star Wars: The Mandalorian and Grogu llega a las salas el 22 de mayo de 2026, llevando lo que funcionó en Disney+ a la pantalla grande.
Jon Favreau dirige esta continuación que incorpora a Sigourney Weaver como piloto rebelde liderando los Adelphi Rangers, y a Jeremy Allen White poniendo voz a Rotta el Hutt.
Lo que me resulta revelador es el enfoque. Esta película apuesta por la aventura y la diversión, alejándose quizá de la solemnidad que a veces ha lastrado a la saga.
Es un movimiento arriesgado: Star Wars siempre ha caminado esa línea delgada entre lo épico y lo lúdico, entre el mito y la aventura pulp.
¿Funcionará? Depende de si la audiencia está dispuesta a aceptar Star Wars como puro entretenimiento, sin el peso de las grandes preguntas existenciales.
Personalmente, creo que la franquicia necesita respirar, permitirse ser ligera sin sentirse culpable por ello. Como Star Trek supo hacer en sus mejores momentos: equilibrar la filosofía con la aventura, sin que una aplaste a la otra.
Toy Story 5 aterriza el 19 de junio de 2026 con una premisa que toca un nervio cultural: ¿qué pasa con los juguetes cuando los niños prefieren las pantallas?
Es una pregunta que va más allá de la nostalgia. Habla de obsolescencia, de cómo los objetos físicos luchan por mantener su significado en un mundo cada vez más digital.
Me recuerda a la pregunta central de Blade Runner sobre qué hace que algo —o alguien— sea real. ¿Es la materialidad? ¿La memoria? ¿La conexión emocional que generamos?
Pixar siempre ha sabido encontrar lo universal en lo específico. Si lo consiguen aquí, no estaremos viendo solo una película sobre juguetes, sino sobre cualquier cosa —o cualquier persona— que siente que el mundo ha seguido adelante sin ella.
Cuando lo animado se vuelve real
El remake en acción real de Moana llega el 30 de julio de 2026, con Dwayne Johnson repitiendo como Maui y Thomas Kail en la dirección.
Disney sigue su estrategia probada después del éxito de mil millones de dólares de Lilo & Stitch en acción real.
Aquí es donde mi entusiasmo se vuelve más cauteloso. Los remakes en acción real plantean una pregunta filosófica interesante: ¿qué ganamos al traducir animación a carne y hueso?
Es como si necesitáramos que nuestros mitos se vuelvan «reales» para creerlos. Como si la animación, por muy perfecta que sea, no fuera suficiente para validar la historia.
Hay algo en esa necesidad que dice mucho sobre nuestra relación con lo auténtico. A veces, como en El Rey León, la respuesta es «muy poco». Otras veces hay espacio para reinterpretar.
Moana es una historia sobre identidad, océanos y legado. Funciona magníficamente en animación porque ese medio permite que el océano sea un personaje con personalidad propia.
Veremos si la acción real puede capturar esa magia o si simplemente estamos repitiendo lo que ya funcionó porque no sabemos cómo crear nuevos mitos.
El hombre araña y el peso del olvido
Spider-Man: Brand New Day se estrena el 31 de julio de 2026, ambientada cuatro años después de que Peter Parker hiciera que todos olvidaran tanto su identidad como Spider-Man como su identidad civil.
Que Peter comparta pantalla con Hulk, Punisher y Sadie Sink en un papel misterioso sugiere una película que explora las consecuencias de ese borrado existencial.
Esta es la última película del MCU antes de los grandes eventos de Avengers, y esa posición la hace narrativamente crucial.
Peter Parker viviendo en un mundo donde nadie lo recuerda es un concepto devastador. Es soledad existencial pura: existes, pero no existes en la memoria de nadie que importe.
Me recuerda a Her, en cierto modo. Esa sensación de estar presente pero desconectado, de que tu identidad depende tanto de cómo te ven los demás que sin esa mirada, te vuelves fantasma.
Es el tipo de pregunta que Star Trek exploraba cuando sus personajes enfrentaban líneas temporales alteradas: si nadie recuerda quién eras, ¿sigues siendo esa persona?
Si la película explora esto con profundidad, podría ser algo especial.
Magia familiar y nuevas voces
Hexed llega en Acción de Gracias de 2026, una película animada de Disney sobre un adolescente torpe y su madre tipo A descubriendo sus poderes mágicos.
Dirigida por Josie Trinidad y Jason Hand, promete explorar dinámicas familiares a través de la lente de lo sobrenatural.
Disney Animation ha estado buscando su voz en la era post-Frozen, y proyectos originales como este son donde pueden encontrarla.
La magia como metáfora de la adolescencia no es nueva, pero siempre hay espacio para hacerla sentir fresca si entiendes qué representa realmente.
El terror y la emoción de descubrir que eres capaz de cosas que no comprendes del todo. Que tu cuerpo, tu mente, tu lugar en el mundo están cambiando de formas que nadie te explicó.
El apocalipsis de los Vengadores
Avengers: Doomsday (Navidad 2026) y Avengers: Secret Wars (Navidad 2027) forman un evento de dos partes donde los X-Men y los Cuatro Fantásticos debutan en el MCU.
La primera película culmina con Doctor Doom destruyendo la Tierra y reconstruyéndola a su imagen. La segunda muestra a Doom gobernando como emperador con variantes de héroes.
Aquí está la apuesta grande. No solo narrativamente, sino culturalmente.
El género superheroico ha estado en un punto de inflexión desde hace años. La fatiga es real, pero también lo es el hambre de historias que importen.
Secret Wars, en los cómics, fue sobre realidades colapsando, sobre héroes enfrentando versiones de sí mismos, sobre la naturaleza misma de la identidad cuando existen infinitas variaciones de ti.
Es territorio que la ciencia ficción ha explorado durante décadas. Blade Runner preguntaba qué nos hace auténticos cuando pueden existir copias perfectas. Star Trek examinaba cómo nuestras decisiones nos definen cuando vemos versiones alternativas de nosotros mismos.
Si las películas capturan eso —si van más allá de los puñetazos y explosiones para preguntarse qué significa ser héroe cuando la realidad misma es maleable— podrían revitalizar todo el género.
Pero si son solo espectáculo vacío, podrían ser el final. No hay punto medio aquí.
Animación que respira
Ice Age: Boiling Point llega el 5 de febrero de 2027, la primera película de Ice Age producida por Disney a través de 20th Century Studios.
Devuelve a los personajes al Mundo Perdido de dinosaurios con el elenco de voces original.
Gatto se estrena el 5 de marzo de 2027, una película original de Pixar ambientada en Italia sobre un gato llamado Nero atrapado en una historia de mafia.
El estilo de animación está inspirado en pintores como Monet.
Gatto es el tipo de proyecto que me hace creer en Pixar otra vez. Original, artísticamente ambicioso, con una premisa que suena absolutamente loca en el mejor sentido.
Un gato en una historia de mafia con estética impresionista. Es raro, específico, y exactamente el tipo de riesgo que la animación debería estar tomando.
Es lo opuesto a la fórmula segura. Es apostar por una visión singular en lugar de por lo que sabemos que funciona.
Más allá de las estrellas
Star Wars: Starfighter aterriza el 28 de mayo de 2027, dirigida por Shawn Levy y protagonizada por Ryan Gosling, Mia Goth y Matt Smith.
Ambientada cinco años después de El Ascenso de Skywalker, es una película independiente.
Ryan Gosling en Star Wars es un casting que no sabía que necesitaba hasta ahora. Hay algo en su capacidad para balancear sinceridad e ironía que podría funcionar perfectamente en este universo.
Y Mia Goth trae una intensidad que la galaxia muy, muy lejana podría usar.
Que sea una historia independiente es prometedor. Las mejores películas de Star Wars siempre han sido las que se permitían explorar rincones del universo sin el peso de la saga principal.
El regreso de la familia extraordinaria
Incredibles 3 llega el 16 de junio de 2028, dirigida por Peter Sohn con guion de Brad Bird.
Resolverá hilos argumentales pendientes de la segunda película y llegará 10 años después de Incredibles 2.
Los Increíbles siempre ha sido la franquicia de Pixar más interesada en ideas adultas. Matrimonio, mediocridad, el costo de la grandeza, cómo criar niños cuando tú mismo no tienes las respuestas.
La primera película preguntaba si está bien ser especial en una sociedad que valora la igualdad. La segunda exploraba roles de género y paternidad.
¿Qué preguntará la tercera? Diez años es tiempo suficiente para que Brad Bird haya observado cómo ha cambiado el mundo, cómo han evolucionado nuestras ansiedades.
Sea lo que sea que tenga que decir, probablemente valga la pena escucharlo. Bird entiende que la ciencia ficción —y Los Increíbles es ciencia ficción, aunque no viaje al espacio— funciona mejor cuando usa lo fantástico para iluminar lo humano.
Mirar este calendario es como leer las cartas del tarot del entretenimiento.
Disney está apostando por nostalgia, por universos expandidos, por la tensión entre lo digital y lo analógico, por héroes que deben reinventarse en mundos que ya no los reconocen.
Son nuestras preocupaciones, envueltas en espectáculo.
La pregunta real no es si estas películas serán exitosas comercialmente —muchas lo serán por puro momentum— sino si tendrán algo que decir.
Si usarán sus presupuestos masivos y alcance global para explorar ideas que importen, o si simplemente reciclarán fórmulas hasta que dejemos de prestar atención.
Algunos de estos proyectos, como Gatto o Incredibles 3, prometen profundidad. Otros podrían ser solo ruido.
Pero hay algo más grande aquí. Nuestra obsesión con multiversos, con remakes que hacen «real» lo animado, con héroes olvidados que deben reconstruir su identidad.
¿Qué dice eso sobre nuestra relación con la realidad misma? ¿Sobre nuestra necesidad de ver todas las versiones posibles de nuestras historias, como si una sola ya no fuera suficiente?
Quizá estamos buscando en estas películas lo mismo que buscamos en la vida: la confirmación de que nuestras elecciones importan, de que somos reales, de que seremos recordados.
En ese espacio entre la promesa y la ejecución es donde vive el cine que vale la pena, el que nos hace pausar y pensar, el que se queda con nosotros días después de que las luces se encienden.

