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Digger, la sátira medioambiental de Alejandro González Iñárritu con Tom Cruise, cayó un 60% en su segundo fin de semana y podría cerrar con unas pérdidas de 245 millones de dólares.
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Un experimento de arte y ensayo con un presupuesto cercano a los 200 millones era una apuesta de altísimo riesgo, pero nadie esperaba un batacazo tan estrepitoso.
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El golpe llega justo antes de la fusión de Warner Bros. con Paramount y puede enfriar durante años el apetito de los estudios por películas adultas, raras y caras.
Hay películas que fracasan y hay películas que se estudian después en las escuelas de negocio, con las luces apagadas y una copa fuerte en la mano. Digger apunta directamente a la segunda categoría.
Según las estimaciones, la comedia negra con calificación R que dirige Iñárritu y protagoniza Tom Cruise (como un rico magnate del petróleo) camina hacia unas pérdidas de 245 millones de dólares en su paso por salas. Eso la coloca entre los grandes fiascos del año y, quizá, entre los más grandes de la historia.
Los números de la caída
Vamos con las cifras, que es lo que nos gusta.
El estreno se quedó en 8 millones en Estados Unidos y 20 millones a nivel mundial. Con ese arranque, Warner Bros. ya se asomaba a una pérdida de entre 150 y 200 millones.
El segundo fin de semana empeoró el panorama: la película perdió un 60% de recaudación y elevó su acumulado a 14,4 millones en el mercado doméstico y 35,3 millones en todo el mundo.
Y eso que varias figuras de Hollywood salieron a defenderla públicamente. Anne Hathaway, Jane Fonda, Guillermo del Toro y Mandy Patinkin animaron al público a verla en cines. No fue suficiente: los espectadores no respondieron en número suficiente para cambiar la historia.
El punto de equilibrio, a años luz
Las previsiones sitúan el cierre de Digger en torno a 50 millones en todo el mundo. El problema es que, según se ha publicado, necesitaría unos 350 millones para no perder dinero, sobre todo porque los cines se quedan aproximadamente con la mitad de la taquilla.
Warner Bros. ha matizado esa cifra: un portavoz del estudio sitúa el break-even más cerca de los 300 millones. Pero, como se suele decir, da igual quién tenga razón: con 50 millones, la distancia a cualquiera de las dos metas es sideral.
Un presupuesto que se fue inflando
La película siempre fue una gran apuesta. Warner la aprobó con un presupuesto de 125 millones, pero la cifra habría subido a entre 160 y 180 millones después de que el rodaje se alargara más de lo previsto.
A eso hay que sumar unos 100 millones en marketing global, sin contar la inversión en campañas de premios.
Con Cruise e Iñárritu en el cartel, lo normal habría sido plantear una campaña seria de cara a los Óscar, que podría rondar los 15 millones. Con críticas duras y el público alejado, es probable que esos planes se recorten.
La cosa llegó a tal punto que el estudio lanzó anuncios en redes sociales con el lema «decide por ti mismo». Spoiler: el público ha decidido, y ha decidido no ir.
Más allá de la taquilla
El golpe puede costar más de absorber porque Cruise tiene un acuerdo que le permite cobrar un porcentaje de los ingresos antes de que el estudio recupere sus costes.
Además, el rendimiento en cines condiciona los acuerdos posteriores de televisión, Pay 1 y streaming. Un fracaso así tiene consecuencias que se prolongan mucho después de la última sesión.
Un mal momento para Warner
El calendario no podría ser más doloroso. Digger es el último estreno independiente de Warner Bros. antes de su fusión con Paramount y cierra un año de cines bastante feo, tras los tropiezos de The Bride y Supergirl.
Los copresidentes del estudio, Mike De Luca y Pam Abdy, abandonaron la compañía el viernes pasado, justo cuando Digger llegaba a las salas. En 2025 habían firmado un año enorme con Pecadores, Una película de Minecraft y Weapons.
Este año, en cambio, ninguno de los estrenos del estudio ha superado los 100 millones en Estados Unidos.
Hay esperanza en el horizonte: en diciembre llega Dune: Parte III, de Denis Villeneuve, con Timothée Chalamet, Zendaya y Robert Pattinson. Esa sí debería llenar salas con mucha más facilidad.
Mi lectura: el miedo al riesgo vuelve
Me encanta que Hollywood se atreva con grandes apuestas creativas y siempre aplaudiré a los cineastas que intentan algo distinto. Pero cuando una película así se estrella con un coste tan alto, los estudios suelen salir corriendo hacia las opciones seguras.
Mi pronóstico: no esperes ver muchas más películas experimentales de arte y ensayo con presupuestos cercanos a los 200 millones en mucho tiempo. Digger puede ser el recordatorio más caro del año de que la ambición y la rentabilidad no siempre caminan juntas.



