• Clayface se mueve de septiembre a octubre de 2026, y por una vez Warner toma una decisión que tiene sentido para una película de terror.
• Con Mike Flanagan al guion y Matt Reeves produciendo, esto podría ser el body horror que DC necesita para diferenciarse de verdad.
• Si Warner no mete mano como hizo con el Snyderverso, podríamos estar ante algo especial.
Por fin Warner hace algo bien. Y me cuesta hasta escribirlo.
Porque cuando tienes entre manos una película de DC que promete ser más pesadilla de Cronenberg que aventura de superhéroes al uso, septiembre no tiene ningún sentido. Octubre, en cambio… octubre huele a sangre, a transformación, a oscuridad. Justo lo que necesita Clayface.
Seamos claros: DC Studios bajo James Gunn y Peter Safran está intentando romper moldes. Y Clayface, con su propuesta de terror visceral escrita por Mike Flanagan (sí, el de La maldición de Hill House), suena a apuesta arriesgada. De esas que o te explotan en la cara o te convierten en leyenda. Yo, que vi cómo Warner destrozó sistemáticamente la visión de Snyder, tengo sentimientos encontrados. Pero también tengo curiosidad.
Un cambio de fecha que tiene todo el sentido del mundo
Clayface estaba programada para el 11 de septiembre de 2026. Una fecha rara para una película de superhéroes, más aún para una que promete ser cualquier cosa menos convencional. Ahora se estrena el 23 de octubre, y no hace falta ser un genio del marketing para entender por qué esto funciona mejor.
Estamos hablando de una película dirigida por James Watkins, con guion de Mike Flanagan y Hossein Amini. Tom Rhys Harries interpreta a Matt Hagen, un actor cuyo rostro queda desfigurado y que termina convirtiéndose en Clayface. Naomie Ackie da vida a una científica que le ayuda en el proceso.
Pero olvídate de trajes coloridos y peleas contra alienígenas. Esto es DC haciendo terror. Terror de verdad. Han comparado el tono con Cronenberg, y si conoces La mosca o Videodrome sabes que eso significa cuerpos que se retuercen, transformaciones grotescas, horror visceral que te remueve las tripas. Efectos prácticos, no CGI limpio. Incomodidad real.
Matt Reeves en la producción: garantía de calidad
Entre los productores están James Gunn, Peter Safran, Matt Reeves y Lynn Harris. Y Reeves es clave. El tío demostró con The Batman que puedes hacer cine de superhéroes adulto, oscuro, con peso narrativo real. Sin concesiones. Sin chistes forzados cada cinco minutos.
Si Clayface sigue esa línea, si realmente se atreve a ser una película de terror con un personaje de DC en el centro, podríamos estar ante algo especial. Algo que Warner nunca dejó hacer a Snyder: explorar géneros dentro del universo DC sin miedo a asustar al público infantil.
DC siempre ha sido más oscuro que Marvel. Más adulto. Más complejo. Y cuando Warner lo entiende y deja trabajar a sus creadores, salen cosas como The Dark Knight o Joker. Cuando se caga encima y mete mano, salen desastres como Josstice League.
Competencia en octubre: Jordan Peele al acecho
El 23 de octubre de 2026 no será un paseo. Clayface se enfrentará a un proyecto sin título de Jordan Peele y al thriller Wife and Dog con Rosamund Pike. Peele es un maestro del terror moderno. Get Out, Us, Nope… el tío sabe lo que hace.
Pero también es una oportunidad. Si Clayface está a la altura, si realmente entrega esa visión oscura y perturbadora que promete, puede destacar. Puede demostrar que DC no necesita copiar a Marvel, que puede tallar su propio camino en el terror superheroico.
Esto podría ser el Joker de los villanos de segunda fila. Una apuesta por el género, por la visión de autor, por hacer algo diferente. Y ahí está la clave: DC siempre ha sido diferente. Más mitológico, más épico, más oscuro. Snyder lo entendió. Reeves lo entendió. Gunn parece entenderlo también, aunque a su manera.
El futuro de DC pasa por arriesgar
Llevo años viendo cómo Warner toma decisiones estúpidas con DC. Cancelar el Snyderverso fue un error histórico. Pero esto, esto de apostar por películas raras, oscuras, diferentes… esto me da esperanza.
Clayface no va a ser Batman. No va a ser Superman. Va a ser una película de terror con un villano de DC como protagonista. Y eso, en 2026, es exactamente lo que necesitamos. Porque el público está cansado de lo mismo. Cansado de fórmulas. Cansado de películas que parecen hechas por algoritmos.
Queremos visión. Queremos autores. Queremos que nos sorprendan, que nos incomoden, que nos hagan sentir algo más que «oh, qué guay la pelea». Y si Clayface consigue eso, si realmente se atreve a ser diferente, podría marcar un antes y un después.
Con Flanagan al guion y Reeves produciendo, las piezas están en su sitio. Ahora solo falta que Warner no meta mano, no se asuste, no intente suavizar los bordes. Porque cuando dejas trabajar a los creadores, cuando confías en su visión, salen obras maestras. Cuando intervienes por miedo, por comités, por querer contentar a todos, sale mediocridad.
Clayface puede ser la redención de Warner o su enésima cagada disfrazada de valentía. En octubre de 2026 lo sabremos. Yo estaré ahí, aunque sea para decir «os lo dije».

