A Knight of the Seven Kingdoms rompe con el formato tradicional de las series

HBO apuesta por episodios de 30 minutos que respetan tu tiempo y el material original, y aún así logra uno de los capítulos mejor valorados de Poniente.

✍🏻 Por Alex Reyna

febrero 13, 2026

A Knight of the Seven Kingdoms apuesta por episodios de 30-35 minutos, rompiendo con el formato tradicional de las series de prestigio.

• La decisión responde a la fidelidad al material original —una novela corta de 84 páginas— evitando el relleno artificial que tanto daño ha hecho a otras adaptaciones.

• Esta elección demuestra que menos puede ser más: el episodio 4 alcanzó un 9.7 en IMDb, situándose entre los mejores valorados del universo Juego de Tronos.

Hay algo profundamente honesto en una serie que se niega a estirarse más allá de lo que su historia necesita.

En una era donde el streaming nos ha acostumbrado a temporadas hinchadas, donde ocho episodios se alargan hasta sentirse como doce, A Knight of the Seven Kingdoms llega con una propuesta casi radical: contar lo justo, nada más. Seis episodios de media hora. Sin pretensiones. Sin relleno.

Me recuerda a esas películas de ciencia ficción que confían en su premisa sin necesidad de explicártela tres veces. Arrival no necesitaba dos horas y media para hacerte llorar con un concepto lingüístico. Her no requería subtramas forzadas para explorar la soledad en la era digital.

Y es que ambas películas entendieron algo fundamental: cuando tienes una idea potente, el tiempo se convierte en tu aliado, no en tu enemigo. La economía narrativa no es una limitación, sino una declaración de principios.

La valentía de no estirar la goma

Cuando Ira Parker, showrunner de la serie, explica que los episodios cortos fueron una decisión consciente desde el principio, está hablando de algo más fundamental que caprichos creativos: integridad narrativa.

La primera temporada adapta El caballero errante, una novela corta de George R.R. Martin de apenas 84 páginas. No es Dune. No es Fundación. Es una historia íntima sobre un caballero y su escudero atravesando Poniente.

Lo fascinante es que HBO respaldó este formato antes incluso de consultar a Martin. En una industria obsesionada con las métricas de visualización y el tiempo de pantalla, que una plataforma diga «hazlo como debe ser, no como se supone que debe ser» es casi revolucionario.

Me quedé pensando en esto durante días. ¿Qué dice sobre nosotros como sociedad que necesitemos que alguien nos dé permiso para contar historias breves? ¿Cuándo empezamos a confundir valor con duración?

Vivimos en una cultura que mide el éxito en horas consumidas, en temporadas acumuladas, en universos expandidos hasta el agotamiento. Como si el tiempo de pantalla fuera directamente proporcional a la calidad. Como si más siempre fuera mejor.

Pero A Knight of the Seven Kingdoms propone lo contrario: que el respeto al espectador también es una forma de narrativa.

Expandir sin añadir

Adaptar una novela escrita desde la perspectiva interna de un personaje siempre ha sido el Everest de cualquier guionista. Gran parte de El caballero errante existe en la cabeza de Dunk, en sus dudas, sus miedos, su constante sensación de ser un impostor jugando a ser caballero.

El equipo creativo optó por expandir el mundo alrededor del personaje de forma orgánica. Lyonel Baratheon, por ejemplo, tiene una sola línea en la novela original. En la serie, su papel se amplía considerablemente, pero no se siente como relleno. Se siente como si siempre hubiera estado ahí.

Parker lo resume perfectamente: escribieron la serie como si Martin hubiera escrito un libro de trescientas páginas en lugar de ochenta y cuatro. No añadieron, expandieron. Hay una diferencia sutil pero crucial entre ambos conceptos.

Es la diferencia entre inflar un globo hasta que explota y permitir que una semilla crezca a su ritmo natural.

El episodio 4 alcanzó un 9.7 sobre 10 en IMDb. No es solo una buena puntuación. Es una de las valoraciones más altas en todo el universo de Juego de Tronos, incluyendo la serie original en su apogeo. Y lo consiguió en treinta y tantos minutos.

Esto me hace pensar en cómo hemos normalizado la idea de que «más grande» equivale a «mejor». Más episodios, más presupuesto, más tiempo de pantalla.

Pero algunas de las historias más impactantes son las que saben cuándo parar. The Twilight Zone contaba universos enteros en veintitantos minutos. Black Mirror en sus mejores momentos no necesitaba más de una hora para destrozarte.

A Knight of the Seven Kingdoms no está intentando ser Juego de Tronos. No busca replicar las batallas épicas ni las conspiraciones políticas que se extendían durante temporadas. Es otra cosa: una historia de personajes, de honor cuestionado, de identidad en un mundo que valora el linaje sobre la valía personal.

El lujo de la contención

Hay algo casi subversivo en negarse a llenar cada minuto con acción o revelaciones.

La serie se permite pausas, silencios, momentos donde simplemente observamos a Dunk y Egg existir en este mundo. No todo necesita ser un punto de giro argumental. A veces, ver cómo dos personajes se relacionan es suficiente.

Esta confianza en el material y en la audiencia es rara. Vivimos en una época donde los algoritmos nos dicen que necesitamos ganchos cada ocho minutos para mantener la atención. Donde las series se diseñan pensando en que la gente estará mirando el móvil mientras las ve.

A Knight of the Seven Kingdoms parece apostar por lo contrario: si la historia es lo suficientemente fuerte, la gente prestará atención sin importar la duración.

Y aquí está el verdadero desafío filosófico: ¿qué dice sobre nuestra relación con las historias que necesitemos que nos las estiren artificialmente? ¿Hemos perdido la capacidad de valorar la concisión? ¿O simplemente hemos olvidado que el silencio también comunica?

Pausé el episodio 4 en un momento donde Dunk simplemente mira el horizonte. No hay diálogo. No hay música dramática. Solo un hombre procesando quién es y quién quiere ser. Duró quizá quince segundos. En cualquier otra serie, ese momento habría sido cortado en la sala de montaje. Aquí, se siente esencial.


Al final, A Knight of the Seven Kingdoms nos recuerda algo que la industria parece haber olvidado: el formato debe servir a la historia, no al revés.

No todas las narrativas necesitan ocho episodios de una hora. No todas las adaptaciones requieren expandir el material original hasta hacerlo irreconocible. A veces, la mayor valentía creativa está en saber cuándo tienes suficiente.

En un panorama televisivo saturado de series que se sienten como maratones obligatorios, hay algo refrescante en una propuesta que respeta tu tiempo tanto como su propia historia.

Quizá no estemos ante una revolución, pero sí ante un recordatorio necesario: contar bien una historia siempre será más valioso que contarla durante más tiempo. Y si HBO ha aprendido algo de los errores de las últimas temporadas de Juego de Tronos, ojalá sea precisamente esto.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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