De ataques de pánico a dios del trueno: la reinvención de Chris Hemsworth

Hemsworth pasó de sentirse un impostor en el set a convertir a Thor en su armadura emocional. Esta es la historia real detrás del superhéroe.

✍🏻 Por Clara Domenech

febrero 11, 2026

• Chris Hemsworth ha confesado que interpretar a Thor durante más de una década le sirvió como escudo protector contra la ansiedad y los ataques de pánico que sufría al inicio de su carrera en Hollywood.

• La transformación física y mental que requería el personaje —desde el entrenamiento intensivo hasta cambios en su postura y voz— no solo modificó su apariencia, sino que reconstruyó por completo su confianza y autopercepción.

• Lo que empezó como una máscara de seguridad se ha convertido en confianza genuina, y Hemsworth volverá a ponerse el martillo en Avengers: Doomsday con un enfoque más introspectivo del personaje.


Recuerdo ver el primer Thor en 2011 pensando que Marvel había cometido un error—el personaje más difícil de adaptar de todos. Un dios nórdico que habla como Shakespeare en un universo que acababa de empezar a construirse. Qué equivocada estaba.

No me refiero solo a las películas —que obviamente serían muy diferentes sin Hemsworth— sino a esa energía particular que le ha dado al personaje durante más de una década. Ese equilibrio perfecto entre épica nórdica, humor autoconsciente y carisma puro que ha hecho del Dios del Trueno uno de los pilares del MCU.

Pero resulta que detrás de esa sonrisa de portada de revista y esos bíceps dignos de Asgard, había algo mucho más humano y vulnerable de lo que cualquiera de nosotros imaginaba.


En una entrevista reciente con The Guardian, Hemsworth ha levantado el velo sobre algo que raramente vemos en las estrellas de Hollywood: la inseguridad brutal que sentía cuando empezó a interpretar a Thor. Y no hablo de los nervios normales del primer día de rodaje, sino de ataques de pánico, ansiedad paralizante y una sensación constante de no estar a la altura.

Lo fascinante es cómo el propio personaje se convirtió en su armadura contra todo eso.

Cuando Hemsworth consiguió el papel allá por 2010, no era exactamente un desconocido, pero tampoco una estrella consolidada. Y de repente se encontró interpretando a un dios nórdico en lo que sería una de las franquicias más grandes de la historia del cine. La presión, como podéis imaginar, era descomunal.

Lo que el actor ha revelado ahora es que esa confianza aparentemente inquebrantable que vemos en pantalla —y en alfombras rojas, entrevistas y eventos— era en gran parte una construcción. «El personaje que ves en entrevistas y la presentación de mí mismo durante las últimas dos décadas trabajando en Hollywood, soy yo, pero también es una creación. Es lo que pensaba que la gente quería ver», ha confesado.

Y aquí es donde la cosa se pone interesante.


Para meterse en la piel de Thor, Hemsworth no solo tuvo que ponerse cachas (que vaya si lo hizo). Tuvo que someterse a un entrenamiento físico brutal, ganar masa muscular, cambiar su postura corporal, modificar su voz, adoptar una presencia más imponente. Todo eso que asociamos con la preparación de un superhéroe.

Pero lo que no esperaba es que esos cambios externos acabarían transformando su interior.

Al embodiar físicamente a un dios, algo cambió en su cabeza. «Empecé a pensar: ‘Vale, nadie puede meterse conmigo’. Interpretar a un dios se convirtió en una red de seguridad. Engañó a la gente haciéndoles creer que yo era así de confiado, así de seguro», explica Hemsworth.

Es un mecanismo de defensa fascinante, ¿no? Básicamente, el actor creó una versión mejorada de sí mismo a través del personaje, y esa versión le sirvió de escudo contra sus propias inseguridades. Me recuerda a cómo Tony Stark usaba literalmente su armadura como barrera emocional en Iron Man 3, cuando lidió con su PTSD post-Nueva York. La diferencia es que Hemsworth no tenía un Jarvis que le ayudara a procesarlo.

Y mirad, esto no es nuevo en el MCU. Robert Downey Jr. ha hablado abiertamente de cómo interpretar a Tony le ayudó a reconstruirse tras sus propios demonios. Chris Evans ha confesado que el Capitán América le dio un propósito cuando se sentía perdido. Pero lo de Hemsworth tiene algo especialmente poético: un actor inseguro encontrando fuerza al interpretar literalmente al dios de la fuerza.


Hemsworth ha interpretado a Thor en nueve películas hasta la fecha, desde el primer Thor hasta Thor: Love and Thunder en 2022. Y si repasáis esas películas, veréis una evolución no solo del personaje sino de la interpretación misma.

El Thor de las primeras películas era más rígido, más «príncipe arrogante aprendiendo humildad». Pero con el tiempo, especialmente desde Thor: Ragnarok, hemos visto capas más profundas: humor, vulnerabilidad, pérdida, trauma.

Aunque, siendo honesta, Love and Thunder intentó meter demasiadas cosas a la vez y acabó sin explorar del todo esa profundidad emocional que prometía. Taika Waititi apostó tanto por el humor que a veces se comió los momentos más íntimos. Una pena, porque el material estaba ahí.

Ahora sabemos que parte de esa evolución refleja el propio viaje de Hemsworth hacia una confianza más auténtica. Lo que empezó como una máscara —una performance tanto dentro como fuera de cámara— se ha convertido en algo real. La confianza que fingía tener se ha vuelto genuina.

Es casi como si Thor le hubiera enseñado a Chris a ser la mejor versión de sí mismo. En los cómics de Jason Aaron, Thor pasa por algo similar: pierde su martillo, su identidad, su nombre incluso, y tiene que reconstruirse desde cero para descubrir que la dignidad nunca estuvo en el arma sino en él. Hemsworth ha vivido su propia versión de esa historia.


Y ahora, con Avengers: Doomsday en el horizonte, parece que vamos a ver una faceta aún más introspectiva del personaje. Las imágenes filtradas sugieren que Thor estará reflexionando sobre la paternidad y el legado, incluso teniendo conversaciones con su difunto padre, Odin.

Después de todo lo que ha pasado —perder a su madre, su padre, su hermano (varias veces), su planeta, su ojo (temporalmente), su martillo— tiene sentido que el personaje esté en un lugar más contemplativo.

Y personalmente, me encanta esta dirección. El MCU funciona mejor cuando permite que sus personajes respiren, cuando les da espacio para procesar todo el trauma acumulado en lugar de simplemente pasar a la siguiente amenaza cósmica. Thor ha sido testigo de pérdidas devastadoras, y verle lidiar con eso de forma genuina podría ser uno de los arcos más potentes de la Saga del Multiverso.


Lo que me llevo de esta revelación de Hemsworth es algo que creo que todos podemos entender a algún nivel: a veces necesitamos ponernos una armadura para enfrentarnos al mundo. Y no hablo solo de superhéroes.

Hablo de esa versión de nosotros mismos que proyectamos cuando nos sentimos inseguros, cuando el síndrome del impostor nos susurra que no somos suficiente. La diferencia es que Hemsworth tuvo la suerte de que su armadura fuera literalmente un dios nórdico con un martillo mágico.

Pero lo realmente inspirador es que esa armadura no se quedó como una simple fachada. Se convirtió en parte de él, le ayudó a crecer hasta convertirse en alguien que ya no necesita fingir.

Y eso, amigos, es un arco de personaje digno del mejor cómic de Marvel.

Estoy deseando ver qué nos depara el próximo capítulo de Thor en Avengers: Doomsday. Porque si algo nos ha enseñado Hemsworth, es que la verdadera fuerza no está en no tener miedo, sino en seguir adelante a pesar de él.


Crecí con los cómics de Marvel y me enamoré del MCU desde el primer “I am Iron Man”. Me encanta seguir teorías, analizar tramas y perderme en cada nuevo estreno, pero también sé cuándo algo no está a la altura. Disfruto del hype, pero escribo con criterio. Porque si no le exigimos al cine que mejore, ¿entonces para qué estamos aquí?

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