«Melania» supera a El Padrino en Rotten Tomatoes (pero no son opiniones reales)

¿Opiniones reales o ingeniería social? Melania supera a El Padrino mientras los algoritmos deciden qué es verdad y qué no.

✍🏻 Por Alex Reyna

febrero 7, 2026

• El documental «Melania» de Brett Ratner alcanza un 99% de puntuación de audiencia en Rotten Tomatoes, superando a «El Padrino» (98%), mientras que los críticos le otorgan apenas un 5%.

• Esta brecha revela algo más inquietante que la manipulación: estamos midiendo lealtades en lugar de opiniones, y las plataformas de consenso se han convertido en campos de batalla ideológicos.

• Con un coste de 75 millones y solo 7 millones recaudados, el verdadero producto no es la película, sino la narrativa que genera.


Hay algo perturbador en los números que dicen la verdad mintiendo. O que mienten diciendo la verdad.

El documental «Melania», dirigido por Brett Ratner, ha conseguido lo imposible: superar en Rotten Tomatoes a «El Padrino» de Francis Ford Coppola. Un 99% frente a un 98%.

Mientras la audiencia aplaude, los críticos profesionales le han dado un 5%. No es una diferencia. Es un abismo.

Y ese abismo no habla de la película. Habla de nosotros: de cómo validamos opiniones, de cómo la tecnología se convierte en arma. Me recuerda a Blade Runner, donde lo real y lo artificial se vuelven indistinguibles. Solo que aquí no hablamos de replicantes, sino de reseñas.

El algoritmo como espejo roto

Rotten Tomatoes lleva años intentando ser el árbitro del gusto cinematográfico. Su sistema de verificación, implementado en 2019, exige que los usuarios demuestren haber comprado una entrada para dejar una reseña verificada.

En teoría, esto elimina el ruido. En teoría.

Pero Debunk.org, un sitio de verificación independiente, señala patrones sospechosos. Cuentas con una sola reseña. Avalanchas de comentarios positivos el mismo día. Una coreografía perfecta donde los humanos reales no se mueven así.

Versant, la empresa matriz de Rotten Tomatoes, niega cualquier manipulación. Todas las reseñas son verificadas, insisten.

Y técnicamente tienen razón. Pero verificar que alguien compró una entrada no es verificar que esa persona existe, piensa o siente de forma autónoma.

El precio de la narrativa

«Melania» costó 75 millones producirla y promocionarla. Ha recaudado 7 millones. Matemáticamente, un desastre.

Pero en términos de narrativa, quizá haya conseguido algo más valioso: generar conversación. Polarizar. Convertirse en símbolo.

Y eso me inquieta. No me importa si la película es buena o mala. Lo que importa es que el sistema de valoración se ha convertido en el mensaje. La película es casi irrelevante.

Lo relevante es la batalla por controlar la percepción.

Me pregunto qué diría Philip K. Dick de esto. Él, que exploró toda su vida qué es real y qué es simulacro, probablemente se reiría. O lloraría.

Cuando el consenso es un campo de batalla

Hay algo poético en que «Melania» haya superado a «El Padrino». Coppola construyó una obra maestra sobre el poder y la corrupción. Ratner ha construido un documental que ha dividido a la audiencia tan radicalmente que ya no sabemos si medimos opiniones o lealtades.

Ahí está el quid. Rotten Tomatoes nació para simplificar: tomate fresco o podrido.

Pero la realidad es más compleja. Siempre lo ha sido. Y cuando intentas reducir la complejidad a un porcentaje, acabas creando nuevas formas de manipulación.

No digo que todas las reseñas positivas sean falsas. Seguramente hay gente que vio la película y la disfrutó genuinamente.

Pero cuando el patrón es tan anómalo, cuando los números cantan una melodía tan disonante con la crítica profesional, algo no encaja.

El futuro de la opinión

Este caso me hace pensar en Her, en cómo Spike Jonze exploraba la autenticidad de las emociones en un mundo mediado por la tecnología.

¿Puede una opinión ser real si ha sido incentivada, coordinada o comprada? ¿Dónde termina la libertad de expresión y empieza la ingeniería social?

No tengo respuestas. Solo preguntas. Y la sensación de que asistimos a un experimento en tiempo real sobre cómo se construye el consenso en la era digital.

«Melania» ha sido catalogada como la mayor apertura para una película de no ficción en la última década. Eso es un dato.

Pero los datos, como los números en Rotten Tomatoes, solo cuentan parte de la historia. La otra parte está en lo invisible: en los algoritmos, en las estrategias de marketing, en las guerras culturales que se libran en cada clic.


Al final, «Melania» no es solo un documental. Es un espejo.

Y lo que vemos reflejado no es halagador. Vemos un ecosistema donde la verdad es negociable, donde las plataformas que prometían democratizar la opinión se han convertido en campos de batalla.

Me quedo pensando en esa frase de Arrival: «El lenguaje es la primera arma que se desenvaina en un conflicto».

Aquí, el lenguaje son los porcentajes. Y la guerra, aunque silenciosa, es real.

Quizá lo más honesto que podemos hacer es reconocer que ya no sabemos qué estamos midiendo. Y que eso, en sí mismo, es la historia más importante.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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