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El UCM ya suma 37 películas repartidas en seis fases, con Spider-Man: Brand New Day como estreno más reciente.
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Lo que parecía una locura —conectar franquicias con personajes de segunda fila— es hoy el mayor fenómeno del cine comercial contemporáneo.
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Ordenarlas todas de peor a mejor es un ejercicio polémico, pero perfecto para entender cómo ha evolucionado el estudio.
Mi opinión: Hacer este tipo de rankings me provoca, como lectora de los cómics desde antes de que Marvel llegara al cine, una mezcla rara de euforia y ansiedad. Todos tenemos nuestras favoritas, las que defendemos a muerte, y también las que preferimos olvidar con discreción. Aquí no hay respuestas correctas, pero sí muchísimo que analizar.
Recuerdo perfectamente dónde estaba cuando vi Iron Man por primera vez en el cine. No era la película más ambiciosa del mundo, pero tenía algo que no podías ignorar: energía, personalidad, y un Robert Downey Jr. que parecía haber nacido para ese papel. En ese momento nadie imaginaba que aquello era el primer ladrillo de algo que, quince años después, seguiría levantando paredes.
Hoy el UCM es una bestia de 37 películas. Treinta y siete. Y eso sin contar las series de Disney+, los cortos ni los proyectos en desarrollo. Es tanto material que hasta los fans más dedicados necesitamos de vez en cuando hacer una pausa, respirar y preguntarnos: ¿qué ha funcionado de verdad? ¿Qué se ha ido desinflando por el camino? ¿Y cuáles son esas joyas que merecen más reconocimiento del que reciben? Eso es exactamente lo que vamos a explorar hoy.
Cuando todo parecía imposible
Que el UCM exista hoy tal y como lo conocemos es, objetivamente, un milagro de producción. Cuando Kevin Feige y su equipo empezaron a construir este universo, la idea de conectar distintas franquicias en una sola narrativa compartida parecía una locura de proporciones épicas.
Piénsalo un momento: en 2008, la pregunta no era «¿qué fase del UCM veremos a continuación?» sino algo mucho más básico. ¿Iron Man? ¿Quién quiere ver una película de Iron Man? Tony Stark no era exactamente el superhéroe más popular del imaginario colectivo. Batman y Superman se llevaban todos los titulares. Los X-Men ya habían tenido su momento. Y aquí venía Marvel Studios apostando por un personaje de segunda o tercera fila.
Y ojo, porque en las viñetas Tony Stark tampoco era ninguna estrella infalible. Quien lo hubiera seguido en sagas como Demon in a Bottle sabía que estábamos ante un héroe roto, alcohólico, mucho más humano y contradictorio de lo que Hollywood solía atreverse a mostrar. Que la película recogiera parte de esa complejidad —ese Stark arrogante y vulnerable a la vez— fue lo que me hizo pensar, ya en la butaca, que allí había alguien que se había leído los cómics de verdad.
Y luego estaba el tema del casting. Contratar a Robert Downey Jr. como protagonista fue una apuesta de riesgo considerable. En aquel momento, su carrera todavía cargaba con el peso de sus problemas personales de años anteriores. Hollywood no se había olvidado. Pero Marvel confió en él, y esa decisión cambió la historia del cine de superhéroes para siempre.
De la duda al imperio
Lo que siguió a Iron Man fue una expansión que casi nadie vio venir con tanta claridad. El increíble Hulk, Thor, Capitán América: El primer vengador… cada película añadía una pieza más al puzle. Y entonces llegó Los Vengadores y todo encajó de una forma que casi daba vértigo.
Nick Fury lo resumió mejor que nadie con aquella frase que se ha convertido en casi un mantra del fandom:
«Había una idea de reunir a un grupo de personas extraordinarias para ver si podían llegar a ser algo más. Para ver si podían trabajar juntas cuando lo necesitáramos.»
Es una cita que, sacada de contexto, podría describir perfectamente lo que Marvel Studios hizo con sus directores, guionistas y actores durante más de una década. Reunir piezas que, por separado, ya eran interesantes, y ver si juntas podían ser algo histórico. Y vaya si lo fueron.

El UCM no es perfecto, y lo sabemos
Ahora bien, seamos honestos. No todo en el UCM es brillante. Y creo que una de las cosas que más valoro como fan es poder reconocerlo sin que eso signifique que haya dejado de querer a este universo.
Ha habido fases enteras donde la fórmula se ha repetido hasta el agotamiento. Pienso, por ejemplo, en ese tramo posterior a Endgame en el que costaba entender hacia dónde íbamos: películas como Thor: Love and Thunder o Eternals que, con más presupuesto que nunca, dejaban una extraña sensación de vacío. Y hay entregas que existen básicamente para rellenar huecos de la narrativa, sin aportar demasiado por sí solas.
También hay personajes que merecían mucho más desarrollo del que recibieron. Me duele especialmente lo poco que se aprovechó a Wanda antes de WandaVision, o cómo se despachó a villanos con potencial enorme, tipo el Mandarín «de verdad», que en el papel dan para arcos completos. Mientras tanto, otros nombres acaparaban el protagonismo película tras película.
Y luego está la saturación de contenido, sobre todo con la llegada de las series a Disney+. Mantener el ritmo se ha convertido casi en un trabajo a tiempo completo. No todo el mundo tiene tiempo (ni ganas) de ver varias temporadas para entender lo que pasa en una película. Y eso es un problema real que el estudio debería haber gestionado mejor.
Dicho esto, cuando el UCM acierta, acierta de una forma que pocas franquicias pueden igualar. Las conexiones inesperadas entre tramas, esos momentos de recompensa emocional que llevan años construyéndose, esa sensación de que todo forma parte de algo más grande… eso sigue siendo emocionante. Sigue dando ese subidón que yo no cambio por nada.
37 películas, seis fases y una meta-narrativa sin precedentes
Estamos en la Fase Seis. Seis fases. Cuando era adolescente devorando los cómics de la Casa de las Ideas, jamás habría imaginado ver algo así materializado en pantalla grande con este nivel de producción y alcance.
El UCM ha conseguido algo que ningún estudio había logrado antes: tejer una historia continua a lo largo de decenas de películas, con personajes que envejecen, evolucionan, mueren y, en algunos casos, vuelven. Es una estructura narrativa que se parece más a una colección de novelas que a una franquicia cinematográfica tradicional. Curiosamente, es justo lo que llevaban haciendo los cómics toda la vida: crossovers, eventos que lo cambian todo, muertes que luego se deshacen. El cine solo tardó en atreverse.
Y eso tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La ventaja es que el UCM puede permitirse momentos de pago emocional que una película independiente nunca podría construir. El inconveniente es que, si pierdes el hilo, la experiencia se fragmenta. No todas las películas funcionan igual de bien como piezas aisladas.
Pero precisamente por eso hacer un ranking de todas ellas es tan interesante. Porque te obliga a evaluar cada película en dos niveles a la vez: ¿qué aporta a la historia global? ¿Y qué vale por sí misma, como obra cinematográfica?
El ejercicio más difícil del fandom
Ordenar 37 películas de peor a mejor es uno de esos ejercicios que parece sencillo pero que, en cuanto te pones, te das cuenta de la cantidad de variables que entran en juego.
¿Priorizas la calidad cinematográfica? ¿El impacto emocional? ¿La importancia dentro del canon? ¿La originalidad? ¿Las ganas de volver a verla una y otra vez sin aburrirte?
Cualquier ranking serio tiene que lidiar con todo eso al mismo tiempo. Y el resultado siempre va a ser polémico. Siempre. Porque el UCM es lo bastante diverso como para que cada fan tenga su propia jerarquía emocional. Tu Infinity War puede ser mi Endgame, y tu película favorita de la Fase Dos puede ser la que yo saltaría sin pensarlo.
Lo viví hace poco con unos amigos: yo defendiendo Los Guardianes de la Galaxia Vol. 3 como uno de los cierres de trilogía más emotivos del estudio, y ellos mirándome como si hubiera dicho una barbaridad. Acabamos casi dos horas discutiendo. Nadie cambió de opinión. Fue maravilloso.
Eso no es un defecto. Es una de las cosas que hace que el UCM siga siendo tema de conversación después de quince años. Sigue generando debate, sigue importando, sigue provocando ese impulso de escribirle a alguien y decirle: «No me puedo creer que tengas esa en el top cinco.»
Y al final, creo que eso es lo que más me gusta de todo esto. No solo las películas en sí, sino lo que generan. La conversación que abren. La comunidad que construyen. Llevo años hablando de Marvel con amigos, conocidos y completos desconocidos en internet, y cada vez que sale un nuevo ranking o una nueva lista, la discusión vuelve a empezar como si fuera la primera vez.
El UCM lleva más de quince años construyendo algo que va mucho más allá del entretenimiento. Ha creado un lenguaje común, un punto de referencia cultural compartido por millones de personas en todo el mundo. Y aunque no todo lo que ha producido merece un aplauso, el conjunto —ese tapiz enorme y complicado de historias entrelazadas— sigue siendo una hazaña narrativa difícil de replicar. Así que sí: debate el ranking, discrepa, defiende tu favorita con uñas y dientes. Eso también es parte de la magia.

