Lobo es lo mejor de Supergirl — y apenas tiene diez minutos en pantalla

Jason Momoa debuta como Lobo con una actuación que sobresale muy por encima del resto del reparto. El problema es que el personaje acaba siendo un cameo glorificado en lugar de la amenaza real que merecía ser.

✍🏻 Por Mario Ortega

julio 4, 2026
  • Jason Momoa debuta como Lobo en Supergirl con una actuación que sobresale por encima del resto, aunque el personaje acaba siendo más un cameo glorificado que una amenaza real.

  • Según el propio Momoa, la relación entre Lobo y Superman sería la de un moscardón incansable fastidiando al chico más popular del instituto: puro caos contra pura rectitud.

  • Opinión: Un Lobo en solitario con clasificación R podría ser la apuesta arriesgada que el nuevo DCU necesita, aunque conviene no perder de vista los riesgos de que el gamberreo devore al personaje.


Hay personajes que llevan décadas esperando su momento. Algunos porque son difíciles de adaptar; otros porque el estudio nunca supo muy bien qué hacer con ellos. Lobo pertenece de lleno al segundo grupo.

Conviene recordar de dónde sale este cazarrecompensas. Keith Giffen y Roger Slifer lo crearon en 1983 como una sátira de los antihéroes hipermusculados y grimdark que empezaban a devorar los cómics de la época. La broma se les fue de las manos: el público adoró precisamente aquello de lo que la parodia se burlaba. Ese es Lobo, un chiste que se tomó demasiado en serio a sí mismo y triunfó por ello.

Hollywood lo intentó varias veces —hubo proyectos vinculados a nombres como Guy Ritchie o Michael Bay— y ninguno cuajó. Hasta ahora.

Lobo en Supergirl: lo mejor de la película, pero con demasiado poco tiempo en pantalla

Momoa lleva años queriendo interpretar al Último Czarniano. No es un secreto, y cuando por fin lo hace, el resultado es justo lo que uno esperaba: energía desbordante, carisma bruto y una presencia que devora cada escena.

El problema es el de siempre con los secundarios del género: Supergirl no le da suficiente espacio.

Lobo funciona como ese elemento de caos que dinamiza la trama, pero termina sabiendo a aperitivo cuando podría haber sido el plato principal. Hay chispa entre él y Kara Zor-El —pasan de sacarse de quicio a algo parecido al respeto—, y uno sale del cine con la sensación de que ahí dentro había una película entera sin explorar.

Confieso que llevaba tiempo con ganas de verlo bien hecho en pantalla, y esa media satisfacción escuece un poco más precisamente por lo bien que apunta Momoa.

«Soy solo una molestia para Superman»

En una entrevista con CinemaBlend, Momoa fue directo al describir cómo imagina la dinámica con el Superman de David Corenswet: «Soy solo una molestia. Una simple molestia para Superman.»

Y tiene toda la razón.

Lo interesante de estos dos en los cómics no es que Lobo sea una amenaza física insuperable, sino que es el tipo de problema que el Hombre de Acero no sabe gestionar. No puedes razonar con él. No puedes reformarlo. No puedes encerrarlo, porque siempre vuelve.

Lobo disfruta provocando, empujando límites, viendo cuánto aguanta un código moral inquebrantable antes de empezar a crujir.

El propio Momoa lo resumió con humor: «Él es como, ‘Oh, tío’, como un dolor de cabeza. Me gustaría pensar que Superman no se rebajaría a ese nivel, pero yo probablemente intentaría tocarle las narices un poco. Y luego no me importaría tener un pequeño encontronazo con él.»

Ese contraste tiene todo el sentido. Corenswet encarna un Superman deliberadamente luminoso, casi de manual clásico. Lobo es el ácido que corroe esa pureza sin llegar a romperla. Pura fricción de tonos.

El caso por una película R de Lobo

Momoa ya ha dejado caer que le encantaría una película en solitario con clasificación R. Y sobre el papel, es de las ideas más sensatas que ha soltado el nuevo DCU.

El precedente lo tenemos delante. Joker demostró que un cómic para adultos puede ser un fenómeno cultural, y el «efecto Deadpool» lleva años recordando a los estudios que el humor irreverente y la violencia con clase venden. Gunn, además, ya probó con The Suicide Squad que DC puede jugar en ese terreno sin perder entretenimiento.

Lobo encaja ahí como un guante: violento, gamberro, con un humor negro que jamás cabría en un PG-13.

Ahora bien, no todo son certezas. El riesgo evidente es que un tono demasiado macarra devore al personaje y lo reduzca a un chiste de dos horas, olvidando que la gracia original de Lobo era reírse de ese tipo de excesos, no rendirse a ellos.

Y queda la pregunta incómoda: ¿cómo encaja un R dentro de un universo compartido que aspira a la familia? Gunn tendrá que hilar fino para que Lobo conviva con el Superman más luminoso en décadas sin que el conjunto chirríe.


La aparición de Momoa en Supergirl es, a la vez, una promesa cumplida y una oportunidad a medias. Cumplida porque el actor entiende al personaje en la médula: la bravuconería, la violencia casi cómica, la energía imparable. A medias porque la película no le da el espacio que merece.

Pero eso, en cierto modo, también es buena noticia. Significa que hay material, hay interés y hay futuro si DC decide apostar fuerte.

Y si esa apuesta incluye ver a Momoa tocarle las narices a Superman durante dos horas, con la cabeza fría y el respeto justo al origen del personaje, hay pocas razones para no ilusionarse.


Valenciano de corazón, fan de DC y de los desayunos largos. Me gusta el cine que emociona, pero más aún el que te deja pensando.

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