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Robert Downey Jr. ha confesado que los papeles de Capitán América y Doctor Strange fueron los más difíciles de sacar adelante en todo el MCU.
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Opinión: llevar la bondad absoluta de Steve Rogers a la pantalla sin que suene a cursilería es, de largo, uno de los mayores logros interpretativos de este universo.
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Chris Evans y Benedict Cumberbatch están confirmados para Avengers: Doomsday, donde se medirán a un Doctor Doom que llevará la cara de Tony Stark… un giro que en los cómics tiene más sentido del que parece.
Hay algo que me fascina de los actores que han levantado el MCU desde los cimientos: que muchos de ellos ni siquiera eran la primera opción para su papel. Y aun así, algunos han acabado siendo absolutamente insustituibles. Cuando piensas en Steve Rogers, piensas en Chris Evans. Cuando piensas en Stephen Strange, piensas en Cumberbatch. No hay vuelta de hoja.
Pero, ¿alguna vez te has parado a pensar en lo difícil que fue, de verdad, hacer que esos personajes funcionasen? Porque no todos los superhéroes son igual de complicados de trasladar a la pantalla. Y resulta que quien mejor lo sabe es, precisamente, el hombre que lo vio todo desde dentro: Robert Downey Jr.
En una entrevista reciente recogida por CBR, el actor que en 2008 puso en marcha toda esta maquinaria con Iron Man habló sin filtros sobre cuáles considera los personajes más complicados de interpretar dentro del MCU. Y su respuesta fue tan honesta como inesperada: Capitán América y Doctor Strange.
No Thor. No Hulk. No el propio Iron Man.
Cap y Strange.
Y cuanto más lo piensas, más razón tiene.
El peso de ser el bueno de verdad
El problema con Steve Rogers no es que sea fuerte o que lleve un escudo. El problema es que es bueno. Bueno de verdad, sin matices grises, sin un trauma que justifique su heroísmo, sin agenda oculta. Es el chaval de Brooklyn que nunca perdió su brújula moral, ni siquiera cuando le metieron el suero del supersoldado.
Y hacer eso creíble en 2011, en plena resaca de The Dark Knight, cuando todos pedíamos superhéroes oscuros y atormentados, era una apuesta arriesgadísima.
Os confieso una cosa: yo fui de las escépticas. Cuando anunciaron a Evans, mi primera reacción fue «¿el Antorcha Humana de los Cuatro Fantásticos haciendo del Capi?». Me temía un bloque de músculos con cara de anuncio de dentífrico. Y menos mal que me equivoqué.
Porque Chris Evans lo consiguió. No sé exactamente cómo, pero lo consiguió. Convirtió la honestidad de Rogers en algo que te partía el alma en lugar de hacerte poner los ojos en blanco. Para cuando llegamos al final de Endgame, Steve Rogers era el corazón emocional de todo el universo. No el más poderoso, no el más listo. El más humano.
Downey lo resume mejor de lo que yo podría hacerlo:
«Creo que los dos personajes más difíciles de ejecutar fueron lo que Evans hizo con Cap. Y luego Cumberbatch con Strange, porque te preguntabas: ‘¿De verdad van a poder con esto?’ Porque en los cómics funciona. Pero ellos tenían que mantener esa credibilidad en el mundo real y también en el mundo de la magia y la hechicería.»
El salto al multiverso mágico
El caso de Doctor Strange es distinto, pero igual de peliagudo.
Cuando llegó su película en 2016, el MCU era un universo de física cuántica, trajes de tecnología imposible y aliens con flotas espaciales. Todo tenía una explicación científica, o al menos una que sonaba a ciencia.
Y de repente aparece Stephen Strange hablando de dimensiones alternativas, hechizos y el Ojo de Agamotto como si tal cosa.
Lo que tenía que lograr Cumberbatch era, básicamente, convencer al público de que la magia era tan válida dentro de ese universo como la armadura de Iron Man. Tenía que ser arrogante sin caer en antipático, vulnerable sin perder autoridad, y guiarnos por un terreno narrativo completamente nuevo sin que perdiéramos el hilo.
Y lo hizo. Con esa pose de neurocirujano reconvertido en hechicero que todavía me parece uno de los arcos de personaje más sólidos de toda la saga.
Eso sí, con Doctor Strange en el Multiverso de la Locura tengo sentimientos encontrados. Que Sam Raimi le imprimiera su sello de terror me pareció un soplo de aire fresco, pero convertir a Wanda en villana de usar y tirar, después del trabajazo emocional de WandaVision, sigue siendo una de mis mayores frustraciones con el MCU reciente. Ahí Marvel sacrificó a un personaje entero por conveniencia de guion, y eso me duele.
El elefante en la sala: Doctor Doom con cara de Tony Stark
Todo esto cobra otra dimensión cuando recuerdas que Downey está a punto de volver al MCU. No como Tony Stark. Como Victor Von Doom, el Doctor Doom.
Y tanto Evans como Cumberbatch van a estar en Avengers: Doomsday enfrentándose a él.
Y aquí es donde el corazón de los cómics me empieza a latir fuerte. Porque Victor Von Doom no es un villano cualquiera: es genio y magia a partes iguales, el heredero de una estirpe gitana de Latveria que aprendió hechicería y ciencia por igual, y cuyo rostro desfigurado esconde tras esa máscara de acero que se convirtió en su seña de identidad. En las viñetas, Doom es tan orgulloso que llegó a fabricarse Doombots, réplicas suyas, y a suplantar identidades ajenas en más de una ocasión. Que ahora lleve la cara de Stark no es tan descabellado: en un multiverso donde todo es posible, un Victor Von Doom con el rostro de otro hombre encaja perfectamente en la lógica del personaje. Y, siendo justos, no hay mejor manera de retorcer el cuchillo emocional.
Imagina la escena: los héroes que mejor representan la integridad moral (Cap) y la magia (Strange) del MCU, cara a cara con el villano que porta el rostro de quien fue su compañero, su amigo, el hombre que se sacrificó por todos ellos.
Marvel aún no ha explicado cómo va a resolver eso narrativamente. Pero reconozcamos que es un punto de partida con un potencial dramático brutal.
En definitiva, Downey tiene razón. No todos los superhéroes exigen el mismo tipo de valentía actoral. Hay personajes que se defienden solos por su oscuridad, su poder o sus traumas. Pero hacer que un hombre genuinamente bueno resulte creíble, o que la magia encaje en un universo de tecnología, eso es otro nivel.
Y si algo sigue demostrando este universo, a pesar de sus altibajos —y vaya si los ha tenido—, es que cuando acierta con el casting y con la interpretación, es capaz de crear personajes que se te quedan grabados para siempre. Steve Rogers y Stephen Strange son la prueba. Y yo, con toda mi capacidad crítica intacta, sigo emocionándome cada vez que suena el tema de Cap. No me avergüenza nada.

