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Fecha confirmada: Lionsgate ha fijado el 24 de septiembre de 2027 como fecha de estreno de la nueva entrega de El Proyecto de la Bruja de Blair, con el emergente Dylan Clark al frente de la dirección.
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El equipo fundador regresa: Eduardo Sánchez, Daniel Myrick y parte del reparto original de 1999 se suman como productores ejecutivos, una decisión que va más allá del simple reclamo publicitario.
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Opinión: La alianza entre Blumhouse, Atomic Monster y los creadores originales invita a un optimismo prudente, pero la historia del cine nos enseña que el legado rara vez sobrevive intacto a su propia revisión.
Hay películas que cambian las reglas del juego. No por sus presupuestos desorbitados ni por su despliegue de efectos, sino por la audacia de su concepto y la honestidad de su ejecución. El Proyecto de la Bruja de Blair fue, en 1999, exactamente eso: una anomalía cinematográfica que tomó al espectador completamente desprevenido y le hizo dudar, durante un instante, de la frontera entre la ficción y la realidad.
Lo recuerdo bien. Por entonces escribía mis primeras reseñas en foros de cinéfilos, y ningún estreno generó tanta conversación encendida como aquel. Internet era todavía un territorio joven y crédulo, y muchos discutíamos en serio si aquellas imágenes eran reales. Fue, quizás, la última vez que el cine logró engañarnos colectivamente.
Ahora, casi tres décadas después, Lionsgate anuncia una nueva entrega. La noticia llegó acompañada de un teaser críptico, fiel al espíritu perturbador del original. Y la pregunta que cualquier cinéfilo con memoria se formula de inmediato es inevitable: ¿podrá este nuevo capítulo estar a la altura de lo que fue?
Para entender el peso del anuncio, conviene recordar lo que supuso el filme original. Dirigido por Eduardo Sánchez y Daniel Myrick con un presupuesto irrisorio, El Proyecto de la Bruja de Blair se convirtió en un fenómeno mundial. Fue una de las primeras producciones en emplear internet como herramienta de marketing, confundiendo deliberadamente al público sobre la naturaleza de lo que veía.
El formato found footage —que ya existía antes, justo es reconocerlo— encontró aquí su primer gran altavoz popular. Antes de que el género se desgastara hasta la médula con decenas de imitadores sin ambición, Blair Witch demostró que el miedo más eficaz es el que la cámara nunca llega a mostrar del todo.
Pienso en ese plano final, el de Mike de pie e inmóvil contra la pared del sótano, dándonos la espalda, mientras la cámara cae al suelo. No hay bruja, no hay monstruo, no hay sangre: solo una sugerencia atroz que la mente del espectador completa por sí sola. O en aquella confesión a cámara de Heather, el rostro descompuesto y la nariz arrasada por el llanto, rogando perdón ante lo inevitable. El horror no se enseñaba; se insinuaba. Un principio que Hitchcock dominaba a la perfección, y que Kurosawa entendía cuando confiaba más en lo que ocurre fuera de campo que en lo que muestra el encuadre.
El equipo que se pondrá manos a la obra
La dirección recae en Dylan Clark, un cineasta emergente que se ha dado a conocer gracias a su cortometraje Portrait of God, una pieza que causó suficiente impresión en Hollywood como para que Jordan Peele y Sam Raimi se involucren en su adaptación a largometraje. Que dos talentos de ese calibre apuesten por él dice algo, aunque no lo diga todo.
El guion corre a cargo de Chris Thomas Devlin. La producción reúne nombres de peso: Jason Blum, artífice de Blumhouse —responsable de títulos como Déjame salir o La Purga—, y James Wan, fundador de Atomic Monster y padre de Expediente Warren. La distribución correrá a cargo de Lionsgate, con estreno previsto para el 24 de septiembre de 2027.
El gesto que más importa
De todo lo anunciado, hay un detalle que merece especial atención: la incorporación de Eduardo Sánchez, Daniel Myrick, el productor original Gregg Hale y los actores Joshua Leonard y Michael C. Williams como productores ejecutivos.
No es un gesto vacío. James Wan fue explícito al respecto: «Conseguir la bendición e implicación de las personas originales era algo muy importante para todos nosotros. Queríamos rendir respeto al legado de todo aquello». En el cine, las palabras hermosas no siempre se traducen en decisiones artísticas valientes. Pero este nivel de implicación del equipo fundador es, cuando menos, una señal de buena voluntad que no conviene ignorar.
Incertidumbre razonable
Y, sin embargo, el entusiasmo debe administrarse con cautela. La historia del terror está plagada de secuelas que prometieron honrar un legado y acabaron sepultándolo bajo capas de efectismo y guiones precipitados. La continuación directa Book of Shadows: Blair Witch 2 (2000) fue un recordatorio doloroso de lo que ocurre cuando la maquinaria comercial se apodera de un concepto genuinamente frágil.
El propio Dylan Clark, por prometedor que sea, tiene mucho que demostrar en el formato largo. El salto del cortometraje al largometraje —especialmente en una franquicia con semejante carga de expectativas— es uno de los más traicioneros del oficio.
Lo que está en juego
Quizás lo más interesante del anuncio sea la ambigüedad creativa que lo envuelve. Se ignora si la nueva entrega expandirá la mitología de la bruja, reinventará el formato found footage —que bien podría exigir una revisión profunda— o tomará una dirección por completo inesperada.
Esa incertidumbre, en sí misma, es fiel al espíritu del original: una obra que jamás reveló más de lo necesario y que halló en la sugerencia su arma más poderosa.
El 24 de septiembre de 2027 queda aún lejos, y en este oficio el tiempo es traicionero. Proyectos impecables sobre el papel se desmoronan en el camino, y anuncios recibidos con escepticismo terminan por sorprender a propios y extraños.
Pero seamos honestos: resucitar un concepto tan frágil como este es jugar con fuego. Blair Witch funcionó precisamente porque era pobre, imperfecta y genuina; porque nadie esperaba nada de ella. Devolverla a la vida con el respaldo de dos imperios del terror moderno entraña un riesgo que ninguna buena voluntad puede conjurar del todo: el de pulir hasta la asfixia aquello cuya grandeza residía justamente en su aspereza.
Mientras esperamos, conviene volver al original. Recuperarlo. Recordar por qué funcionó con tan poco. La mejor forma de calibrar si un nuevo capítulo está a la altura es conocer a fondo el listón que aspira a superar. Y ese listón, casi treinta años después, sigue siendo asombrosamente alto.

