La web de AMC colapsó por The Odyssey y hay entradas a 1.000 dólares en reventa

Nolan ha convertido el formato de proyección en un argumento de venta por sí mismo. Cuando alguien paga 1.000 dólares por una butaca, ya no hablamos solo de cine.

✍🏻 Por Lucas Ferrer

junio 7, 2026
  • The Odyssey ha pulverizado el récord de preventas en formato premium de AMC para cualquier película de un gran estudio desde 2022, con la web colapsada durante horas el pasado 4 de junio.

  • Solo 24 salas en todo Estados Unidos pueden proyectar el film en IMAX 70mm, una escasez que ha disparado la reventa hasta los 1.000 dólares por entrada.

  • Universal apostó por una estrategia de marketing pionera, vendiendo la primera tanda de entradas un año antes del estreno y recaudando 1,5 millones de dólares sin haber lanzado siquiera un tráiler completo.

  • Mi opinión: Nolan ha logrado algo al alcance de muy pocos directores: convertir el formato de proyección en un argumento de venta por sí mismo. Cuando alguien paga 1.000 dólares por una entrada de reventa, ya no hablamos solo de cine. Hablamos de un fenómeno cultural.


Hay películas que generan expectación. Y luego hay películas que tumban páginas web, colapsan servidores y hacen que la gente espere una hora en una cola virtual para conseguir una butaca. Si eres aficionado a los datos de taquilla como yo, presenciar este segundo tipo de fenómeno es como avistar un unicornio: sabes que existe, pero cuando lo ves de verdad, te quedas con la boca abierta.

Eso es exactamente lo que acaba de hacer The Odyssey, la nueva película de Christopher Nolan. Y lo más llamativo es que todavía falta más de un mes para su estreno. Cuando las cifras empiezan a contar esta clase de historia antes de que caiga el telón, merece la pena sentarse y prestar atención.


El pasado 4 de junio de 2026, Universal Pictures puso a la venta las entradas en formato premium para The Odyssey: IMAX 70mm, Dolby Cinema y Prime en AMC. El resultado fue predecible para cualquiera que conozca a Nolan, pero impresionante igualmente: la web de AMC se cayó. Y no durante unos minutos, sino lo suficiente como para que algunos usuarios esperasen hasta una hora en la fila virtual antes de poder confirmar su compra.

Según datos recogidos por Deadline, las preventas del primer día en formato PLF (Premium Large Format) fueron las más altas que AMC ha registrado para cualquier película de un gran estudio desde 2022. Pero aquí viene el dato que a mí me parece más revelador: esas ventas premium superaron incluso las preventas en formato estándar de los últimos cuatro años. Es decir, la gente no solo quiere ver esta película. Quiere verla en el mejor formato posible y está dispuesta a pagar por ello.

Para ponerlo en contexto: en una industria donde el streaming se ha comido buena parte del consumo y donde muchos estrenos pelean por llenar salas, que un título dispare las preventas premium meses antes del estreno es una rareza estadística. Es el tipo de cifra que, cuando la ves en una hoja de cálculo, te hace dudar de si te has equivocado al teclear.


Ahora bien, ¿por qué hay tanta demanda y tan poca oferta? La respuesta es sencilla y algo frustrante: en todo Estados Unidos, únicamente 24 salas están equipadas para proyectar The Odyssey en IMAX 70mm. Veinticuatro. Para un país de más de 330 millones de habitantes.

Esa escasez ha convertido las entradas en un bien casi de lujo. En los mercados de reventa, algunas alcanzan los 1.000 dólares. Sí, has leído bien. Mil dólares por ver una película en el cine. A estas alturas ya no sé si estamos hablando de cinéfilos o de inversores en activos alternativos.


Lo interesante es que Universal no llegó a este momento por casualidad. La estrategia empezó mucho antes. En julio de 2025, más de un año antes del estreno previsto para el 17 de julio de 2026, la distribuidora puso a la venta una primera tanda de entradas IMAX 70mm. Aquella jugada generó 1,5 millones de dólares y, lo más valioso en términos de marketing, creó conversación y anticipación desde el primer minuto.

Es una táctica que, vista desde los datos, funciona de maravilla: estableces el film como un evento antes de que nadie lo haya visto, creas una comunidad de espectadores comprometidos y mandas una señal clarísima al mercado. Esto no es una película más. Es una experiencia.


Y parte de esa experiencia tiene nombre: Christopher Nolan. El director lleva desde El caballero oscuro (2008) apostando por el IMAX como herramienta narrativa, no como simple espectáculo. Con Interstellar lo consolidó. Con Oppenheimer lo confirmó. Ahora, con The Odyssey, da un paso más: es la primera película de la historia rodada íntegramente con cámaras IMAX 70mm.

El nivel de ambición técnica es tal que el propio Nolan asesoró a Ryan Coogler para que rodase Sinners en el mismo formato. Cuando un director convierte su método de trabajo en referencia para otros, algo está haciendo muy bien.


El reparto tampoco ayuda a rebajar las expectativas: Matt Damon como Odiseo, Anne Hathaway, Tom Holland, Zendaya, Charlize Theron, Robert Pattinson, Lupita Nyong’o, Jon Bernthal y Benny Safdie. Nolan firma el guion y co-produce junto a su mujer, Emma Thomas. Hay cierta polémica por los acentos americanos en una historia griega clásica, pero, seamos honestos, eso no ha frenado la demanda ni un segundo.


Lo que estamos viendo con The Odyssey no es solo el éxito de una película. Es la confirmación de que, en un mundo donde el streaming domina el consumo audiovisual, el cine en sala puede seguir siendo un evento irresistible si se le da el tratamiento adecuado.

Recuerdo haber seguido casi minuto a minuto las preventas de Oppenheimer, anotando cifras como quien sigue un partido. Pues bien, lo de ahora juega en otra liga. Cuando los datos muestran que la gente colapsa una web, espera una hora en cola y paga 1.000 dólares en la reventa por una butaca, el mercado envía un mensaje muy claro: la experiencia premium tiene un valor que ningún sofá en casa puede reemplazar. Y Nolan, mejor que nadie, sabe exactamente cómo capitalizarlo. El 17 de julio veremos si los números en taquilla están a la altura de todo este ruido previo. Yo, desde luego, ya tengo la calculadora preparada.


Apasionado por los números que cuentan historias, llevo más de 12 años desentrañando qué hay detrás del éxito (o fracaso) en taquilla. Para mí, cada cifra es un reflejo del público y la industria, y me encanta traducir esos datos en análisis claros y sorprendentes.

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