• Steven Spielberg ha elogiado públicamente Obsession, de Curry Barker, un filme de terror rodado con 750.000 dólares que ha superado los 179 millones en taquilla.
• Backrooms, de Kane Parsons, se ha convertido en la película más taquillera de la historia de A24, con 154 millones recaudados en solo dos semanas.
• Spielberg traza un paralelismo entre estos dos debutantes y su propio arranque con Tiburón, cuando convirtió recursos limitados en el mayor éxito de su época.
• Opinión del autor: lo que me fascina no es la cifra, sino lo que revela: que sigue habiendo público para historias que sorprendan, y que el presupuesto nunca fue el ingrediente esencial.
Hay una idea que el cine lleva décadas susurrándonos al oído: que las grandes historias necesitan grandes presupuestos. Que la escala equivale al impacto. Que sin efectos masivos, estrellas de primera fila y un estudio enorme detrás, es imposible mover de verdad a un público.
Y entonces aparece alguien con 750.000 dólares, una idea clara y las ganas de contarla. Y derriba ese argumento de la forma más rotunda posible: con 179 millones en taquilla.
Eso es exactamente lo que ha hecho Curry Barker con Obsession. Y lo que convierte esto en algo más que una noticia de industria es que Steven Spielberg —el hombre que en buena medida dibujó las coordenadas del cine comercial moderno— ha decidido hablar con algo que no se ve a diario en Hollywood: entusiasmo genuino hacia alguien que no es él mismo.
Un maestro que reconoce lo que está pasando
En una entrevista reciente con el medio Pop Drop, Spielberg se refirió a dos jóvenes realizadores que están logrando algo extraordinario en el panorama independiente: Kane Parsons, director de Backrooms, y Curry Barker, responsable de Obsession.
Sus palabras no dejan margen a la duda:
«Me alegro mucho por ellos. Creo que es fantástico, y es estupendo que hayan tenido básicamente muy poco dinero. Especialmente Obsession, con menos de un millón de dólares, y la otra película con quizás diez o nueve, y están funcionando tan bien. Solo puedo aplaudirles. No he visto Backrooms todavía, pero tengo pensado verla. Sí he visto Obsession, y me encantó.»
Pocas frases resumen mejor el momento que vive el cine de género independiente en 2026.
Los números que no deberían existir
Obsession, producida junto a Blumhouse y Focus Features, se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto en septiembre de 2025 antes de llegar a las salas comerciales a mediados de mayo de 2026.
El resultado: más de 179 millones recaudados con un presupuesto de apenas 750.000.
No es solo un éxito. Es la prueba de que algo conectó por encima del marketing, los tráileres y la maquinaria habitual de distribución. Y lo interesante no es cuánto recaudó, sino qué tocó en el espectador para que eso ocurriera. Tanto, que ya figura en las conversaciones previas a la temporada de premios.
Backrooms cuenta una historia parecida, con un origen aún más peculiar. Parsons construyó todo un universo narrativo en su webserie de YouTube antes de que A24 se fijara en él. El resultado fue la película más taquillera del estudio: 154 millones en todo el mundo en solo dos semanas.
Dos creadores llegados desde fuera del sistema. Dos apuestas que ningún análisis de riesgo habría firmado. Y los dos, un fenómeno.
Lo de Barker tiene además algo de poético. Empezó con un canal de humor absurdo llamado that’s a bad idea, pasó por los cortometrajes, llegó al largo con Milk & Serial y aterrizó en Obsession. No es la trayectoria que diseña ningún estudio. Es la de alguien que, simplemente, no paró.
El espejo de una historia que ya conocemos
Es imposible no pensar en Tiburón al escuchar todo esto.
En 1975, un Spielberg veinteañero rodó una película que se le fue de las manos, con problemas técnicos serios y un futuro que muchos daban por hundido. Recaudó 495 millones y fue la más taquillera de la historia… hasta que llegó Star Wars y lo cambió todo.
Me detengo ahí porque me parece revelador. Star Wars —ideas enormes envueltas en un espectáculo sin precedentes— fue justo la que relevó a Tiburón en lo más alto. Dos maneras opuestas de entender el cine, presupuestos incomparables, pero las dos nacidas de una convicción profunda sobre lo que tenían entre manos.
Spielberg lo entiende porque lo ha vivido. Y quizá por eso reconoce en Barker y Parsons algo más que destreza técnica: reconoce esa misma certeza.
Qué viene después
Barker ya trabaja en su siguiente proyecto. Anything But Ghosts se ambientará en el mismo universo que Obsession y contará con Aaron Paul y Bryce Dallas Howard. Todo apunta a que no fue suerte, sino el principio de algo más sostenido.
Y Spielberg, cinco décadas después de Tiburón, sigue atento. Su próxima película, Disclosure Day, es ciencia ficción, protagonizada por Emily Blunt, Josh O’Connor y Colin Firth. Estreno: 12 de junio de 2026.
El título me intriga más de lo que esperaba. Disclosure Day, el «día de la revelación», apela a esa vieja fantasía de que algo oculto —contacto, verdad, otredad— se haga por fin público. Y la ciencia ficción que de verdad me interesa nunca va sobre naves: va sobre qué hacemos con lo que descubrimos de nosotros mismos cuando dejamos de mirar hacia dentro.
Soy de los que pausan Arrival para anotar una frase, o se quedan días dándole vueltas a Her. Por eso un título así, en manos de Spielberg, ya basta para tenerlo en el radar.
Lo que me llevo de todo esto no son los porcentajes de rentabilidad, aunque cueste ignorarlos. Es la idea de que el cine, como sistema, sigue siendo poroso. Que alguien con una historia sólida y la claridad de saber qué quiere decir puede abrirse paso sin pertenecer a ningún club.
Spielberg podría haber ignorado a Barker y a Parsons. Podría haber hablado solo de lo suyo. Pero eligió nombrarlos, aplaudirlos, hacerlos visibles. En una industria donde la atención es el bien más escaso, ese gesto dice algo: que el cine todavía es capaz de sorprender incluso a quienes más saben de él.

