Taika Waititi tiene 3 proyectos con Disney (y uno podría enfurecer a los fans)

Taika Waititi desarrolla 3 proyectos Disney a la vez: Marvel, Star Wars y uno misterioso. ¿Genio en expansión o autor que se diluye en la maquinaria?

✍🏻 Por Alex Reyna

abril 25, 2026

• Taika Waititi estaría desarrollando tres proyectos para Disney de forma simultánea: uno de Marvel, otro de Star Wars y un tercero vinculado a una franquicia que aún no ha sido revelada.

• Me fascina y me inquieta a partes iguales: ¿puede un cineasta mantener su voz propia trabajando en tres universos ajenos al mismo tiempo, o termina convirtiéndose en un engranaje más de la maquinaria?

• El tercer proyecto, según fuentes, podría generar rechazo entre los fans, lo que plantea preguntas incómodas sobre qué estamos dispuestos a aceptar cuando alguien toca nuestras mitologías.


Recuerdo pausar Thor: Ragnarok en la escena donde Hela destroza el martillo de Thor. No por el impacto visual, sino porque me di cuenta de algo: Waititi había conseguido que me importara un objeto mágico de una franquicia de superhéroes del mismo modo que me importó el anillo en El Señor de los Anillos. No por su poder, sino por lo que representaba. Por la pérdida.

Eso es lo que hace Waititi cuando funciona bien. No se limita a dirigir escenas de acción con chistes intercalados. Encuentra el núcleo emocional debajo del espectáculo y lo expone sin vergüenza. Es un equilibrista entre la ironía y la sinceridad, y cuando camina esa cuerda floja sin caerse, el resultado es mágico.

Ahora, según informes recientes, estaría preparándose para caminar tres cuerdas a la vez. Tres proyectos con Disney en desarrollo simultáneo. Y la pregunta que me surge no es tanto «¿podrá hacerlo?», sino «¿debería?».

Cuando el autor se encuentra con la franquicia

Hay una tensión inherente en el cine de franquicias moderno que me recuerda a los debates sobre inteligencia artificial en la ciencia ficción. ¿En qué momento el sistema absorbe al individuo? ¿Cuándo deja de ser una herramienta y se convierte en el amo?

Waititi llegó a Marvel como un outsider. Un cineasta neozelandés que había hecho comedias indie sobre vampiros domésticos y dramas sobre niños maoríes. Le dieron a Thor, un personaje que arrastraba dos películas de solemnidad nórdica sin alma, y lo transformó en algo vivo.

Ragnarok funcionó porque Waititi entendió algo fundamental: la mitología solo importa si importan las personas que la habitan. Despojó a Thor de su martillo, de su pelo, de su hogar. Lo dejó vulnerable. Y en esa vulnerabilidad encontró algo real.

Love and Thunder intentó repetir la magia, pero algo se quebró en el proceso. Quizá fue el exceso de confianza. Quizá fue la presión de las expectativas. O quizá fue simplemente que la fórmula, repetida, dejó de ser sorprendente.

El resultado fue una película que se sentía como un cover de una canción que ya conocías. Tenía todos los elementos correctos, pero le faltaba eso indefinible que hace que algo resuene.

Ahora sabemos que no volverá a Thor. Es una decisión inteligente. Pero entonces, ¿qué proyecto de Marvel tiene entre manos?

El proyecto Marvel: territorio desconocido

Aquí es donde la cosa se pone interesante. Marvel tiene un universo tan vasto que puede permitirse experimentar. Pero también es una maquinaria que ha aprendido a gestionar el riesgo convirtiendo todo en fórmula.

¿Le darán a Waititi algo completamente nuevo? ¿Un rincón del MCU que nadie ha explorado? ¿O será simplemente otro personaje conocido que necesita un lavado de cara?

Me viene a la mente Guardianes de la Galaxia. Cuando James Gunn tomó a un grupo de personajes que nadie conocía y los convirtió en el corazón emocional del MCU. Funcionó porque le dieron libertad. Porque no había expectativas que cumplir, solo historias que contar.

Waititi podría hacer algo similar. Tiene esa capacidad de encontrar humanidad en lo absurdo, de hacer que te importe un mapache que habla o un dios nórdico con crisis existencial.

Pero también está el riesgo de que Marvel, en su búsqueda de replicar éxitos pasados, le pida más de lo mismo con diferente envoltorio. Y ahí es donde la autoría se diluye.

Star Wars: la promesa que nunca llega

El proyecto de Star Wars lleva años flotando en el limbo. Años de anuncios, de especulaciones, de silencios corporativos.

No es culpa de Waititi. Star Wars se ha convertido en un campo de batalla cultural donde cada decisión creativa se disecciona antes incluso de materializarse. Es una franquicia que carga con el peso de generaciones de fans, cada uno con su propia versión de lo que «debería ser».

Pero hay algo en la sensibilidad de Waititi que podría funcionar extraordinariamente bien en esa galaxia lejana. Dirigió el episodio final de la primera temporada de The Mandalorian, y captó perfectamente esa mezcla de western espacial y emoción genuina que define a Star Wars en su mejor momento.

El problema es la tensión entre lo que Star Wars es y lo que Waititi hace. Star Wars, en su ADN, es mitología seria con momentos de ligereza. Waititi es ligereza con momentos de seriedad. Cuando esos dos enfoques se encuentran en el punto medio exacto, obtienes magia. Cuando no, obtienes algo que no satisface a nadie.

Me recuerda a los debates sobre The Last Jedi. Una película que intentó deconstruir la mitología de Star Wars y dividió a la audiencia en dos. No porque fuera mala, sino porque desafió expectativas sobre lo que esa galaxia debía ser.

Waititi podría hacer algo similar. O podría encontrar ese equilibrio perfecto entre respeto y reinvención. El tiempo dirá.

El tercer misterio: lo que nadie pidió

Y luego está ese tercer proyecto. El misterioso. El que supuestamente podría molestar a los fans.

Las especulaciones son infinitas. ¿Una nueva versión de algún clásico animado? ¿Algo relacionado con Pixar? ¿Una franquicia dormida que nadie pidió revivir?

Lo fascinante no es qué IP será, sino qué nos dice sobre nosotros como audiencia. Porque esa frase —»los fans podrían no estar muy contentos»— revela algo incómodo: hemos llegado a un punto donde ciertas historias se sienten como propiedad colectiva, no como obras abiertas a reinterpretación.

Pienso en Dune de Villeneuve. Cuando se anunció, hubo escepticismo. La novela de Herbert era considerada inadaptable. Lynch lo había intentado y el resultado fue divisivo. Pero Villeneuve entendió que adaptar no es replicar, es traducir. Encontró su propia voz dentro del universo de Herbert.

Waititi podría hacer algo similar con ese tercer proyecto. Tomar algo familiar y encontrar un ángulo que nadie había considerado. Su cortometraje navideño para Disney, Best Christmas Ever, demostró que puede trabajar con material familiar y encontrar algo genuino en él.

Pero también está el riesgo de que ese proyecto sea precisamente lo que los fans temen: una deconstrucción irónica de algo que prefieren intocado. Y ahí es donde la cosa se complica.

La pregunta que importa

Más allá de los títulos específicos, hay una cuestión más profunda: ¿puede existir la autoría dentro de la franquicia?

Es una pregunta que la ciencia ficción ha explorado de mil formas. Blade Runner preguntaba si los replicantes podían tener alma propia o si eran solo ecos de sus creadores. Her exploraba si una inteligencia artificial podía desarrollar identidad más allá de su programación.

Waititi existe en ese espacio intermedio. No es un director anónimo ejecutando órdenes del estudio, pero tampoco es completamente independiente. Negocia constantemente entre su voz y las expectativas corporativas.

A veces gana esa negociación. Ragnarok es prueba de ello. A veces pierde. Love and Thunder también.

Tres proyectos simultáneos es mucho. Es una apuesta enorme. Significa confianza, pero también el riesgo de diluirse. De convertirse en marca en lugar de autor.

Lo que esto dice sobre nosotros

Vivimos en una era donde el cine de gran presupuesto está casi completamente dominado por franquicias. Donde la propiedad intelectual vale más que las ideas originales. Donde los universos compartidos son la norma y las historias autoconclusivas la excepción.

En ese contexto, cineastas como Waititi son experimentos vivos. Puentes entre la autoría y el entretenimiento masivo. Entre la visión personal y la expectativa colectiva.

Y lo que hagamos con ellos —cómo respondamos a sus experimentos, qué celebremos y qué rechacemos— dirá mucho sobre qué tipo de historias queremos que nos cuenten.

¿Queremos que nos sorprendan, o queremos que confirmen lo que ya sabemos que nos gusta? ¿Estamos dispuestos a que toquen nuestras mitologías, o preferimos que permanezcan intocadas?

No tengo respuestas definitivas. Pero sí sé que vale la pena hacer las preguntas.

Porque al final, el futuro de Waititi en Disney no es solo sobre él. Es sobre todos nosotros. Sobre qué tipo de cine queremos que exista. Sobre si hay espacio para la voz personal en la era de los universos compartidos.

Y eso, me parece, es algo en lo que vale la pena detenerse a pensar.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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