- Junio de 2026 ofrece siete propuestas de terror repartidas entre cines, plataformas de streaming y vídeo bajo demanda, con géneros que van desde el cine de criaturas hasta el drama sobrenatural de corte festivalero.
- Títulos como Leviticus —historia de amor queer aclamada en festivales— y Strung —debut en el terror de Malcolm D. Lee con Jason Blum al frente de la producción— apuntan a ser lo más destacado del mes.
- En mi opinión, Leviticus es el estreno que merece un círculo rojo en el calendario: mezclar el horror sobrenatural con una historia afectiva honesta es la clase de riesgo que el género necesita y que pocas veces se atreve a asumir.
El terror ha sido siempre uno de los géneros más honestos del cine. Donde otros géneros disimulan sus costuras, el terror las exhibe sin pudor: o funciona, o no funciona. No hay término medio. Hitchcock lo sabía bien cuando construía la tensión en Los pájaros: recuérdese esa escena prodigiosa de los columpios, con Tippi Hedren fumando de espaldas mientras, plano a plano, los cuervos se van acumulando en la estructura del patio del colegio sin que ella lo advierta. El horror no estaba en el ataque, sino en la quietud que lo precedía. El buen cine de terror no asusta por lo que muestra, sino por lo que sugiere. Y aunque el género ha vivido décadas más gloriosas, junio de 2026 llega con una selección que, al menos sobre el papel, promete cierta variedad de propuestas dignas de atención.
Desde la pantalla grande hasta los servicios de streaming, el mes trae consigo siete títulos que abarcan un espectro amplio del género: criaturas, venganza, amor sobrenatural, brujería y misterio psicológico. No todos serán obras mayores —pocas veces lo son—, pero en el cine de terror uno aprende a valorar también la honestidad del espectáculo cuando está bien ejecutado. A continuación, un repaso a lo más destacado que ofrece este mes para los amantes del género.
Hungry — En cines (Signature Entertainment)
Empecemos por la propuesta más descarnadamente lúdica del mes. Hungry, dirigida por James Nunn, es una película sobre hipopótamos que atacan a un grupo de turistas durante un paseo en barca por un bayou, esos pantanos cenagosos del sur de Estados Unidos que tan bien conocemos por el cine negro de serie B. Sí, han leído bien. Hipopótamos.
Hay algo admirable en la desfachatez de una premisa así. El cine de serie B tiene una tradición larga y, a su manera, honesta: desde los monstruos de la Universal hasta las criaturas de Roger Corman, el género siempre ha sabido que el espectáculo descarado tiene su propio valor. Nunn apuesta por los efectos prácticos, lo cual ya es una declaración de intenciones en tiempos de CGI omnipresente. El resultado apunta a una experiencia veraniega gamberra y directa, sin pretensiones innecesarias.
Hacked: A Double Entendre of Rage Fueled Karma — VOD (Scatena & Rosner Films)
El cine independiente tiene la virtud de poder permitirse la rabia sin filtros. Hacked es una película de venganza creada por el matrimonio formado por Shane Brady y Emily Zercher, con una premisa tan directa como su título: alguien cae víctima de una estafa y alguien va a pagar por ello, con sangre de por medio.
El tono mezcla lo absurdo con el humor negro y la satisfacción de la justicia poética. Es el tipo de cine que nace de las tripas, no de los presupuestos. Y aunque no es precisamente el universo de Wilder, hay que reconocer que cuando el cine independiente funciona con esta clase de energía furiosa, tiene una vitalidad que el cine de estudio rara vez puede igualar.
Find Your Friends — Shudder, 12 de junio
Izabel Pakzad lleva su ópera prima a Shudder con una película de terror y venganza ambientada en el desierto. El reparto incluye a Helena Howard, Bella Thorne, Zión Moreno, Chloe Cherry y Sophia Ali, y la historia explora la dinámica entre un grupo de amigas antes de que el conflicto con los lugareños desemboque en algo mucho más oscuro.
El desierto como escenario del terror tiene una tradición propia y una aridez visual que puede resultar demoledora cuando está bien empleada. Lo interesante aquí es que Pakzad parece construir primero las relaciones entre personajes antes de desatar el caos, lo cual, bien ejecutado, marca la diferencia entre un thriller competente y algo que realmente deje huella.
Rose of Nevada — Cines, 19 de junio (1-2 Special)
Mark Jenkin es un nombre que merece atención. Su trabajo previo ha demostrado una sensibilidad singular para el cine de autor con vocación de género. Rose of Nevada cuenta con George MacKay y Callum Turner en una aventura surrealista que mezcla géneros y viajes en el tiempo, dirigida a un público dispuesto a dejarse sorprender.
Es el tipo de propuesta que en los festivales despierta tanto entusiasmo como perplejidad. Y eso, en mi experiencia como espectador de muchos años, suele ser buena señal. El cine que descoloca en su primer visionado tiende a crecer con el tiempo. Jenkin no es un director que busque la comodidad del espectador, y eso hay que agradecerlo.
Leviticus — Cines, 19 de junio (Neon)
Este es, probablemente, el título que más me llama la atención de este mes. Leviticus, escrita y dirigida por Adrian Chiarella, es una historia de amor queer entre dos jóvenes acechados por monstruos. Presentada en festivales y elogiada tanto por su tono como por sus sustos, la película parece combinar el terror genuino con una sensibilidad emocional que raramente se encuentra en el género.
Su premisa me trae a la memoria cierto cine de terror que entiende el monstruo como metáfora de lo que asusta dentro de uno mismo, en la estela de un Guillermo del Toro o del primer Cronenberg, donde la criatura nunca es solo una criatura. La ambición de entretejer el horror sobrenatural con una historia afectiva honesta y sin concesiones es, cuando menos, prometedora. Chiarella es un nombre a seguir muy de cerca.
Camp — Cines, 26 de junio (Dark Sky Films)
Avalon Fast escribe y dirige esta propuesta sobre brujería ambientada en un campamento de duelo para mujeres jóvenes. La fotografía, según se describe, es exuberante, y el reparto está encabezado por Zola Grimmer.
El campamento de verano como escenario del terror tiene una historia propia, no siempre gloriosa. Pero cuando el género se toma en serio la textura visual y la construcción de personajes femeninos complejos, los resultados pueden ser notables. Camp parece apostar por la atmósfera antes que por el susto fácil, lo cual siempre es un punto de partida inteligente.
Strung — Peacock, 26 de junio
Cerramos el mes con el título de mayor envergadura comercial: Strung, debut en el terror de Malcolm D. Lee, con Chloe Bailey en el papel de una violinista que se enfrenta a oscuros secretos. Los productores son Tyler Perry y Jason Blum —dupla que despierta cierta curiosidad sobre el tono final del resultado—, y el reparto incluye a Lynn Whitfield, Lucien Laviscount, Anna Diop y Coco Jones.
Blum tiene un olfato indiscutible para el terror popular. La música clásica como elemento perturbador tiene precedentes ilustres: piénsese en el modo en que Kubrick deja sonar el inquietante vals y los acordes disonantes mientras la cámara recorre en travelling los pasillos vacíos del hotel Overlook en El resplandor. Ahí el sonido no acompaña la amenaza, es la amenaza. Veremos si Strung sabe extraer ese mismo poder de su violín.
Junio de 2026 no será, seguramente, un mes que pase a los anales del género. Pero la variedad de propuestas —desde la gamberrada criaturesca de Hungry hasta la ambición emocional de Leviticus, pasando por el debut de Lee en el terror— habla de un ecosistema vivo, diverso y, en ocasiones, genuinamente interesante. El terror, cuando se practica con honestidad y oficio, sigue siendo uno de los géneros más capaces de revelar verdades sobre la condición humana.
Lo que queda claro, una vez más, es que el buen cine de terror no depende del presupuesto ni de la plataforma que lo distribuya. Depende de si alguien, detrás de la cámara, tiene algo que decir y sabe cómo decirlo. Ese era el criterio que aplicaban Hitchcock y Kubrick, y es el criterio que cualquier director debería aplicar independientemente del género en el que trabaje. Toca esperar a que las películas hablen por sí mismas.

