• Paul Thomas Anderson ganó el premio del Sindicato de Directores, lo que históricamente predice con gran precisión quién se llevará el Oscar a Mejor Director
• En 97 años de historia de los Oscar, ningún director negro ha ganado jamás el premio a Mejor Director, a pesar de que varios de sus filmes sí ganaron Mejor Película
• La victoria de Anderson, aunque merecida, cierra probablemente la ventana para que Ryan Coogler rompa esta barrera histórica con «Sinners»
Hay momentos en los que el cine nos obliga a mirar más allá de la pantalla. Momentos en los que las estadísticas dejan de ser números fríos y se convierten en espejos incómodos de quiénes somos. La temporada de premios de 2026 nos ha regalado uno de esos momentos: «Sinners» de Ryan Coogler ha conseguido 16 nominaciones al Oscar, rompiendo todos los récords históricos.
Y sin embargo, hay algo que pesa más que cualquier cifra.
Porque mientras celebramos los números, existe una ausencia que lleva casi un siglo resonando en el Dolby Theatre. Una ausencia tan evidente que resulta casi imposible ignorarla. Y ahora, con la victoria de Paul Thomas Anderson en los premios del Sindicato de Directores, esa ausencia probablemente se extenderá al menos un año más.
La Predicción Que Casi Nunca Falla
El 7 de febrero de 2026 marcó un punto de inflexión en la carrera hacia los Oscar. Paul Thomas Anderson se alzó con el premio del Sindicato de Directores de América por «One Battle After Another», y con ese galardón llegó algo más que un trofeo: llegó la certeza estadística.
Desde 2010, el premio del DGA ha predicho correctamente al ganador del Oscar a Mejor Director en todos los casos salvo tres. Es una correlación tan fuerte que resulta difícil ignorarla.
Anderson lleva toda la temporada como favorito. Con 11 nominaciones previas al Oscar y tres a Mejor Director sin haber ganado nunca, muchos consideran que este es finalmente su año. Y probablemente lo sea. Merecidamente, además.
Pero hay algo más grande en juego aquí.
97 Años De Una Ausencia Inexplicable
Aquí está el dato que debería hacernos pausar, como cuando detienes Arrival para apuntar una frase que te golpea: en 97 años de historia de los Oscar, ningún director negro ha ganado jamás el premio a Mejor Director.
Ninguno.
Solo seis directores negros han sido nominados en toda la historia de la Academia: John Singleton, Lee Daniels, Steve McQueen, Barry Jenkins, Jordan Peele, Spike Lee, y ahora Ryan Coogler.
Lo más frustrante es que algunos de estos cineastas dirigieron películas que sí ganaron Mejor Película. «12 Years a Slave» de McQueen se llevó el máximo galardón, pero el Oscar a Mejor Director fue para Alfonso Cuarón por «Gravity». «Moonlight» de Jenkins ganó Mejor Película en aquella ceremonia caótica que todos recordamos, pero Damien Chazelle ganó por «La La Land».
Es como si la Academia dijera: «Sí, reconocemos que esta es la mejor película del año, pero el mérito de dirigirla… bueno, eso es otra cosa».
Me recuerda a esos sistemas de inteligencia artificial en las distopías que vemos en el cine: programados con sesgos invisibles, perpetuando patrones sin cuestionarlos. La diferencia es que aquí no hay código que depurar. Solo decisiones humanas, año tras año.
El Contexto Que No Podemos Ignorar
Para entender la magnitud de esta ausencia, vale la pena mirar el contexto más amplio. Ang Lee se convirtió en el primer director asiático en ganar Mejor Director en 2005. Durante la década de 2010, tres directores mexicanos ganaron cinco Oscars a Mejor Director entre los tres.
Las mujeres, aunque también subrepresentadas, han conseguido tres victorias, dos de ellas en esta década.
El progreso existe. Es real. Pero es desigual, fragmentado, y deja huecos que resultan cada vez más difíciles de justificar.
El Dilema De Este Año
Ryan Coogler todavía podría ganar Mejor Guion Original por «Sinners». Sería un reconocimiento importante, sin duda. Pero no es lo mismo.
El Oscar a Mejor Director no es solo un premio técnico. Es el reconocimiento a la visión completa, a la capacidad de orquestar todos los elementos del cine en una sinfonía coherente. Es decir: «Tú creaste esto. Tú viste algo que nadie más vio y lo hiciste real».
Y después de 97 años, ese reconocimiento específico sigue sin llegar a ningún director negro.
No se trata de quitarle mérito a Anderson. Su trabajo es extraordinario, su carrera es impecable, y si gana será un ganador legítimo. Pero podemos sostener dos verdades al mismo tiempo: Anderson merece ganar, y la ausencia histórica de directores negros en esta categoría es algo que no podemos seguir ignorando.
Me pregunto a veces qué dirán de nosotros dentro de cincuenta años. Cuando miren hacia atrás a esta era del cine, ¿qué verán?
Verán una industria que rompió récords de nominaciones para «Sinners», que celebró la diversidad en sus discursos, que cambió sus reglas de membresía. Pero también verán este número: 97.
Noventa y siete años sin que un director negro ganara el Oscar más importante de su categoría.
Pienso en la ciencia ficción, en cómo siempre ha sido un espejo del presente disfrazado de futuro. En cómo Star Trek puso a Uhura en el puente de mando en 1966, cuando la realidad aún no estaba lista para esa conversación. En cómo Blade Runner nos preguntó qué significa ser humano antes de que tuviéramos que enfrentarnos a esa pregunta de verdad.
El cine, en su mejor versión, nos muestra quiénes podemos ser. Y los premios que le damos deberían reflejar esa misma amplitud de visión.
Ryan Coogler probablemente no será quien rompa esta barrera este año. Pero alguien tiene que hacerlo pronto. Porque cada año que pasa, la estadística se vuelve más incómoda, más difícil de explicar, más imposible de ignorar.
Los Oscar número 100 se acercan. Y con ellos, la pregunta que no podemos seguir posponiendo: ¿qué dice de nosotros que esto siga siendo así?

