• Las principales cadenas de cines estadounidenses exigen a Netflix compromisos concretos sobre cuántas películas de Warner Bros. llegarán realmente a las salas antes de aprobar la fusión.
• Una ventana de 45 días suena bien en el Congreso, pero sin datos sobre número de estrenos, presupuestos de marketing y estrategia de distribución, es papel mojado.
• Esta batalla define el futuro de la exhibición teatral: si Netflix sale adelante con promesas vagas, el resto de gigantes del streaming tomarán nota y los cines perderán su última palanca de negociación.
Cuando Ted Sarandos compareció ante el Congreso estadounidense para hablar de la adquisición de Warner Bros., su mensaje fue claro: todo seguirá igual. Bueno, casi. Netflix respetará una ventana de exclusividad teatral de 45 días antes de llevar las películas a su plataforma. Suena razonable, ¿verdad?
El problema es que los números no cuadran. O mejor dicho, no hay números que cuadrar.
Michael O’Leary, CEO de Cinema United (la organización que representa a AMC, Regal y Cinemark), publicó un artículo en Variety que básicamente dice: «Muy bonito todo, pero queremos datos concretos». Y tiene toda la razón.
Lo que Netflix no está contando
La promesa de los 45 días tiene más agujeros que un guion de película de acción de los 90. Porque lo importante no es solo la ventana de exclusividad, sino todo lo demás: ¿cuántas películas de Warner Bros. tendrán estrenos amplios en más de 2.000 salas? ¿Cuántas irán directamente al streaming? ¿Qué pasa después de esos 45 días?
Son preguntas básicas para cualquier análisis de taquilla. Y no son caprichos: son la diferencia entre un ecosistema cinematográfico saludable y un monopolio disfrazado de «compromiso con la exhibición teatral».
Warner Bros. ha sido históricamente uno de los pilares de la taquilla global. Hablamos de franquicias como DC, Dune, y un catálogo que genera miles de millones anuales en salas de todo el mundo. Si Netflix decide que solo cinco o seis películas al año merecen un estreno amplio y el resto va directo a la plataforma, estamos hablando de un golpe brutal para los exhibidores.
Los cines no pueden planificar inversiones ni negociar con distribuidores si no saben cuánto producto van a tener disponible. Es matemática pura y dura.
El tema del marketing (que nadie menciona)
Hay otro aspecto crucial que a menudo se pasa por alto: el presupuesto de marketing. Netflix es brillante promocionando contenidos dentro de su plataforma, pero promocionar un estreno teatral es un juego completamente diferente.
Requiere campañas tradicionales, publicidad en medios masivos, eventos de prensa… todo ese aparato que cuesta millones pero que es fundamental para que una película funcione en taquilla.
¿Va a invertir Netflix esos millones en películas que solo van a estar 45 días en cines antes de llegar a su plataforma? ¿O va a hacer el mínimo esfuerzo sabiendo que el verdadero negocio está en los suscriptores?
Sin marketing, no hay taquilla. Y sin taquilla, no hay negocio para los cines. Los exhibidores quieren garantías de que Warner Bros. bajo Netflix seguirá apoyando sus estrenos con presupuestos dignos.
YouTube como competidor (y otras narrativas curiosas)
En su testimonio, Netflix afirmó que su principal competidor es YouTube, no otros estudios ni servicios de streaming. Es una declaración que suena más a estrategia legal que a realidad de mercado.
Claro, técnicamente YouTube compite por el tiempo de atención de los espectadores. Pero decir que no compites con Disney+, HBO Max o Amazon Prime Video es como decir que Coca-Cola no compite con Pepsi porque la gente también bebe agua.
Esta narrativa forma parte del intento de Netflix de presentarse como una plataforma de entretenimiento general más que como un estudio tradicional. El problema es que cuando compras Warner Bros., te conviertes en un estudio tradicional, te guste o no.
El precedente que cambia todo
Hay otra dimensión crucial en todo esto: el precedente. Si Netflix consigue adquirir Warner Bros. con promesas vagas y sin compromisos concretos, ¿qué impide que otros gigantes del streaming hagan lo mismo?
Cada adquisición de este tipo reduce el número de estudios comprometidos con la exhibición teatral tradicional. Y cada reducción hace más precaria la situación de los cines. Es un efecto dominó que podría acabar con el modelo de negocio de toda una industria.
Por eso los exhibidores están plantando cara ahora. Saben que esta batalla puede ser la definitiva. Si permiten que Netflix se salga con la suya sin compromisos claros, el resto de la industria tomará nota.
Los números que definirán el futuro
Lo fascinante de todo este asunto es que se reduce a lo de siempre: números y poder de negociación. Netflix tiene el dinero y la influencia para comprar Warner Bros., pero los exhibidores tienen algo que Netflix necesita si quiere mantener la credibilidad de su promesa: miles de pantallas en todo el mundo.
Es un pulso clásico, y por una vez, los cines tienen algo de palanca.
La pregunta no es solo filosófica sobre el futuro del cine. Es matemática: ¿cuántos miles de millones van a desaparecer de las proyecciones de ingresos de los exhibidores? Si los reguladores permiten que esta fusión avance sin compromisos vinculantes sobre número de estrenos, presupuestos de marketing y estrategia de distribución, estarán sentando un precedente que redefinirá la industria durante la próxima década.
Los próximos meses serán decisivos. Y las cifras que salgan de aquí marcarán el camino para todos los demás. Porque al final, cada número cuenta una historia. Y esta historia está lejos de terminar.

