• Warner Bros. ha anunciado siete películas con fechas de estreno entre 2027 y 2028, incluyendo una precuela de Ocean’s con Margot Robbie, Final Destination 7 y un filme de Juana de Arco dirigido por Baz Luhrmann.
• La estrategia de calendario del estudio refleja una comprensión profunda de cómo posicionar productos culturales en el tiempo, algo que dice mucho sobre cómo consumimos historias en la era del streaming.
• Resulta fascinante ver cómo Warner Bros. apuesta por franquicias consolidadas mientras intercala proyectos de autor, un equilibrio que podría definir el futuro del cine de estudio.
Hay algo casi de psicohitoria en la forma en que los estudios de Hollywood planifican el futuro. Como Hari Seldon en Foundation, intentan predecir comportamientos masivos, calcular probabilidades, posicionar cada película en su momento óptimo. Warner Bros. acaba de revelar su calendario cinematográfico para los próximos años, y lo que vemos no es solo una lista de estrenos. Es una declaración de intenciones sobre qué tipo de historias creen que necesitaremos dentro de tres años.
Me recuerda a esas escenas de ciencia ficción donde los planificadores diseñan ciudades del futuro sin saber realmente cómo vivirá la gente en ellas. Aquí estamos, en 2025, y alguien en una sala de juntas está decidiendo qué veremos en las salas oscuras de 2028. Es un acto de fe, pero también de control.
El mapa de Warner Bros.
Durante la CinemaCon, Warner Bros. desplegó su arsenal. Siete películas con fechas concretas, cada una posicionada con precisión quirúrgica.
El estudio llega con viento a favor: la racha más larga de estrenos consecutivos debutando en el número uno, y la mayor cantidad de películas seguidas superando los 40 millones de dólares en su fin de semana de apertura. Son números, pero también síntomas de algo más profundo.
The Revenge of La Llorona abrirá el baile el 9 de abril de 2027. Ocho años después de la original. Casi una década. En el universo de The Conjuring, esto marca el intervalo más largo entre una película y su secuela.
Ocho años es tiempo suficiente para que cambie todo. Pienso en cómo Blade Runner 2049 llegó 35 años después de la original, y cómo ese tiempo no fue un obstáculo sino un activo narrativo. La pregunta es si La Llorona sabrá usar ese intervalo o simplemente lo ignorará.
Pero es el 25 de junio de 2027 cuando las cosas se ponen interesantes. Una precuela de Ocean’s liderada por Margot Robbie. No es una secuela, es un retroceso. Un salto hacia atrás para entender cómo empezó todo.
La colocan justo en medio del verano, entre Spider-Man: Beyond the Spider-Verse y Shrek 5. Es territorio hostil, pero también es una declaración: creemos que esto puede competir con superhéroes y ogros animados.
Las precuelas son un territorio complicado. Star Wars nos enseñó que volver atrás puede ser tan revelador como frustrante. La clave está en si añaden capas de significado o simplemente rellenan huecos que nadie pidió que se rellenaran.
El terror como reloj estacional
Hay un patrón que emerge cuando miras el calendario completo. Final Destination 7 llega el 12 de mayo de 2028, enfrentándose a Marvel, a una película de La Momia con Brendan Fraser dirigida por Radio Silence, y a una secuela live-action de Lilo & Stitch. Es un campo de batalla.
Luego está The Flood, del director Zach Cregger, programada para el 11 de agosto de 2028. Agosto es ese mes extraño donde el verano empieza a desvanecerse pero aún no ha llegado el otoño. Un thriller en ese espacio liminal tiene sentido. Menos competencia, más espacio para respirar.
Pero es Gladys, la precuela de Weapons, la que revela la verdadera estrategia. 8 de septiembre de 2028. Septiembre es cuando el terror funciona. La gente empieza a pensar en Halloween, las noches se alargan, hay algo en el aire.
Colocar una película de terror ahí no es casualidad, es entender los ritmos biológicos de la audiencia. Esta película explorará los años jóvenes de la tía Gladys, personaje que Amy Madigan interpretó con una intensidad que le valió un Oscar.
Volver atrás en el tiempo para entender a un personaje es un movimiento narrativo que me fascina. Es como esas precuelas que funcionan no porque expliquen todo, sino porque añaden capas de significado a lo que ya conocíamos.
Luhrmann y el peso de las expectativas
Y entonces llegamos a la joya de la corona: una película de Juana de Arco dirigida por Baz Luhrmann, programada para el 22 de noviembre de 2028. Justo en plena temporada de premios.
Luhrmann es un director que divide aguas, pero hay un dato que no miente: desde Romeo + Juliet en 1996, cada una de sus películas ha recibido al menos una nominación al Oscar. Moulin Rouge! y The Great Gatsby ganaron dos cada una.
Colocar su Juana de Arco en noviembre es una señal clara: esto no es entretenimiento de verano, es cine con aspiraciones. Es la diferencia entre una película que quiere que te diviertas y una que quiere que recuerdes.
Luhrmann tiene ese don extraño de convertir la historia en espectáculo sin vaciarla de significado. Su enfoque maximalista es casi lo opuesto al minimalismo contemplativo de Denis Villeneuve en Dune, pero ambos comparten algo: la convicción de que el cine puede ser grande sin ser vacío.
Su El Gran Gatsby era excesivo, brillante, casi obsceno en su opulencia, pero debajo latía algo real sobre el sueño americano y su podredumbre. Juana de Arco es un personaje que ha sido interpretado mil veces, desde Dreyer hasta Besson. ¿Qué puede aportar Luhrmann? Probablemente algo que no esperamos.
La arquitectura del deseo
Lo que me fascina de estos anuncios no es tanto las películas en sí, sino lo que revelan sobre cómo los estudios piensan que funcionamos. Cada fecha de estreno es una hipótesis sobre el comportamiento humano.
«En junio de 2027, la gente querrá ver a Margot Robbie robando cosas.» «En septiembre de 2028, estarán listos para asustarse.»
Warner Bros. está apostando por un equilibrio. Franquicias conocidas (Final Destination, Ocean’s, el universo de The Conjuring) mezcladas con proyectos de directores con voz propia (Cregger, Luhrmann). Es el eterno baile entre el arte y el comercio, entre lo seguro y lo arriesgado.
Me pregunto si dentro de tres años, cuando estas películas finalmente lleguen a las pantallas, seguiremos consumiendo cine de la misma manera. El streaming ha cambiado tanto las reglas que planificar estrenos teatrales para 2028 es casi un acto de fe en que las salas seguirán siendo relevantes.
Como cuando pausé Arrival para anotar frases sobre cómo percibimos el tiempo, me encuentro pausando mentalmente ante este calendario. ¿Qué dice sobre nosotros que necesitemos planificar el entretenimiento con tres años de antelación?
El tiempo como materia prima
Hay algo profundamente humano en nuestra necesidad de planificar el futuro, de llenar el vacío del mañana con promesas concretas. Estos anuncios son eso: promesas. Contratos con el futuro que pueden cumplirse o romperse.
Ocho años entre La Llorona y su secuela. Tiempo suficiente para que una generación entera de niños que vieron la primera ahora sean adultos jóvenes. Tiempo suficiente para que el mundo cambie de formas que no podemos predecir.
Y sin embargo, ahí estará, esperando en 2027.
Mientras escribo esto, pienso en todas las veces que he marcado fechas de estreno en mi calendario como si fueran citas ineludibles con el destino. Dune: Part Two, Blade Runner 2049, cada nueva entrega de Star Wars. Algunas cumplieron las expectativas, otras las traicionaron.
Pero el ritual permanece: el anuncio, la espera, la anticipación.
Lo que Warner Bros. nos está vendiendo no son solo películas. Es tiempo estructurado, futuro organizado, esperanza en formato de calendario. Y quizás eso sea lo más cinematográfico de todo: la capacidad del cine para hacer que el futuro parezca no solo posible, sino inevitable.
Nos vemos en 2027, en una sala oscura, esperando que Margot Robbie nos enseñe cómo se roba algo más que dinero. Esperando que Luhrmann nos muestre a Juana de Arco como nunca la hemos visto.
Esperando, siempre esperando, porque eso es lo que hacemos mejor.

