Supergirl se hunde en taquilla: 170 millones gastados, 38 recaudados

Supergirl debuta con solo 38 millones de dólares frente a un presupuesto de 170. Su apertura queda a la altura de Joker: Folie à Deux, uno de los mayores batacazos comerciales recientes de Hollywood.

✍🏻 Por Lucas Ferrer

junio 29, 2026
  • Supergirl ha debutado con apenas 38 millones de dólares en su fin de semana de estreno en EE.UU., una cifra muy lejana de lo que cabría esperar de una superproducción con 170 millones de presupuesto.

  • Su apertura queda a poco más de un millón de la de Joker: Folie à Deux, uno de los mayores batacazos comerciales de la historia reciente de Hollywood.

  • Superman (2025) abrió con 125 millones y rebasó los 618 millones en todo el mundo, lo que convierte el tropiezo de Supergirl en un dolor de cabeza real para la consolidación del nuevo DCU.

Mi opinión: DC Studios se enfrenta a un problema de credibilidad de manual: el éxito de Superman disparó las expectativas, Supergirl no ha sabido sostenerlas, y encadenar decepciones dentro de un universo compartido es la receta más eficaz que conozco para que el público deje de fiarse.


Llevo años mirando las cifras de taquilla con la misma cara que pongo cuando reviso el marcador de un partido en el último minuto: buscando la historia que se esconde detrás del número. Y hay semanas en las que el número grita. Esta es una de ellas. Porque cuando un estudio se gasta 170 millones de dólares en una película y la apertura apenas roza los 38 millones, no hace falta ser un genio de las hojas de cálculo para intuir que algo se ha torcido.

Pero lo que de verdad me hizo levantar la ceja no fue la cifra en sí, sino su acompañante en la comparación. Os confieso que, cuando empecé a cruzar los datos del fin de semana —mi pequeño ritual de domingo, café mediante—, tuve que releer el número dos veces. La apertura de Supergirl en Estados Unidos supera por apenas un millón de dólares a la de Joker: Folie à Deux. Sí, esa Joker 2. La que todos recordamos como uno de los descalabros más sonoros de los últimos años. Si eso no os despierta la curiosidad por saber qué está pasando en el nuevo Universo DC, no sé qué lo hará.


Para medir bien el tamaño del problema, hay que ponerlo en contexto. James Gunn y Peter Safran se embarcaron en la nada sencilla misión de reiniciar el Universo DC desde cero. El primer capítulo, Superman (2025), fue todo lo que podían soñar: 125 millones de apertura en EE.UU. y más de 618 millones recaudados a nivel mundial. Buenas críticas, un CinemaScore de A- y un perro superpoderoso llamado Krypto que se metió a todo el mundo en el bolsillo sin avisar. Un punto de partida de los que dan tranquilidad.

El segundo paso era Supergirl. Protagonizada por Milly Alcock —que ya había asomado brevemente en Superman— y con el mismo Krypto de vuelta, la película adapta la aclamada serie de cómics Supergirl: Woman of Tomorrow. Sobre el papel, los ingredientes pintaban bien.

El problema es que la cocina no siempre responde a la receta. El estreno se cerró con 38 millones de dólares en la taquilla estadounidense, una cifra que en otro contexto podría ser hasta razonable, pero que aquí no lo es ni de lejos: hablamos de un presupuesto de producción estimado en 170 millones, al que hay que sumar los gastos de marketing. Las cuentas, por mucho que las mire, no salen.

Y entonces aparece la comparación incómoda. Joker: Folie à Deux, la secuela de Joaquin Phoenix que costó alrededor de 200 millones de dólares y que pasó a la historia como sinónimo de error de cálculo, abrió con unos 37 millones. Supergirl la adelanta por menos de un millón. Que dos películas tan distintas compartan ese rango de apertura es, como mínimo, una señal de las que hacen sonar las alarmas en los despachos de DC Studios.

Las críticas tampoco han echado un cable. Un 56% en Rotten Tomatoes la deja en zona «podrida» —el término técnico del portal, no mío, aunque lo suscribo encantado—, y el CinemaScore de B- revela que incluso quienes sí pasaron por la taquilla salieron con un entusiasmo más bien templado. Comparado con el A- de Superman, la diferencia es notable, y ese tipo de brecha se traduce directamente en menos boca a boca y en una caída más rápida en las semanas siguientes.

El calendario tampoco invita al optimismo. Toy Story 5 domina la taquilla con 70 millones —y eso después de caer un 56% respecto a su semana de estreno, lo que vuelve a recordarnos que la animación familiar es el puerto seguro al que se aferra el mercado cuando lo demás hace aguas—. Y por delante asoman Captain America: Brave New World, un remake en acción real de Vaiana (Moana) y La Odisea, entre otros. Cada semana que pase será una pelea más encarnizada por no perder pantallas.

Dentro del propio DCU, el siguiente lanzamiento es Clayface, una película de terror sobre el villano de Batman prevista para el 23 de octubre, seguida de Superman: Man of Tomorrow en julio de 2026. Dos nuevas oportunidades para recuperar el impulso perdido.


Los datos de esta semana lanzan un mensaje que la industria haría bien en escuchar: levantar un universo cinematográfico no se sostiene solo con el acierto de la primera película. La confianza del público se parece mucho a un ahorro que cuesta años amasar y que se evapora en un suspiro. DC lo sabe mejor que nadie tras su etapa anterior, y precisamente por eso este traspié escuece más: venía de una posición de fuerza que ahora se ve algo más quebradiza.

Dicho lo cual, un mal estreno no echa el cierre a un universo. Gunn y Safran tienen margen y recursos para reconducir el rumbo antes de que la herida se enquiste. Pero mientras los datos sigan apuntando al barrio de Joker 2 en lugar de al de Superman, el nuevo DCU tendrá que demostrar, semana tras semana y película tras película, que el éxito del año pasado no fue un golpe de suerte. Y en taquilla, ya lo sabéis, los números siempre acaban contando la verdad.


Apasionado por los números que cuentan historias, llevo más de 12 años desentrañando qué hay detrás del éxito (o fracaso) en taquilla. Para mí, cada cifra es un reflejo del público y la industria, y me encanta traducir esos datos en análisis claros y sorprendentes.

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