Spider-Man rozará los 2.000 millones y deja en ridículo al superhero fatigue

Cuando una película de superhéroes revienta las previsiones con 2.000 millones en el horizonte, la palabra «fatiga» pierde todo su sentido. Iman Vellani lo dice alto y claro, y tiene razón, aunque con matices importantes.

✍🏻 Por Clara Domenech

agosto 18, 2026
  • Spider-Man: Brand New Day se encamina hacia los 2.000 millones de dólares en taquilla mundial y, de paso, ha vuelto a poner sobre la mesa la eterna pregunta: ¿existe de verdad el «superhero fatigue»?

  • Iman Vellani lo tiene claro: el público no está harto de los superhéroes, simplemente ha aprendido a exigir más antes de soltar el dinero de la entrada.

  • Opinión: Iman acierta en lo esencial, pero el debate pide matices. No es que el público esté cansado, es que ha madurado. Y eso, os lo digo como fan de toda la vida, es una buenísima noticia.


Hay una frase que se repite como un mantra cada vez que una película de superhéroes pincha en taquilla: «el público está harto». El «superhero fatigue» se ha convertido en el diagnóstico favorito de críticos, analistas y tuiteros cuando algo no funciona. Pero entonces llega Spider-Man, revienta todas las previsiones, y de repente nadie sabe muy bien qué decir.

Porque cuando una película de superhéroes se planta en 2.000 millones de dólares a nivel mundial, ya no puedes achacarlo a la nostalgia, al azar o a una campaña de marketing bestial. Algo está pasando, y merece la pena pararse a entenderlo. Por suerte, hay alguien dentro del universo Marvel que tiene una opinión de lo más interesante al respecto: Iman Vellani.


Iman Vellani, a quien conocemos por dar vida a Kamala Khan en Ms. Marvel y The Marvels, ha sido siempre una voz curiosamente honesta dentro del ecosistema Marvel. Y digo curiosa porque no es la típica actriz que sale a vender excelencias de todo lo que toca el estudio. De hecho, es una friki declarada, coleccionista de cómics de Kamala desde antes de ponerse el traje, y eso se nota: tiene criterio, tiene opiniones y no le tiembla la voz al soltarlas.

Durante una aparición en el podcast Revenge of the Podcast, Vellani fue directa al grano sobre el debate del «superhero fatigue» a raíz del éxito de Spider-Man: Brand New Day. Su argumento fue tan simple como demoledor: el público no está harto de los superhéroes, simplemente ha dejado de tragar con todo.

«La gente se volcó desde la primera semana. Nadie creyó realmente en el ‘superhero fatigue’. Nadie creyó de verdad que esta película fuera a fracasar. Querían que funcionase. Creo que estamos tan acostumbrados al cinismo, a asumir que todo lo nuevo va a ser una porquería… No. Somos capaces de apreciar algo bueno cuando lo vemos.»

Y tiene razón. Pero, como buena pesada del lore, creo que el análisis necesita un poco más de desarrollo para ser del todo justo.

Spider-Man: Brand New Day, la película que roza los 2.000 millones de dólares en taquilla mundial

El «superhero fatigue» no es un mito, pero tampoco es lo que mucha gente cree. No significa que el público haya decidido, de forma colectiva y definitiva, que ya no quiere saber nada de capas y poderes. Significa que los espectadores han dejado de ir al cine en automático solo porque en el póster ponga «Marvel» o «DC».

Antes, la simple pertenencia a una franquicia bastaba para garantizar un fin de semana de apertura decente. Ahora ya no. Y eso no es fatiga: es evolución del espectador.

El éxito de Brand New Day hay que entenderlo en contexto. Spider-Man no es un personaje cualquiera. Nació en 1962 de la mano de Stan Lee y Steve Ditko, y desde entonces no ha parado de reinventarse en viñetas, dibujos animados, videojuegos y cine. Es, probablemente, el superhéroe más reconocible del planeta. Cuando aparece una nueva aventura de Peter Parker, hay una expectativa enorme, un peso cultural que muy pocos personajes igualan. Sus películas no son estrenos: son eventos.

Eso explica, al menos en parte, por qué Thunderbolts —una película bien construida, con buenas críticas y un elenco sólido— no rozó ni de lejos el mismo impacto. Y ojo, que a mí me encantó su punto oscuro y su rollo de «antihéroes reciclados», muy fiel al espíritu con el que nacieron en los cómics allá por los noventa, cuando Marvel nos coló a los Thunderbolts como un giro brillante. Pero seamos sinceros: un grupo formado por Yelena, Bucky, US Agent o el Guardián Rojo no arrastra al gran público como lo hace el simpático vecino trepamuros. No es peor película necesariamente; es que no tiene ese peso gravitacional que convierte un estreno en una cita colectiva. Con personajes menos establecidos, el público se permite el lujo de esperar al streaming. Con Spider-Man, nadie quiere quedarse fuera de la conversación.


Así que, ¿tiene razón Iman Vellani? Sí, pero con matices. El público no ha abandonado a los superhéroes. Lo que ha abandonado es la fe ciega en el género. Ya no basta con meter un logo reconocible en el tráiler. Hace falta una historia que valga la pena, un personaje que conecte y una razón real para salir de casa y pagar la entrada.

Spider-Man: Brand New Day ha demostrado que, cuando todo encaja —el personaje adecuado, la historia adecuada y el boca a boca adecuado—, los superhéroes todavía pueden ser fenómenos de primer orden. Pero eso debería ser una advertencia para los estudios, no un cheque en blanco.

Llevo siguiendo el MCU desde que Tony Stark improvisó aquella primera armadura en una cueva, y os aseguro que sigo emocionándome como el primer día cada vez que suena un tema épico o aparece una conexión inesperada. Precisamente por eso me permito exigir. Marvel lleva años navegando entre títulos brillantes y otros que, seamos honestos, no estaban a la altura. El público lo sabe. Nosotros lo sabemos. Y si el estudio quiere seguir llenando salas más allá de Spider-Man, va a tener que ganárselo de verdad, película a película y sin atajos. Que conste que yo seré de las primeras en aplaudir cuando lo consigan.


Crecí con los cómics de Marvel y me enamoré del MCU desde el primer “I am Iron Man”. Me encanta seguir teorías, analizar tramas y perderme en cada nuevo estreno, pero también sé cuándo algo no está a la altura. Disfruto del hype, pero escribo con criterio. Porque si no le exigimos al cine que mejore, ¿entonces para qué estamos aquí?

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