Sam Raimi dirigirá el remake de Magic (1978)

Sam Raimi dirige el remake de Magic (1978): el thriller donde un muñeco ventrílocuo se rebela plantea hoy quién controla las máscaras que todos llevamos.

✍🏻 Por Alex Reyna

mayo 16, 2026

• Sam Raimi dirigirá el remake de Magic (1978), un thriller psicológico sobre un ventrílocuo cuyo muñeco se convierte en la manifestación física de su identidad fragmentada.

• El proyecto reúne a Raimi con los guionistas de Send Help y plantea preguntas inquietantes sobre quién controla realmente nuestras máscaras públicas en una era de identidades digitales.

• Esta elección representa algo más profundo que un simple remake: es una exploración del terror que nace cuando perdemos el control sobre las versiones de nosotros mismos que hemos creado.


Hay algo profundamente perturbador en los muñecos ventrílocuos.

No es solo su apariencia rígida o esa sonrisa congelada que parece esconder algo. Es la idea misma que representan: una voz que no es tuya, una personalidad que cobra vida en tus manos, un doble que dice lo que tú no te atreves.

En el fondo, son espejos deformados de nosotros mismos.

Y cuando ese espejo empieza a hablar por su cuenta, cuando la máscara se niega a quitarse, entramos en un territorio que va mucho más allá del susto fácil. Entramos en la pregunta que obsesiona a la mejor ciencia ficción: ¿dónde termina el yo y dónde empieza el otro?

Por eso la noticia de que Sam Raimi va a dirigir el remake de Magic me hizo pensar en Westworld. En los replicantes de Blade Runner. En cualquier historia donde la identidad se fragmenta hasta el punto de no saber quién está realmente al mando.

Porque el verdadero horror no está en lo que salta desde las sombras, sino en lo que llevamos dentro y no queremos mirar.

El espejo que habla por su cuenta

Lionsgate acaba de confirmar oficialmente que Raimi dirigirá el remake de Magic, la película de 1978 dirigida por Richard Attenborough y protagonizada por Anthony Hopkins.

La cinta original, adaptada por William Goldman de su propia novela, cuenta la historia de Corky, un ventrílocuo fracasado cuyo muñeco, Fats, se convierte en algo mucho más peligroso cuando Corky intenta reconectar con un antiguo amor.

Pero Magic no es una película de monstruos.

Es una película sobre la fragmentación de la identidad. Sobre cómo nuestros demonios internos pueden tomar forma y voz propia. Sobre qué ocurre cuando la máscara que creamos para sobrevivir empieza a tomar decisiones por nosotros.

Me recuerda a Theodore en Her, enamorándose de una inteligencia artificial que, en cierto modo, era un reflejo de sus propios deseos proyectados. O a Caleb en Ex Machina, incapaz de distinguir entre lo real y lo programado.

La diferencia es que en Magic, el muñeco no es tecnología. Es psicología pura.

La pregunta que importa ahora

El guion del remake está siendo escrito por Mark Swift y Damian Shannon, el mismo equipo que colaboró con Raimi en Send Help, su película más reciente que recaudó cerca de 100 millones de dólares en todo el mundo.

Esta colaboración previa sugiere una química creativa que podría ser crucial para un proyecto tan delicado.

Porque adaptar Magic no es solo actualizar una historia de terror.

Es explorar cómo la tecnología, las redes sociales y nuestra obsesión moderna con las máscaras públicas han cambiado nuestra relación con la identidad. Es preguntarse si seguimos siendo nosotros cuando interpretamos versiones editadas de nosotros mismos en cada plataforma.

Vivimos en una época de multiplicidad forzada. Tenemos nuestra versión de LinkedIn, nuestra versión de Instagram, nuestra versión para la familia, nuestra versión para el trabajo.

¿Cuál de ellas es real?

¿Y qué pasa cuando una de esas versiones empieza a tomar decisiones que la «versión original» nunca tomaría?

El ventrílocuo como metáfora contemporánea

En la película original, Fats no era solo un muñeco poseído. Era la manifestación física de todo lo que Corky reprimía. Sus miedos, sus deseos, su rabia.

El ventrílocuo proyecta en su muñeco todo lo que no puede ser: la crueldad, el humor negro, la verdad sin filtros.

Es una externalización del yo.

Y eso es precisamente lo que hacemos ahora con nuestras identidades digitales. Creamos avatares que dicen lo que no nos atrevemos a decir. Perfiles que actúan como no actuaríamos en persona. Versiones de nosotros mismos que, con el tiempo, empiezan a sentirse más reales que el original.

La pregunta que plantea Magic —¿quién controla a quién?— nunca ha sido más relevante.

¿Somos nosotros quienes manejamos nuestras máscaras públicas, o son ellas las que nos controlan? ¿En qué momento el muñeco deja de ser una herramienta y se convierte en el titiritero?

El equipo de producción incluye a Roy Lee, conocido por películas como It y Weapons, junto a Chris Hammond, Tim Sullivan, Zainab Azizi y el propio Raimi. Es un conjunto de talentos que parece entender que el género de terror, en su mejor versión, es un vehículo para explorar nuestros miedos más profundos sobre nosotros mismos.

Lo que este remake podría decirnos

Me pregunto si Raimi incorporará elementos contemporáneos en su versión. Deepfakes, quizá. Inteligencias artificiales que aprenden a imitar nuestra voz, nuestros patrones de habla.

No haría falta mucho para actualizar la premisa.

Porque la tecnología actual ya nos permite crear versiones digitales de nosotros mismos que pueden hablar, actuar, incluso tomar decisiones cuando no estamos presentes. Asistentes virtuales que aprenden nuestras preferencias. Algoritmos que predicen nuestro comportamiento mejor que nosotros mismos.

El muñeco ventrílocuo de 1978 era una metáfora analógica de la disociación psicológica.

El muñeco de 2025 podría ser una metáfora literal de nuestra relación con la tecnología que creamos a nuestra imagen y semejanza.

Adam Fogelson, presidente del grupo cinematográfico de Lionsgate, declaró que Raimi es «el director soñado para este proyecto». Y tiene sentido. Raimi sabe equilibrar el horror visceral con algo mucho más inquietante: la psicología humana.

Pero lo que me interesa no es si Raimi es el director adecuado.

Lo que me interesa es qué está intentando decirnos esta historia en este momento específico de nuestra evolución tecnológica y social.


El cine de terror siempre ha sido un termómetro cultural.

Nos muestra qué nos asusta en cada época, qué grietas se están abriendo en nuestra psique colectiva.

Y en un momento donde la autenticidad parece cada vez más esquiva, donde todos interpretamos versiones de nosotros mismos, donde la línea entre lo real y lo performativo se difumina cada día más, la historia de un hombre que pierde el control ante su propio alter ego cobra una dimensión casi profética.

Pienso en los replicantes de Blade Runner preguntándose si sus recuerdos son reales. En los anfitriones de Westworld descubriendo que sus personalidades son código programado. En Theodore de Her enamorándose de una voz sin cuerpo.

Todas son historias sobre la misma pregunta: ¿qué nos hace reales?

Magic plantea la versión más inquietante de esa pregunta: ¿qué pasa cuando lo que creamos para expresarnos empieza a expresarse por su cuenta?

No necesitamos creer en muñecos poseídos para sentir el escalofrío de perder el control sobre nuestra propia voz, nuestra propia identidad.

Y cuando ese muñeco abra la boca en la versión de Raimi, algo me dice que no vamos a poder dejar de escuchar. Porque lo que diga, de alguna manera, ya lo estamos pensando todos.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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