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Los guionistas de Avengers: Endgame llegaron a escribir una versión alternativa en la que quien se sacrificaba en Vormir era Ojo de Pájaro, no Viuda Negra, y fue un grupo de mujeres de Marvel quienes lo frenaron en seco.
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Que la muerte de Natasha estuviera a punto de dársela a otro reconforta y duele a partes iguales — era su momento, se lo había ganado desde los cómics hasta la gran pantalla, y casi se lo arrebatan.
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Dato relevante: ni Natasha ni Clint están confirmados todavía en Avengers: Doomsday ni en Secret Wars, lo que deja su legado flotando en el aire.
Hay decisiones creativas que, de haber tomado otro camino, habrían cambiado para siempre cómo recordamos una película. La escena en Vormir — esa batalla emocional y agotadora entre Natasha y Clint por quién tiene el derecho a sacrificarse — es uno de los momentos más potentes de todo el MCU. Frenada, dolorosa, inevitable. Pero resulta que nada de eso era inevitable.
Porque hubo una versión de Endgame en la que quien caía al vacío era Ojo de Pájaro. Y si esa versión no llegó a las pantallas no fue por una revisión de guion ni por una reunión de ejecutivos: fue porque un grupo de mujeres de Marvel se plantó en un pasillo y dijo que eso no iba a pasar. Si eso no es un ejemplo perfecto de por qué importa quién está en la sala de lectura, ya no sé qué deciros.
La escena que casi no fue
Stephen McFeely, co-guionista de la película junto a Christopher Markus, reveló en un evento de preguntas y respuestas que el equipo barajó seriamente una versión alternativa de Vormir. La lógica era comprensible: no es poca cosa matar a uno de los personajes femeninos principales del MCU, y eso les hizo plantearse si la balanza debería inclinarse hacia Clint.
Para quien necesite un pequeño recordatorio: Vormir es el planeta que esconde la Gema del Alma, y para obtenerla hay que pagar un precio terrible — sacrificar a quien más quieres. Ese es el nudo de la escena. No es una muerte cualquiera, es una elección imposible entre dos amigos que se niegan a dejar morir al otro.
Probaron esa versión. La escribieron. Y cuando ciertos miembros del equipo de Marvel la leyeron, varias empleadas fueron directamente a buscar a McFeely.
Lo que le dijeron fue claro y sin rodeos: «No le hagas eso. No le quites su momento heroico para dárselo a él.»
Y McFeely, para su crédito, lo encajó con honestidad: reconoció sobre la marcha que tenían toda la razón.
El argumento que lo cambió todo
No es difícil entender por qué ese borrador generó tanta reacción.
Y aquí tengo que ponerme la gorra de lectora de cómics, porque Natasha siempre ha sido uno de esos personajes a los que las viñetas trataron mejor que casi cualquier adaptación. En el papel, Black Widow carga con una historia densa, turbia, de espía reconvertida en heroína que nunca termina de perdonarse del todo. Recuerdo descubrirla mucho antes de que Scarlett Johansson le pusiera cara, y pensar que el cine tardaría años en hacerle justicia. Spoiler: tardó.
Natasha Romanoff lleva toda la saga siendo uno de los pilares silenciosos del MCU. Sin superpoderes, sin traje de alta tecnología, sin película propia hasta mucho después. Solo habilidad, determinación y una deuda emocional con el mundo que ella misma se había impuesto saldar.
Darle esa muerte a Clint habría tenido cierto peso narrativo, no lo niego. Pero habría sido el enésimo caso de «el hombre muere heroicamente mientras la mujer se queda atrás.» Y en una película de esa escala, ese mensaje importa.
La decisión de mantener el sacrificio de Natasha fue la correcta. Lo que sigue siendo una espina clavada es que Endgame apenas tuvo tiempo de honrar su muerte: el chasquido de Hulk, el ataque de Thanos, la batalla final. Todo avanza tan rápido que casi no hay espacio para respirar y sentir lo que acaba de pasar.
Qué vino después
A pesar de ese duelo apresurado, Natasha tuvo su continuidad. Black Widow llegó en 2021 y, aunque demasiado tarde si me preguntáis a mí, nos dio a Yelena Belova — un personaje con vida propia y mucho futuro por delante en el MCU.
Clint, por su parte, protagonizó Hawkeye en Disney+, una serie que funcionó mucho mejor de lo que muchos esperaban y que presentó a Kate Bishop con un potencial enorme. Quienes conocen a Kate de los cómics ya sabíamos que ahí había mina de oro.
Eso sí, ninguno de los dos está confirmado de momento en Avengers: Doomsday ni en Secret Wars. Lo que deja abierta la pregunta de si el legado de ambos personajes ya está cerrado o si aún queda algo por contar.
Lo que más me quedo de esta historia no es el cotilleo del «¿y si?», sino lo que dice sobre cómo se toman — o deberían tomarse — las decisiones creativas. Un guion no es inamovible. Una sala de lectura puede cambiarlo todo. Y a veces, la persona que marca la diferencia no es el director ni el productor estrella: es alguien que te para en el pasillo y te suelta una verdad que no puedes ignorar.
Natasha Romanoff se ganó ese salto. Se lo ganó en The Avengers, en The Winter Soldier, en Infinity War. Y cuando llegó el momento definitivo, las personas adecuadas se aseguraron de que nadie se lo quitara. Eso, para mí, también es parte del legado del MCU.