- La música de Loki y X-Men ’97 comparte el mismo tema, «Purpose is Glorious», y cuesta creer que sea casualidad.
- Los X-Men que veremos en Avengers: Doomsday podrían proceder del universo animado de X-Men ’97 (Tierra-92131) y no de la línea temporal de Fox.
- Los actores clásicos de Fox regresan, pero con trajes completamente nuevos y mucho más fieles al cómic, lo que da alas a la teoría.
- Opinión de Clara: Es de las teorías más elegantes que ha parido el fandom en mucho tiempo. Si Marvel lleva tejiendo esto desde Loki, hay una planificación más sofisticada de lo que le veníamos reconociendo… aunque, ojo, también podríamos estar sobreinterpretando decisiones de vestuario.
Hay teorías que lees en internet y piensas: «sí, muy bonito, pero no». Y luego hay otras que te obligan a cerrar el portátil, mirar al techo y murmurar «pero… ¿y si tienen razón?». Esta es de las segundas.
Porque lo que está empezando a tejerse alrededor de Avengers: Doomsday y X-Men ’97 no es solo especulación de fan con demasiado tiempo libre. Hay pistas concretas, decisiones de producción raras y un detalle musical que, de ser intencionado, deja a Marvel como mucho más lista de lo que últimamente le estábamos dando crédito. Ponte cómodo, que esto se pone interesante.
Todo empieza con una melodía.
En el estreno de la segunda temporada de X-Men ’97 suena un tema orquestal titulado «Purpose is Glorious», compuesto por Natalie Holt. Y el momento en que suena no es cualquiera: Nathan Summers, es decir, Cable, abraza su destino y lanza a los X-Men a través del tiempo. Un instante épico, cargado de significado.
¿Por qué importa tanto esa pieza? Porque ya la habíamos escuchado antes. Exactamente en el final de la segunda temporada de Loki, cuando el dios del engaño asume su identidad como protector del multiverso y sostiene las líneas temporales para que no colapsen.
Déjame explicar por qué esto no es un detalle menor. Un leitmotiv es un tema musical asociado a un personaje, una idea o una emoción; una firma sonora que el espectador reconoce aunque no sepa que la reconoce. Disney lleva décadas dominando este recurso (piensa en cómo el tema de la Fuerza de John Williams significa siempre lo mismo), y Marvel lo ha ido puliendo película a película.
Así que cuando el mismo leitmotiv aparece en dos proyectos distintos, con dos personajes distintos, para subrayar exactamente el mismo tipo de transformación —alguien que acepta un destino enorme y se convierte en guardián del tiempo—, no es un descuido. Alguien lo ha decidido. La pregunta es: ¿para qué?
Aquí entra la teoría que corre por la comunidad, y que cuanto más la miras, más sentido tiene.
Vayamos con lo confirmado, que conviene separarlo de lo especulativo. Marvel ha confirmado que en Avengers: Doomsday aparecerán X-Men. Ha confirmado también que no son de la Tierra-616, es decir, no son mutantes nativos del MCU principal, sino que llegan de una realidad alternativa. Y ha confirmado el reparto: James Marsden como Cíclope, Alan Cumming como Rondador Nocturno, Sir Patrick Stewart como el Profesor X y Sir Ian McKellen como Magneto.
Hasta aquí, nostalgia bien empaquetada. Pero hay un detalle que lo cambia todo.
Estos personajes no llevan los mismos trajes que en las películas de Fox. Cíclope aparece con el icónico traje azul y amarillo, salido directamente de las viñetas. Bestia se muestra como un personaje generado por CGI, mucho más cercano a su versión animada que al Kelsey Grammer de X-Men: La decisión final. Los diseños son más fieles al original, más «cartoon», si quieres.
Y ahí salta la pregunta enorme: ¿por qué molestarse en rediseñarlo todo si se supone que son los mismos personajes de Fox?
Te confieso una cosa. Yo conocí a estos mutantes en las grapas mucho antes que en el cine, y recuerdo perfectamente la sensación de ver ese azul y amarillo chillón en papel. Cuando lo vi por fin traducido a acción real con fidelidad, se me removió algo. No es solo estética: es una declaración de intenciones.
La teoría propone algo que, cuanto más lo piensas, más redondo queda: los X-Men de Doomsday no vienen de la línea temporal de Fox. Vienen de la Tierra-92131, el universo oficial de X-Men ’97.
O, al menos, de una realidad muy próxima a ella.
Esto explicaría los trajes. Explicaría el tema musical compartido entre X-Men ’97 y Loki. Y explicaría también por qué el MCU ha recurrido varias veces a la cabecera de la serie animada de los 90 cuando ha querido tantear a los mutantes: en Doctor Strange en el Multiverso de la Locura, en Ms. Marvel, en Deadpool y Lobezno. No lo hacían por nostalgia gratuita. Lo estaban construyendo.
Si esto es real, X-Men ’97 habría funcionado como una presentación encubierta de los X-Men del MCU para el gran público, un ensayo narrativo antes del salto definitivo a la acción real. Una jugada tremendamente inteligente que convertiría la serie animada en algo más que un revival emotivo.
Reconozco que llevo años defendiendo que Marvel necesita volver a planificar con la ambición que tenía en la Fase 1. Si esta teoría se sostiene, quizá lleven más tiempo haciéndolo del que creíamos, solo que en voz baja.
Y aquí me pongo el sombrero de aguafiestas, porque me lo he ganado: también cabe que estemos uniendo puntos que en realidad no forman ningún dibujo. Un traje más fiel al cómic puede responder simplemente a que el público ya no traga con el cuero negro de 2000. Un leitmotiv repetido puede ser una compositora reutilizando su propio material. No sería la primera vez que el fandom construye una catedral sobre una coincidencia.
Dicho esto, la idea de usar X-Men ’97 como puente entre la nostalgia de Fox y la futura integración de los mutantes es brillante justamente porque te ahorra desenredar ocho películas de continuidad imposible. La rodeas con elegancia. Y de paso introduces a los X-Men clásicos en una versión que ya ha enamorado a toda una nueva generación.
Avengers: Doomsday llega el 18 de diciembre de 2026 y se perfila como el arranque de la Fase 6, con Victor von Doom encarnado por Robert Downey Jr. como gran antagonista. Hay muchísimo en juego. Y si Marvel ha estado tejiendo esta red desde Loki, lo que nos espera puede ser más grande, y más conectado, de lo que nadie esperaba.

