La Primera Actriz 100% IA Ya Está Aquí (y SAG-AFTRA Arde)

Chris Pratt defiende el alma humana en el cine mientras Hollywood experimenta con actores sintéticos y IA, guiado menos por el arte que por el dinero.

✍🏻 Por Lucas Ferrer

enero 25, 2026

La inteligencia artificial ha desembarcado en Hollywood, y el debate que ha generado es tan intenso como predecible. Mientras unos ven una herramienta democratizadora, otros perciben una amenaza directa a miles de empleos. Chris Pratt acaba de posicionarse con una declaración que ha reavivado la conversación.

Durante la premiere de Mercy en Nueva York, el protagonista de Guardianes de la Galaxia habló sin rodeos sobre Tilly Norwood, la primera «actriz» completamente sintética creada mediante IA. Su respuesta ha puesto sobre la mesa un debate que trasciende lo tecnológico: estamos hablando del futuro de la interpretación y de qué papel jugará el factor humano en una industria que siempre ha vivido de contar historias sobre personas.

La postura de Pratt: la tecnología no tiene alma

En conversación con Variety, Pratt reconoció que la IA transformará inevitablemente el entretenimiento, pero dejó clara su postura sobre los límites de la tecnología.

«No creo que vayáis a reemplazar el alma humana de un director, un guionista, un actor, un cantante o cualquiera de estas profesiones que requieren anhelo humano, sufrimiento y visión artística», declaró. Para él, la IA puede ser «una herramienta increíble en las manos adecuadas», pero carece de la profundidad emocional que los artistas aportan.

El detonante fue la presentación de Tilly Norwood en el Festival de Cine de Zúrich el pasado verano. Creada por la comediante holandesa Eline Van der Velden, Tilly generó una reacción inmediata de SAG-AFTRA, el sindicato de actores estadounidense.

La organización emitió una advertencia formal sobre los peligros de los intérpretes generados por IA, señalando específicamente el riesgo de que se utilicen actuaciones robadas para desplazar a actores reales. Una preocupación legítima cuando la tecnología de deepfake avanza exponencialmente.

El argumento artístico frente a la realidad comercial

Van der Velden ha defendido su creación como un proyecto artístico, no una amenaza laboral. El problema es que las intenciones iniciales importan poco cuando otros descubren aplicaciones más lucrativas.

Leonardo DiCaprio ha expresado opiniones similares, argumentando que la IA podría servir como herramienta para cineastas innovadores, pero que el arte auténtico debe originarse en la creatividad humana.

Desde mi perspectiva como analista, este debate tiene implicaciones que van mucho más allá de lo filosófico. Estamos hablando de dinero, mucho dinero.

Si los estudios descubren que pueden generar «actores» sintéticos que no cobran, no envejecen, no tienen escándalos y están disponibles 24/7, ¿cuánto tardarán en adoptarlos? Probablemente menos de lo que nos gustaría pensar.

Los números cuentan otra historia

Las tendencias ya son reveladoras. El público acepta cada vez más CGI en lugar de efectos prácticos, voces sintéticas en doblajes, e incluso resurrecciones digitales de actores fallecidos.

La pregunta no es si la tecnología puede replicar el «alma humana» que menciona Pratt. La pregunta es si al público le importará la diferencia cuando la alternativa sea convincente y esté en todas las pantallas.

Lo fascinante es cómo este debate expone la tensión eterna entre arte y comercio en Hollywood. Los estudios ven números: reducción de costes, control total, eliminación de riesgos. Los artistas ven conexión humana, autenticidad, trascendencia.

¿Quién ganará esta batalla?

Puede que Pratt tenga razón en que la IA nunca capturará completamente esa chispa indefinible que hace grande a una interpretación.

Pero también es posible que esté subestimando la capacidad de la industria para convencernos de que no necesitamos esa chispa, siempre que el producto final genere suficientes millones en taquilla.

La historia del cine está llena de momentos en los que la conveniencia venció a la calidad. Y las cifras sugieren que al público no siempre le importa tanto como debería.

Este debate apenas comienza. Mientras la tecnología avanza exponencialmente y los estudios calculan los números, los artistas luchan por defender algo que no aparece en ninguna hoja de cálculo: el valor irreemplazable de la experiencia humana.

Me encantaría decir que el arte siempre triunfa. Pero llevo suficiente tiempo analizando taquillas como para saber que, en Hollywood, el que tiene los números suele tener la última palabra. Y eso, más que cualquier avance tecnológico, es lo que realmente debería preocuparnos.


Apasionado por los números que cuentan historias, llevo más de 12 años desentrañando qué hay detrás del éxito (o fracaso) en taquilla. Para mí, cada cifra es un reflejo del público y la industria, y me encanta traducir esos datos en análisis claros y sorprendentes.

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