James Bond rechazó a Spielberg dos veces — y así nació Indiana Jones

Spielberg intentó dirigir James Bond dos veces y le dijeron que no. Por despecho creó Indiana Jones. Ahora dice que la franquicia no podría pagarle. La historia de una rivalidad que cambió el cine de aventuras.

✍🏻 Por Alex Reyna

junio 12, 2026

Steven Spielberg Was Rejected by The James Bond Franchise Twice. Now He Says the Franchise Can’t Afford Him

  • Spielberg intentó dirigir una película de James Bond en dos ocasiones y ambas veces recibió un «no» del productor Cubby Broccoli, incluso después de ofrecer los derechos de la melodía de Encuentros en la Tercera Fase a cambio de Moonraker.
  • Ese rechazo fue la chispa que llevó a George Lucas a proponerle «Indiana Smith», germen de una de las sagas de aventuras más queridas de la historia.
  • Hoy, preguntado por si aceptaría dirigir Bond, Spielberg responde con humor afilado: «No os lo podéis permitir.»
  • Opinión: Hay algo casi de ciencia ficción en estas bifurcaciones invisibles; el «no» equivocado abre, a veces, una puerta mucho más grande que el «sí» que nunca llegó.

Hay una pregunta que me persigue cada vez que pienso en el cine de grandes franquicias: ¿cuánto de lo que amamos existe gracias al fracaso? No al talento, no a la visión, sino al tropiezo, al portazo, al «no, gracias» que llega cuando menos se espera.

La historia del cine está llena de esas bifurcaciones invisibles. Momentos en los que el universo parece cerrarse, pero en realidad está redirigiendo. Líneas temporales alternativas que nunca llegamos a ver.

Steven Spielberg acaba de recordarnos una de las más fascinantes. Y lo ha hecho con esa mezcla de humor y distancia que solo tiene quien ya no necesita demostrar nada a nadie.

El hombre que quería ser Bond

Spielberg reveló en el podcast The Rest Is Entertainment algo que, pensándolo bien, tiene todo el sentido del mundo: siempre quiso dirigir una película de James Bond.

Desde que vio Dr. No, la franquicia le tenía atrapado. Así que cuando Tiburón convirtió su nombre en sinónimo de taquilla, decidió llamar al productor Cubby Broccoli y ofrecerse voluntario. Sin rodeos, sin agentes por medio. Directo.

La respuesta fue no.

No hubo explicación. Solo un no.

El intercambio que tampoco funcionó

Años después, tras el éxito de Encuentros en la Tercera Fase, fue Broccoli quien llamó a Spielberg. Necesitaba permiso para usar la célebre melodía de cinco notas del film en Moonraker.

Y aquí me detengo un momento, porque esa secuencia sonora no es un detalle menor. Es una de las ideas más bonitas que ha producido la ciencia ficción: la posibilidad de que la comunicación trascienda el lenguaje, de que existan códigos universales que nos conecten más allá de las palabras.

Es la misma obsesión que años más tarde llevaría a Denis Villeneuve a construir Arrival, una película que yo mismo pausé varias veces para apuntar frases. Spielberg lo entendió antes que casi nadie: cinco notas pueden contener más significado que un discurso entero.

Spielberg vio su oportunidad.

Le propuso un trato: los derechos de la melodía a cambio de poder dirigir una película de Bond. Una negociación limpia, casi elegante.

Broccoli volvió a decir que no.

Y Spielberg, en un gesto que dice mucho de su carácter, le cedió las cinco notas igualmente. Sin condiciones. Sin pedir explicaciones.

Eso también dice algo. No sobre la generosidad en abstracto, sino sobre alguien que entiende que el talento no necesita que el otro lo reconozca para seguir siendo talento.

Hawái, 1977, y una conversación que lo cambió todo

Aquí es donde la historia se vuelve casi de ciencia ficción en sí misma.

Corría 1977. Spielberg estaba en Hawái junto a George Lucas, la noche antes del estreno de La Guerra de las Galaxias. Lucas, que ya intuía lo que tenía entre manos, no estaba precisamente sereno.

Spielberg compartió con él sus frustraciones con Bond. El rechazo repetido, la sensación de ser ignorado por una franquicia que admiraba.

Y Lucas, en lugar de consolarle, le ofreció algo mejor.

Le habló de un personaje. Un arqueólogo aventurero, sombrero incluido. Lo llamaba, en aquel momento, «Indiana Smith».

Ese nombre cambiaría pronto. Pero la idea quedó. Y de aquella conversación nació lo que todos conocemos hoy como Indiana Jones, una de las sagas más influyentes del cine de aventuras del siglo XX.

Es difícil no pensar en esto como una especie de destino narrativo. Como si el universo, al cerrar una puerta, hubiera estado construyendo en secreto algo mucho más personal.

Lo que el rechazo construye

Me parece significativo que Spielberg no cuente esta historia con amargura. La cuenta con distancia, con algo parecido a la gratitud.

Porque si Broccoli hubiera dicho que sí, probablemente no habría Indiana Jones. O no del mismo modo. O no en ese momento.

El rechazo, en este caso, fue el arquitecto de algo mejor.

Y hay un eco de esa misma filosofía en otra de sus decisiones: Spielberg rechazó dirigir la primera película de Harry Potter para estar presente en casa, con su familia, en una etapa que no volvería. Una elección que, según ha repetido, no cambiaría por nada.

Hay coherencia en eso. Una forma de entender la vida —y el cine— que no se mide solo en créditos. Yo, que me quedé pensando en Her durante días precisamente por eso, por cómo aborda lo que de verdad importa cuando todo lo demás se apaga, lo entiendo perfectamente.

«No os lo podéis permitir»

Cuando le preguntaron qué respondería hoy si Bond llamase a su puerta, Spielberg no dudó:

«No os lo podéis permitir.»

Es una frase que funciona en varios niveles. Es humor, claro. Pero también es la respuesta de alguien que ya no necesita validación de nadie. Que construyó su propio universo cuando le cerraron la puerta del ajeno.

Hay algo en esta historia que va más allá de la anécdota de Hollywood. Habla de lo que hacemos con los rechazos. De si los convertimos en punto final o en punto de partida.

Me gusta pensar en la carrera de Spielberg como en uno de esos relatos de ramificaciones temporales que tanto adoro: cada «no» abrió una línea distinta, y la que vivimos resultó ser la más fértil. En algún universo paralelo, Spielberg dirigió Bond y nunca conocimos a Indiana Jones. No sé vosotros, pero yo prefiero esta.

El cine, como la vida, rara vez sigue el guion que habíamos imaginado. Y a veces, solo a veces, eso es exactamente lo que lo hace grande.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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