• Hideo Kojima describe la creatividad como un acto tan cotidiano como comer o dormir, desmontando el mito del genio inspirado que espera a la musa.
• Para el creador de Metal Gear, crear no es opcional sino vital: sin ello «probablemente no sobreviviría», convirtiendo lo ordinario en esencial.
• Me resulta liberadora esta visión que democratiza el acto creativo: no necesitas condiciones perfectas ni rituales especiales, solo reconocer que ya forma parte de ti.
Hay algo profundamente humano en cómo Hideo Kojima entiende la creatividad. No la rodea de misticismo ni la presenta como un don divino. La trata como lavarse los dientes. Y aun así, en esa misma frase, confiesa que sin ella no existiría.
Es una paradoja que me recuerda a esos personajes de ciencia ficción que descubren lo extraordinario en lo simple. Como en Her, donde el amor emerge de conversaciones cotidianas. O en Arrival, donde el lenguaje se convierte en la clave del tiempo mismo.
Kojima no es solo un creador de videojuegos. Ha construido universos donde tecnología, filosofía y emoción colisionan constantemente. Y cuando habla de su proceso, no lo hace desde la torre del genio incomprendido, sino desde la trinchera del que simplemente no puede dejar de pensar.
Eso dice mucho sobre cómo entendemos la creatividad: ¿es un privilegio, un talento, o simplemente una forma de estar en el mundo?
La creatividad como función vital
En una reciente entrevista con Wired, Kojima dejó caer una reflexión demoledora en su sencillez. Para él, crear no es especial. Es parte de su vida diaria, como dormir, comer o ducharse.
No hay rituales. No hay esperas a que llegue la musa. Simplemente está ahí, integrado en su cuerpo, en su rutina, en cada momento.
Desde que se despierta hasta que se acuesta, su mente está en movimiento constante. Piensa, conceptualiza, visualiza. Cuando aparece una idea, la desarrolla mentalmente de inmediato y luego la lleva a la oficina para darle forma.
No es un proceso dramático. Es un flujo continuo, casi automático.
Lo interesante es que Kojima no se considera único en esto. Cree que la mayoría de los creadores operan igual, aunque quizá no sean conscientes. Como si la creatividad fuera un idioma que algunos hablan sin darse cuenta de que lo están usando.
La paradoja de lo ordinario y lo esencial
Pero aquí viene el giro. Después de describir la creatividad como algo tan común como respirar, Kojima añade algo crucial: si se la quitaran, probablemente no sobreviviría.
Y ahí está la paradoja. Lo ordinario, lo rutinario, lo que no tiene nada de especial, resulta ser absolutamente vital.
Me hace pensar en cómo construimos narrativas sobre el genio creativo. Nos gusta imaginar que los grandes artistas son seres tocados por algo divino, que viven en un plano diferente. Pero Kojima nos dice lo contrario: la creatividad no es un superpoder, es una necesidad.
No te hace especial, te hace humano. O al menos, te hace ser quien eres.
Esta visión tiene algo de liberador. Si la creatividad no es un don reservado a unos pocos elegidos, sino una capacidad que puede integrarse en lo cotidiano, entonces todos tenemos acceso a ella.
No necesitas esperar el momento perfecto ni las condiciones ideales. Solo necesitas reconocer que ya está ahí, en tu forma de pensar, de resolver problemas, de imaginar futuros posibles.
El creador como organismo
Kojima ha construido su carrera sobre universos complejos. Metal Gear exploró la guerra y la manipulación política. Death Stranding nos habló de conexión en un mundo fragmentado, de cómo los lazos humanos pueden ser tanto cadenas como salvavidas.
En todas estas obras hay una constante: la creatividad no como espectáculo, sino como herramienta para hacer preguntas. ¿Qué nos hace humanos? ¿Cómo nos relacionamos con la tecnología? ¿Qué perdemos y ganamos en el proceso?
Son preguntas sin respuestas fáciles, pero que necesitan formularse una y otra vez.
Y quizá esa sea la clave. La creatividad de Kojima no es especial porque produzca obras maestras, sino porque es el mecanismo a través del cual procesa el mundo. Es su forma de respirar, de existir, de mantenerse vivo.
No es un añadido a su vida. Es la estructura misma de su vida.
Hay algo reconfortante en la idea de que la creatividad no necesita ser dramática para ser poderosa. No hace falta encerrarse en una cabaña ni esperar la inspiración divina.
Puede ser simplemente la fuerza que te mantiene en movimiento, el hilo que conecta tus días, la forma en que tu mente procesa la realidad.
Kojima nos recuerda que lo extraordinario puede vivir en lo cotidiano, que lo esencial puede ser también lo más simple. No necesitamos mitificar la creatividad para reconocer su importancia.
Podemos tratarla como lo que es —una parte integral de quiénes somos— y aun así entender que sin ella, algo fundamental se perdería.
Como esos personajes de ciencia ficción que descubren que su humanidad no reside en lo excepcional, sino en lo que hacen cada día, en cómo eligen estar en el mundo. Al final, crear no es escapar de la vida. Es la forma más honesta de habitarla.

