- Grant Morrison, guionista legendario de DC, ha visto los primeros episodios de Lanterns y no se muerde la lengua: la serie carece de trajes decentes, construcciones del anillo y cualquier atisbo de espectáculo visual.
- Para Morrison, coger una franquicia de escala cósmica como Green Lantern y encogerla hasta convertirla en un thriller de detectives es un error garrafal que Warner podría haberse ahorrado eligiendo a cualquier otro héroe de perfil bajo.
- 🔥 Opinión del autor: Cuando hasta el mismísimo creador del cómic te dice que han castrado la visión de la propiedad, es que algo muy gordo se ha roto por dentro. Una vez más, Warner escoge el camino cómodo en lugar del correcto.
Hay decisiones creativas que duelen. Y luego hay decisiones creativas que duelen el doble porque las ves venir desde kilómetros de distancia, con todo el tiempo del mundo para esquivarlas, y aun así alguien en una sala de reuniones con mocasines de seiscientos euros decide tirar palante. Lanterns, la nueva apuesta de DC Studios para HBO, lleva ya suficientes episodios en antena como para hablar con propiedad. Y lo que estamos viendo dice muchísimo sobre cómo Hollywood sigue sin entender —o sin querer entender— qué hace especiales a ciertas propiedades.
Yo, que me he pasado horas congelando fotogramas de Man of Steel para analizar el grano y el contraste de cada plano, sé perfectamente lo que es una imagen que te agarra por el cuello. Y sé, sobre todo, lo que es su ausencia.
Si encima es Grant Morrison quien sale a decirlo en voz alta, la cosa deja de ser una pataleta de foro y pasa a ser un diagnóstico clínico. Morrison no es un fan cabreado en Twitter. Es uno de los arquitectos modernos de DC Comics. Ha escrito a Batman, a Superman, a los propios Green Lantern. Cuando habla del universo de los guardianes del sector 2814, sabe exactamente de qué habla.
Morrison ha reconocido que ha visto el estreno de Lanterns y que su reacción fue… ambivalente, tirando a generosos. Por un lado, ha elogiado a los dos protagonistas: Aaron Pierre como John Stewart le ha convencido de pleno. Kyle Chandler como Hal Jordan, en cambio, le recuerda más al Doctor McCoy de Star Trek que al piloto de combate temerario y cabezota que todos conocemos. Sus palabras exactas fueron que el alcohol y la fuerza de voluntad no combinan demasiado bien. Difícil llevarle la contraria.
Pero la crítica más demoledora de Morrison no va del casting. Va de la filosofía entera de la serie.

El problema, según el guionista escocés, es estructural: Lanterns ha decidido arrancarle a Green Lantern justo lo que hace a Green Lantern interesante. Sin trajes dignos de ese nombre. Sin construcciones del anillo —en el segundo episodio solo hay una, y es un pajarito que crea John Stewart—. Sin aliens. Sin mundos imposibles. Sin esa escala cósmica que debería convertir esta franquicia en el Star Trek o el Star Wars de DC.
En su lugar, tenemos un thriller de detectives. Una historia de crímenes en la Tierra, gris y plana. Comparaciones con True Detective que, según Morrison, sobre el papel podrían sonar bien, pero que en la ejecución van en contra de todo lo que Green Lantern debería ser.
Y aquí es donde Morrison suelta la pregunta que más escuece: ¿por qué Green Lantern? DC tiene un catálogo enorme de héroes de perfil bajo, con poderes terrestres, con narrativas que encajarían de maravilla en ese tono oscuro y contenido. ¿Por qué coges una franquicia con un universo entero por explorar —razas alienígenas, planetas delirantes, la política intergaláctica de los Guardianes— y la reduces a algo que podría ser cualquier serie de crímenes con el presupuesto justito?
Es como tener a un pintor capaz de llenar un cielo entero y pedirle que dibuje a lápiz en una servilleta.
Morrison entiende que parte de todo esto viene del trauma que dejó la película de Ryan Reynolds en 2011. Aquello fue un desastre tan monumental que durante años nadie en Warner pronunciaba el nombre de Hal Jordan sin santiguarse antes. Se entiende el miedo. Pero curar el pánico escénico mutilando la visión de la propiedad no es una solución: es una huida hacia adelante.
También se huele la presión presupuestaria. Los efectos cuestan dinero. Un Green Lantern levantando catedrales de energía verde en cada plano no es barato. Pero entonces, si no tienes el presupuesto para hacerle justicia, quizá el problema no es cómo cuentas la historia, sino si deberías contarla ahora mismo.
El showrunner Damon Lindelof llegó a decir aquello de que «lo de verde era estúpido». Una frase que resume a la perfección la actitud con la que se ha encarado este proyecto. Y ahí, amigos, se retrata todo.
Quedan seis episodios. Todavía hay margen para que la serie abra el grifo y nos regale aunque sea un destello de lo que Green Lantern podría ser en pantalla. Morrison lo admite: el misterio central funciona y las actuaciones sostienen el invento. Pero el potencial desaprovechado pesa como una losa.
Porque eso es lo que pasa cuando los estudios le tienen miedo a su propio material de origen. No hacen la versión valiente. Hacen la versión segura. Y la versión segura, casi siempre, es la versión mediocre.
Ya lo vivimos con el Snyderverso. Ya vimos qué ocurre cuando alguien tiene una visión épica y de verdad —no de cartón— de lo que DC puede ser en pantalla, y se la recortan, se la rehacen y se la diluyen hasta que no queda nada del original. La cámara lenta, la mitología, la solemnidad de un dios caminando entre humanos… todo aquello tenía alma. Con Lanterns parece que asistimos a otro capítulo de la misma historia. Distinto nombre, mismo final.

