• Grant Morrison, el guionista de All-Star Superman, dice que la película de Gunn es la mejor de Superman hasta ahora, pero critica duramente que Superman reciba demasiadas palizas y que Krypton tenga un pasado oscuro.
• Morrison tiene razón: la moralidad de Superman no puede depender de su herencia kryptoniana, debe ser una elección personal, no un premio de lotería genética.
• El acto final salva la película al mostrar a Superman eligiendo la compasión frente a Lex Luthor, demostrando que Gunn entiende al personaje cuando realmente importa.
Cuando Grant Morrison habla de Superman, hay que escuchar. Y cuando Morrison dice que la película de James Gunn es «la mejor de Superman hasta la fecha» pero a la vez suelta que tiene problemas gordos con ella, ahí hay tela que cortar.
Porque no estamos hablando de un tuitero random, estamos hablando del tío que escribió All-Star Superman, posiblemente la historia más definitiva del personaje en formato cómic. Así que cuando Morrison abre la boca para decir lo que no le ha gustado del Superman de Gunn, más vale prestar atención.
Morrison ha salido a decir que sí, que Gunn ha clavado el tono optimista, que David Corenswet está perfecto como Clark Kent, que es la película que más se acerca a capturar la esencia del personaje… pero. Siempre hay un pero. Y en este caso son varios peros bastante gordos que tocan la médula de lo que Superman debería ser.
Superman no es un saco de boxeo
Lo primero que le ha tocado las narices a Morrison es ver a Superman recibiendo hostias como panes durante toda la película. Y tiene toda la razón del mundo.
«Quiero verle dejar de recibir palizas y contraatacar», ha dicho Morrison. Y joder, es que es verdad. Estamos hartos de ver a Superman sangrando, tambaleándose, siendo vulnerable porque sí.
Los guionistas tienen pánico a que Superman sea «demasiado poderoso» y piensan que la única forma de generar tensión dramática es darle de hostias cada dos por tres. Pero eso es no entender el personaje.
Superman no necesita ser vulnerable físicamente para ser interesante. La tensión viene de otro lado: de las decisiones morales imposibles, de salvar a todo el mundo cuando no puedes estar en todos lados a la vez, de mantener tu humanidad cuando tienes el poder de un dios.
Morrison lo clava cuando dice que machacar constantemente el poder de Superman para crear drama barato disminuye su calidad mítica. Y es que Superman no es Batman, no es Iron Man. Superman funciona porque NO es vulnerable, y ahí está la gracia.
Snyder lo entendió en Man of Steel. Cuando Clark se enfrenta a Zod, no es vulnerable porque sí. Es vulnerable emocionalmente, porque tiene que elegir entre su herencia y su humanidad. Eso es tensión de verdad, no convertir al personaje en un saco de boxeo.
El problema de Krypton
Aquí es donde la cosa se pone seria. La película de Gunn toma prestado de Invincible y revela que el legado de Krypton es más oscuro de lo que Clark creía. Que no le enviaron a la Tierra para protegerla, sino por razones más turbias.
Y Morrison dice: no, tío, no. Y tiene razón.
Krypton funciona mejor como utopía perdida, como civilización avanzada destruida por la naturaleza y su propia negligencia. Hay algo profundamente poético en eso: la perfección que se autodestruye, el paraíso perdido que nunca podrás recuperar.
Es la diferencia entre tragedia griega y giro de guion de M. Night Shyamalan. Una tiene peso, resonancia, significado. La otra es un truco narrativo que hemos visto mil veces.
Y para un personaje como Superman, cuya identidad está dividida entre dos mundos, necesitas que Krypton signifique algo más que «plot twist oscuro número 47». Snyder entendió esto perfectamente: Krypton era una civilización avanzada que se destruyó por su propia arrogancia, no por ser malvada. Eso es narrativa visual potente, no trucos baratos.
La moralidad de Superman no es negociable
Esto es lo que más ha mosqueado a Morrison, y con razón. En la película, la moralidad de Superman parece frágil, dependiente de una fantasía sobre su herencia kryptoniana. Morrison lo llama «wish-fulfilment bullshit» y no le falta razón.
La moralidad de Superman no puede ser condicional. No puede depender de que Krypton fuera guay o de que sus padres biológicos fueran buena gente.
Superman es bueno porque eligió serlo, porque Ma y Pa Kent le criaron bien, porque decidió usar su poder para ayudar en lugar de dominar. Eso es lo que le hace Superman.
Si su bondad depende de descubrir que viene de «buena familia kryptoniana», entonces no es realmente bueno, es solo un tío con suerte en la lotería genética. Y eso es peligroso narrativamente.
Porque si la moralidad de Superman es frágil, si puede tambalearse porque descubra algo feo sobre Krypton, entonces no es el símbolo que necesitamos que sea. Es solo otro superhéroe más con issues de papá.
El tercer acto lo salva todo
Pero aquí viene lo interesante: Morrison dice que el acto final de la película redime todo esto. Que cuando Superman se enfrenta a Lex Luthor y elige la compasión y la contención en lugar de la venganza, ahí es cuando el personaje vuelve a ser quien debe ser.
Y eso es crucial. Porque significa que Gunn entiende, en el fondo, quién es Superman.
Puede que el camino hasta ahí tenga baches, puede que haya decisiones creativas discutibles, pero cuando importa, cuando llega el momento de la verdad, Superman hace lo correcto. No porque sea fácil, no porque le convenga, sino porque es Superman.
Es como cuando Snyder clavó el momento en Man of Steel donde Clark se entrega a la humanidad. Puedes discutir todo lo que quieras sobre el tono de la película, sobre la destrucción de Metropolis, sobre lo que sea. Pero ese momento donde Clark elige confiar en la humanidad a pesar de todo, ese momento es puro Superman.
Y parece que Gunn tiene momentos así también. Cuando Superman elige la compasión frente a Luthor, cuando decide ser mejor que su enemigo, ahí está la esencia del personaje. Eso es lo que Snyder siempre entendió: Superman no es interesante por sus poderes, es interesante por sus elecciones.
¿Y ahora qué?
Gunn ya tiene planes para la secuela, Man of Tomorrow, que llegará el 9 de julio de 2027. Va a explorar un posible enfrentamiento y alianza entre Superman y Lex Luthor, y va a meter a Brainiac en la ecuación con Lars Eidinger en el papel.
Y mira, después de todo esto, tengo curiosidad.
Porque si Gunn ha aprendido algo de las críticas, la secuela podría ser realmente especial. Tiene el tono correcto, tiene a un actor que funciona, tiene la esencia del personaje. Solo necesita pulir las aristas, dejar de usar a Superman como saco de boxeo y confiar en que el personaje funciona precisamente porque es poderoso, no a pesar de ello.
Al final, lo que Morrison está diciendo es algo que deberíamos haber aprendido hace tiempo: Superman no necesita ser «arreglado». No necesita ser más oscuro, más vulnerable, más «realista».
Necesita ser Superman, con todo lo que eso implica. El poder absoluto, la moralidad inquebrantable, la bondad que no depende de condiciones ni revelaciones sobre su pasado.
Y si Gunn consigue mantener eso en la secuela, si deja de lado los trucos narrativos baratos y confía en el personaje, entonces quizá tengamos no solo la mejor película de Superman, sino la definitiva.
Porque al final, Superman no es complicado. Es simple. Y a veces, lo simple es lo más difícil de conseguir.

