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Craig Gillespie y James Gunn protagonizaron debates creativos intensos durante la posproducción de Supergirl, llegando al detalle de las elecciones musicales.
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El director admite que las comparaciones con Guardianes de la Galaxia son casi inevitables por el terreno cósmico que ambas películas comparten.
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Supergirl, con Milly Alcock al frente, bebe visualmente del cómic Supergirl: Woman of Tomorrow y se estrena en cines el 26 de junio de 2026.
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Opinión: Las comparaciones con Marvel dicen más del momento de transición que vive DC que de una supuesta falta de identidad propia; cuando reconstruyes una casa entera bajo la mirada de millones, el ruido es parte del proceso.
Hay algo casi ritual en cómo reacciona el fandom ante un tráiler nuevo de DC. En cuestión de minutos, las redes se llenan de comparaciones, referencias cruzadas y debates que, muchas veces, tienen más que ver con la ansiedad colectiva que con un análisis real de lo que se muestra. Cuando apareció el primer material de Supergirl: Woman of Tomorrow, la respuesta fue inmediata: «¿Esto no se parece demasiado a Guardianes de la Galaxia?»
Y, sinceramente, entiendo el reflejo. Ambientación cósmica, paleta vibrante, música que funciona casi como un personaje más… el cerebro del espectador conecta los puntos solo. Pero antes de sacar conclusiones precipitadas, conviene escuchar al director Craig Gillespie. Porque lo que cuenta sobre su proceso con James Gunn resulta bastante más interesante que cualquier meme comparativo.
Dos directores en la sala
Uno de los aspectos más llamativos de la producción es la dinámica entre Gillespie y Gunn. El hecho de que el co-CEO de DC Studios sea, ante todo, un director de cine cambia por completo la ecuación habitual entre cineasta y estudio.
Gillespie lo explicó con claridad: tener enfrente a alguien que entiende el oficio desde dentro permite un tipo de conversación que va mucho más allá del «esto no funciona, cámbialo». Hubo debates, negociaciones, ese tira y afloja que, en el mejor de los casos, termina enriqueciendo el resultado.
«Fue genial tener más a un director que a un jefe de estudio. Puedes arremangarte y tener un debate sano. Se llegaba a los detalles más pequeños… las elecciones musicales… ese tipo de ida y vuelta», declaró Gillespie.
Y eso es exactamente lo que muchos esperábamos del proyecto Gunn al frente de DC. Después de años de bandazos —del peso tonal de la era Snyder a los experimentos irregulares del ahora difunto DCEU—, la promesa era precisamente esta: que la sensibilidad de un director permeara las decisiones creativas, no solo las estratégicas.
El fantasma de los Guardianes
Hablemos del elefante en la habitación: las comparaciones con Guardianes de la Galaxia.
Son, como reconoce el propio Gillespie, casi inevitables. No porque Supergirl sea una copia, sino porque comparten un mismo lenguaje cinematográfico: el espacio como escenario, el grupo de personajes dispares, la música integrada en la narración… Y claro, cuando el hombre que inventó esa fórmula en Marvel es justamente quien supervisa esta película de DC, las comparaciones se multiplican solas.
El director lo asumió con honestidad: «No creo que pueda evitarlo. Estamos en esa arena, pero es un espacio en el que siempre he jugado. Solo hay un número limitado de películas espaciales. Y estamos en el universo de superhéroes, con esa mezcla de humor, oscuridad y drama, que me encanta.»
Esa declaración me parece importante. No es una esquiva ni una defensa forzada, sino el reconocimiento de que los géneros comparten ADN. Y conviene matizar algo: compartir lenguaje con Gunn no es, en sí mismo, un defecto. El problema surge cuando la influencia ahoga la voz propia, como ocurrió con tantas comedias de acción que intentaron clonar el tono quippy de Marvel sin entender por qué funcionaba. Aquí, en cambio, hay un material de origen lo bastante fuerte como para sostener un tono distinto.
Woman of Tomorrow como brújula visual
Lo que de verdad diferencia a Supergirl de cualquier comparación fácil es su anclaje en el cómic. Supergirl: Woman of Tomorrow, de Tom King y Bilquis Evely, es una obra de una potencia visual y emocional brutal. Una historia de duelo y venganza, de violencia contenida, con una Kara Zor-El más cruda y compleja de lo que estamos acostumbrados.
El arte de Evely, con esos paisajes alienígenas casi pictóricos, y la escritura de King —que ya nos rompió el corazón en Mister Miracle— ofrecen algo que los Guardianes nunca buscaron: melancolía. Ese es el tono que persigue la película, y ahí sí pisamos terreno genuinamente propio.
El personaje de Krem de las Colinas Amarillas, el villano, fue rediseñado respecto al cómic —donde aparece como un pirata pelirrojo y barbudo—, lo que ha generado críticas entre los fans más puristas y nuevas comparaciones con los Ravagers de Marvel. Es un debate legítimo, aunque tampoco debería hacernos perder de vista el conjunto.
El reparto que puede marcar la diferencia
Milly Alcock como Kara Zor-El es, quizás, la apuesta más clara de toda la película. Tras su trabajo en House of the Dragon, donde sostuvo a una joven Rhaenyra con una madurez impropia de su edad, nadie duda de que tiene los hombros para cargar un personaje tan exigente.
A su alrededor, un reparto que incluye a Matthias Schoenaerts, Eve Ridley, David Krumholtz, Emily Beecham y un Jason Momoa que sigue ampliando su presencia en el nuevo DCU. El guion corre a cargo de Ana Nogueira, que también firma otros proyectos en el horizonte del estudio.
La fecha de estreno es el 26 de junio de 2026.
Al final, las comparaciones con Guardianes de la Galaxia son síntoma de algo más grande: el público todavía está calibrando qué es este nuevo DC, qué lenguaje habla y hasta dónde llega su identidad. Es normal. Es lo que pasa cuando reconstruyes una mitología desde los cimientos —y DC lleva una década intentándolo— bajo la mirada de millones de personas.
Lo que me genera curiosidad genuina es si Supergirl logrará que, una vez en sala, nadie recuerde ya esas comparaciones. Si el cómic de King y Evely es la base real, hay material de sobra para contar algo que se sostenga solo. Y si Gunn y Gillespie han sabido exprimir ese «debate sano» del que hablan, puede que en junio de 2026 estemos hablando de una de las sorpresas del año. O al menos eso espero.

