• Star Wars: Maul – Shadow Lord parece estar trayendo al canon una versión de Darth Talon, el personaje de Legends que George Lucas quería en su trilogía secuela hace dos décadas.
• Devon Izara, la nueva aprendiz Twi’lek de piel roja de Maul, representa algo fascinante: la prueba de que las buenas ideas no mueren, solo esperan el contexto narrativo adecuado para existir.
• Esta decisión nos obliga a preguntarnos si estamos en una era de rescate creativo o si simplemente hemos aprendido a reconocer qué visiones merecían una segunda oportunidad.
Hay ideas que funcionan como semillas enterradas. Esperan años, a veces décadas, hasta que las condiciones son las adecuadas para germinar. Me fascina ese concepto aplicado a la narrativa, especialmente en universos tan vastos como Star Wars, donde cada decisión creativa arrastra el peso de generaciones de fans y el legado de su creador original.
Star Wars: Maul – Shadow Lord es la primera serie animada que construye su narrativa completa alrededor de un villano, sin héroes que equilibren la balanza. Y en ese giro radical, Lucasfilm parece estar rescatando algo que George Lucas siempre quiso: traer a Darth Talon al canon.
O al menos, su esencia.
El regreso de una visión olvidada
La serie se sitúa un año después de La Venganza de los Sith. Maul ha sobrevivido a la Orden 66 y está reconstruyendo Crimson Dawn, su imperio criminal. Pero lo verdaderamente interesante no es verle como protagonista absoluto, sino a quién ha elegido como aprendiz.
En el tráiler aparece una Twi’lek de piel roja, sensible a la Fuerza, que cualquier fan veterano reconocerá inmediatamente. Su nombre canon es Devon Izara: una ex-Padawan Jedi que huyó del Imperio y ahora está siendo arrastrada hacia la oscuridad bajo la influencia de Maul.
El diseño, el rol, la estética… todo apunta a Darth Talon.
Para quienes no la conozcan, Darth Talon debutó hace exactamente 20 años en Star Wars: Legacy, una serie de cómics ambientada un siglo después de la saga Skywalker. Servía como una de las «Manos del Emperador» para Darth Krayt: asesina Sith, leal hasta la brutalidad, con un combate acrobático que la convirtió en icono visual inmediato.
Recuerdo descubrir esos cómics en mi adolescencia y quedarme fascinado no por la acción, sino por lo que representaba: un futuro donde los Sith habían evolucionado más allá de la Regla de Dos, donde el mal se había institucionalizado. Talon era el símbolo perfecto de esa corrupción sistémica.
Lo que Lucas siempre quiso
Según The Star Wars Archives: 1999–2005 de Paul Duncan, George Lucas amaba genuinamente a este personaje. Tanto, que había planeado incluirla en su concepto abandonado para una trilogía secuela.
En esa visión, Maul lideraría un sindicato criminal que abarcaría toda la galaxia, con Talon como su aprendiz. Era una idea audaz que exploraba el crimen organizado y la corrupción desde una perspectiva Sith.
Esa trilogía nunca se hizo. Pero las ideas no mueren, solo esperan.
Lo que Lucasfilm está haciendo ahora parece un homenaje directo a esa visión. Devon Izara tiene su propia historia como Padawan caída, pero el espíritu está ahí. Es como si dijeran: «Sabemos lo que Lucas quería explorar, y vamos a darle espacio dentro del canon actual».
Me recuerda a cómo Rogue One rescató conceptos visuales de Ralph McQuarrie que nunca se usaron en la trilogía original. Hay algo poético en darle vida a lo que quedó en el limbo creativo.
Entre Legends y canon
El universo expandido, ahora rebautizado como Legends, siempre fue territorio fértil pero caótico. Darth Talon pertenecía al primer grupo: un personaje con potencial que nunca tuvo la oportunidad de brillar en pantalla.
Traerla ahora, adaptada pero reconocible, plantea preguntas sobre qué significa «canon» en Star Wars. ¿Es solo lo que aparece en pantalla? ¿O es también el legado de ideas que los fans y creadores han mantenido vivo durante años?
Devon Izara no es exactamente Darth Talon. Pero tampoco necesita serlo.
Lo importante es que representa la misma idea: una aprendiz Sith poderosa, visualmente impactante, que desafía las expectativas sobre quién puede caer en la oscuridad y por qué. Una ex-Jedi que huye del Imperio solo para encontrar algo peor —o quizá más honesto— en Maul.
El villano como protagonista
Hay algo refrescante en centrar una serie completa en Maul sin necesidad de equilibrarlo con un héroe tradicional. Star Wars ha explorado villanos antes, pero siempre desde la periferia, como contrapunto.
Aquí, Maul es el eje. Y eso permite algo que pocas veces vemos: entender la lógica interna del mal, no como caricatura, sino como sistema de creencias.
Maul no es Vader. No tiene la tragedia redentora ni el conflicto interno. Es pura ambición, supervivencia y sed de venganza.
Y en ese contexto, Devon Izara se convierte en un espejo: ¿qué pasa cuando alguien que fue entrenada para la luz elige conscientemente la oscuridad? ¿Qué dice eso sobre la naturaleza del bien y el mal en Star Wars?
Estas son las preguntas que me interesan. No si la serie tendrá buenas coreografías de sables de luz —que seguro las tendrá— sino qué está intentando decirnos sobre la seducción del poder y la fragilidad de nuestras convicciones morales.
Veinte años es mucho tiempo para que una idea espere su momento. Pero quizá eso es precisamente lo que hace que esta decisión sea tan significativa.
No es nostalgia vacía ni fan service gratuito. Es reconocer que algunas visiones merecen existir, incluso si el camino para llegar ahí fue largo y tortuoso.
Star Wars: Maul – Shadow Lord podría ser muchas cosas: una exploración del crimen organizado en la galaxia, un estudio de personaje sobre Maul, o simplemente una serie de acción con sables de luz.
Pero también es algo más sutil: la prueba de que las ideas buenas no desaparecen, solo esperan el contexto adecuado para florecer.
Y si eso significa que finalmente veremos a Darth Talon —o su equivalente canon— en pantalla, entonces quizá deberíamos preguntarnos: ¿cuántas otras visiones abandonadas merecen esa segunda oportunidad? ¿Y qué dice sobre nosotros que sigamos mirando hacia atrás en busca de inspiración en lugar de crear algo genuinamente nuevo?
Quizá la respuesta esté en algún punto intermedio: honrar el pasado mientras lo transformamos en algo que resuene con el presente. Eso, al final, es lo que la mejor ciencia ficción siempre ha hecho.

