• Ian McKellen confirma su regreso como Gandalf en La caza de Gollum, dirigida por Andy Serkis, con rodaje previsto para mayo de 2026 y estreno en diciembre de 2027.
• Una apuesta que podría funcionar si mantiene la sobriedad narrativa de la trilogía original, aunque temo que Warner Bros. exija el espectáculo vacío que arruinó El Hobbit.
• El proyecto se centra en la perspectiva de Gollum durante su búsqueda antes de La Comunidad del Anillo, con Peter Jackson, Fran Walsh y Philippa Boyens como productores.
Hay territorios cinematográficos que uno creía clausurados. La Tierra Media de Peter Jackson parecía uno de ellos.
Cuando las luces se apagaron tras El retorno del Rey en 2003, aquello había sido un milagro irrepetible: una adaptación que honraba su fuente sin traicionarla. Luego llegó El Hobbit, más irregular, más complaciente con el espectáculo vacío.
Y ahora, Warner Bros. anuncia La caza de Gollum.
La noticia llega de boca del propio Ian McKellen, en un evento londinense dedicado a la fantasía. El actor, que encarnó a Gandalf con una dignidad que pocas veces se ve en el cine de género, ha confirmado que volverá a empuñar el bastón en mayo de 2026.
Junto a él, Elijah Wood regresará como Frodo. Andy Serkis, el hombre que dio vida a Gollum mediante una interpretación que trascendió la técnica del motion capture, dirigirá la película.
¿Estamos ante un retorno necesario o ante otro ejercicio de nostalgia industrial?

El intersticio narrativo: entre la promesa y el riesgo
La película se situará cronológicamente justo antes de La Comunidad del Anillo, en ese periodo donde Gandalf, Aragorn y las fuerzas de Sauron buscan desesperadamente a Gollum, quien posee información crucial sobre el Anillo Único.
Es un intersticio narrativo inteligente, uno de esos huecos que Tolkien dejó abiertos y que el cine puede explorar sin violentar el canon.
Lo más interesante es que la historia se contará desde la perspectiva de Gollum. Aquí reside tanto la mayor virtud como el mayor peligro del proyecto.
Gollum es, probablemente, el personaje más trágico de toda la saga. Un ser corrompido, dividido, cuya dualidad Sméagol-Gollum funciona como espejo oscuro de la tentación que acecha a todos los portadores del Anillo.
Serkis lo interpretó con una intensidad que iba más allá de los píxeles: había humanidad en cada gesto, cada mirada, cada susurro.
Que ahora sea él quien dirija la película es, cuando menos, coherente. Nadie conoce mejor a ese personaje.
Pero dirigir no es actuar. El cine está lleno de actores brillantes que fracasaron tras la cámara por no entender que son oficios distintos.
Peter Jackson vuelve: ¿garantía o lastre?
Peter Jackson, Fran Walsh y Philippa Boyens regresan como productores. Es el mismo trío que orquestó la trilogía original, y eso debería tranquilizarnos.
Pero también son los responsables de El Hobbit, una saga que se estiró innecesariamente hasta las tres películas, diluyendo la sencillez de la novela en batallas interminables y subtramas forzadas.
La pregunta es inevitable: ¿qué Jackson volverá? ¿El que filmó la carga de los Rohirrim con épica contenida, o el que convirtió a Legolas en un personaje de videojuego?
McKellen ha dejado caer que Aragorn también aparecerá, aunque interpretado por un actor más joven. Viggo Mortensen, que dio al personaje una gravedad casi shakespeariana, no regresará.
Es comprensible: Mortensen tiene ahora 66 años, y el Aragorn de este periodo debería rondar los cuarenta.
Pero el reemplazo es siempre delicado. Rara vez funciona.
La sombra de Gollum: ¿intimidad o espectáculo?
Lo que podría salvar este proyecto es precisamente su enfoque. Una película contada desde la perspectiva de Gollum, si se hace con honestidad, podría ser oscura, íntima, casi de cámara.
Pienso en Taxi Driver, en Raging Bull, en esos retratos de personajes rotos que el cine sabe hacer cuando se lo propone.
Gollum es un ser atormentado, consumido por la obsesión. Su historia no necesita batallas épicas ni efectos deslumbrantes. Necesita silencio, claustrofobia, descenso a los abismos del alma.
Pero temo que Warner Bros. no permita esa sobriedad.
David Zaslav, CEO de Warner Bros. Discovery, ha situado La caza de Gollum al mismo nivel que Batman, Superman y Harry Potter. Es decir, franquicia explotable, producto rentable, mina de oro.
Temo que exijan espectáculo, acción, momentos «épicos» para el tráiler. Temo que conviertan a Gollum en un héroe de acción cuando debería ser un estudio de la degradación moral.
Serkis tiene la oportunidad de demostrar que entiende a su personaje no solo como actor, sino como narrador. Veremos si el estudio se lo permite.
El peso del tiempo
Hay algo profundamente melancólico en este anuncio. McKellen tiene 85 años. Wood, 44.
Volver a la Tierra Media dos décadas después no es un simple regreso profesional: es un ajuste de cuentas con el tiempo, con la memoria, con lo que fuimos.
El cine de franquicias rara vez permite esa reflexión. Prefiere la nostalgia fácil, el guiño cómplice, el «¿recuerdas cuando…?»
Pero si La caza de Gollum aspira a ser algo más que un producto, deberá mirar de frente a sus personajes envejecidos y preguntarse qué significa volver.
Yo, que vi La Comunidad del Anillo en el cine con la certeza de estar presenciando algo irrepetible, espero con cautela. No con entusiasmo, sino con la esperanza de que Serkis entienda que dirigir a Gollum es dirigir la oscuridad.
Y la oscuridad, en el cine como en Tolkien, solo funciona cuando se la trata con respeto.
Diciembre de 2027 nos dará la respuesta.

