• Matt Shakman, director de Los Cuatro Fantásticos: Primeros Pasos, ha sido contratado para dirigir una nueva entrega de El Planeta de los Simios para 20th Century Studios.
• La franquicia moderna ha recaudado más de 2.000 millones de dólares en quince años, manteniendo un equilibrio inusual entre espectáculo y reflexión moral.
• La elección de Shakman plantea interrogantes sobre si la saga mantendrá su dignidad artística o sucumbirá a la lógica de la eficiencia industrial.
Hay franquicias que se resisten a morir. Y luego están aquellas que, sencillamente, no deberían hacerlo. El Planeta de los Simios pertenece a esa segunda categoría.
No por nostalgia barata ni por el peso de su legado —que lo tiene, y considerable—, sino porque ha demostrado, contra todo pronóstico, que aún tiene algo que decir.
Desde que la saga renació en 2011 con El Origen del Planeta de los Simios, hemos asistido a una rara avis en Hollywood: una franquicia de ciencia ficción que ha sabido equilibrar espectáculo y sustancia, efectos visuales deslumbrantes y reflexión moral genuina.
Ahora, 20th Century Studios ha decidido continuar esta senda y ha fichado a Matt Shakman para dirigir una nueva entrega. Shakman, quien acaba de terminar Los Cuatro Fantásticos: Primeros Pasos, se incorpora a un universo que exige no solo destreza técnica, sino también sensibilidad narrativa.
La pregunta, claro está, no es si habrá otra película —eso estaba cantado—, sino si esta nueva iteración mantendrá el nivel de sus predecesoras.
Un director competente, pero sin voz propia
Matt Shakman llega a El Planeta de los Simios con un currículum que impresiona sobre el papel. Su trabajo en WandaVision redefinió, según muchos, lo que una serie de Marvel podía ser en términos de ambición formal.
Ha dirigido episodios de Juego de Tronos, Succession, The Great y hasta Siempre hay sol en Filadelfia. Drama de época, sátira política, comedia irreverente y fantasía épica. Un todoterreno, sin duda.
Pero aquí está el matiz: Shakman es un artesano competente, no un autor con voz propia. No estamos hablando de un Matt Reeves, cuya El Amanecer del Planeta de los Simios y La Guerra del Planeta de los Simios elevaron la franquicia a cotas de cine de autor dentro del blockbuster.
Reeves supo dotar a César de una dimensión trágica que recuerda a los personajes de Kurosawa. Hay algo del Macbeth de Throne of Blood en la caída moral de ese líder simio, una grandeza shakespeariana en su lucha entre el poder y la compasión.
Shakman es eficiente, sólido, profesional. Pero, ¿tiene algo que decir?
La elección de un director como él responde a una lógica muy contemporánea: contratar a alguien que sepa manejar presupuestos millonarios, actores de captura de movimiento, y narrativas complejas sin imponer demasiado su ego.
Es el modelo Marvel aplicado a otras franquicias. Y eso, dependiendo de cómo se mire, puede ser tranquilizador o preocupante.
Continuidad creativa: virtud y riesgo
Shakman no estará solo en esta empresa. Le acompañan Rick Jaffa y Amanda Silver como productores, dos nombres inseparables de la saga moderna. Ambos han estado involucrados desde El Origen, y su comprensión del universo narrativo es innegable.
Junto a ellos, Josh Friedman regresa como guionista, tras haber trabajado tanto en Los Cuatro Fantásticos: Primeros Pasos como en El Reino del Planeta de los Simios, la entrega más reciente de la franquicia.
Friedman es un escritor interesante. Su trabajo en La Guerra de los Mundos de Spielberg demostró que sabe manejar la tensión y el drama humano en contextos de ciencia ficción apocalíptica.
La continuidad creativa es, en principio, una buena señal. Significa que hay una visión coherente, un respeto por lo construido.
Pero también puede convertirse en una trampa: la tentación de repetir fórmulas, de no arriesgar, de conformarse con lo que ya funcionó. Y ahí es donde la figura del director cobra importancia.
¿Será Shakman capaz de aportar algo nuevo, o se limitará a ejecutar con competencia lo que otros han diseñado?
Una franquicia que merece respeto
Conviene recordar que la saga moderna de El Planeta de los Simios ha recaudado más de 2.000 millones de dólares en los últimos quince años. Pero lo verdaderamente notable no son las cifras, sino cómo se han conseguido.
Con películas que no insultan la inteligencia del espectador. Que construyen personajes complejos —aunque sean simios—. Que plantean dilemas morales sin caer en el maniqueísmo.
El Amanecer y La Guerra, en particular, son ejemplos de cómo el cine de género puede aspirar a algo más que el mero entretenimiento. Reeves construyó una puesta en escena que privilegia el silencio y la mirada, recursos que Hitchcock dominaba con maestría.
Hay secuencias en La Guerra que funcionan casi sin diálogos, donde la cámara observa y el montaje construye tensión de forma orgánica. Es cine en su forma más pura.
La pregunta ahora es si esta nueva entrega continuará los hilos narrativos de El Reino o si explorará territorios completamente nuevos. Los detalles de la trama permanecen en secreto, lo cual es prudente.
Pero uno no puede evitar preguntarse si el estudio tiene el coraje de arriesgar o si, simplemente, buscará replicar el éxito anterior con ligeras variaciones.
¿Competencia técnica o visión artística?
Hay algo inquietante en la forma en que Hollywood gestiona sus franquicias hoy en día. Se busca la eficiencia, la profesionalidad, la capacidad de entregar un producto pulido en tiempo y forma.
Y eso está bien, hasta cierto punto. Pero el cine, el verdadero cine, necesita algo más que competencia técnica. Necesita visión, riesgo, personalidad.
Shakman ha demostrado que sabe dirigir. Pero, ¿sabe contar una historia que importe? ¿Tiene algo que añadir al universo de El Planeta de los Simios más allá de su habilidad para coordinar equipos de efectos visuales?
Porque al final, lo que distingue una buena película de franquicia de una meramente funcional no es el presupuesto ni la tecnología. Es la capacidad de emocionar, de sorprender, de hacer que el espectador salga de la sala con algo más que el recuerdo de unas imágenes bonitas.
Kubrick decía que el cine es una máquina de generar empatía. Y eso es precisamente lo que las mejores entregas de El Planeta de los Simios han conseguido: hacernos sentir por criaturas que no son humanas, pero que reflejan lo mejor y lo peor de nuestra propia naturaleza.
Habrá que esperar para ver qué rumbo toma esta nueva entrega. Por ahora, lo único seguro es que El Planeta de los Simios continuará, con o sin nuestra aprobación.
La franquicia ha ganado ese derecho. Pero también ha establecido un listón muy alto, y no todos los directores están a la altura de semejante desafío.
Confío en que Shakman, Friedman y compañía sean conscientes de lo que tienen entre manos. No se trata solo de hacer otra película de simios.
Se trata de mantener viva una de las pocas franquicias contemporáneas que aún conserva algo de dignidad artística. Y eso, en el Hollywood actual, es casi un acto revolucionario.

