- El 18 de diciembre de 2026 se estrenan Avengers: Doomsday y Dune: Parte Tres el mismo día, un duelo bautizado como «Dunesday» que busca replicar el fenómeno Barbenheimer.
- A diferencia de Barbie y Oppenheimer, estas dos películas compiten por el mismo público de blockbusters, lo que podría convertir la estrategia en un arma de doble filo.
- Los números históricos sugieren que cuando dos gigantes del mismo género chocan, alguien sale perdiendo, pero el hype conjunto podría cambiar las reglas del juego.
¿Os acordáis del verano de 2023? Barbie y Oppenheimer se estrenaron el mismo día y el público decidió que no tenía por qué elegir. Nació el «Barbenheimer», un fenómeno que llenó las salas y demostró que dos películas opuestas podían convivir y triunfar juntas.
Hollywood ha tomado nota y quiere repetir la jugada. Pero esta vez las cartas son muy distintas.
El 18 de diciembre de 2026 será un día para enmarcar. Marvel Studios lanza Avengers: Doomsday y Warner Bros. responde con Dune: Parte Tres. Dos pesos pesados, dos franquicias millonarias, dos estudios que no parecen dispuestos a pestañear primero.
Y lo más curioso: las propias estrellas ya le han puesto nombre a la batalla. Robert Downey Jr. y Timothée Chalamet han acuñado el término «Dunesday» (un juego de palabras entre Dune y Doomsday que, todo hay que decirlo, suena bastante bien).
Pero aquí viene lo interesante: ¿funcionará esta estrategia o estamos ante un choque de trenes en toda regla?
El precedente: cuando Barbie y Oppenheimer conquistaron el mundo
Para entender lo que está en juego, hay que mirar atrás. El 21 de julio de 2023, Christopher Nolan estrenaba Oppenheimer, un drama biográfico de tres horas sobre el padre de la bomba atómica. El mismo día, Greta Gerwig lanzaba Barbie, una comedia rosa chicle sobre la muñeca más famosa del mundo.
En papel, no tenían nada que ver. Y precisamente por eso, funcionó.
El público convirtió aquella coincidencia en un evento. Las redes se llenaron de memes, la gente compraba entradas dobles, y los cines vivieron uno de los mejores fines de semana de la década. Oppenheimer recaudó más de 950 millones de dólares. Barbie superó los 1.400 millones.
La clave estuvo en la diferenciación. Eran propuestas tan distintas que no competían por el mismo espectador. Drama histórico denso versus diversión pop y color. O, mejor aún, veías las dos y te sentías parte de algo más grande.
Dunesday: ¿magia o estrellada?
Ahora bien, el «Dunesday» plantea un escenario completamente diferente.
Tanto Avengers: Doomsday como Dune: Parte Tres son películas de ciencia ficción épica, con presupuestos estratosféricos, efectos visuales de última generación y un público objetivo que se solapa casi al 100%.
Ambas buscan al mismo espectador: el fan de blockbusters, el que disfruta con universos complejos, batallas espaciales y narrativas ambiciosas.
Y aquí es donde la cosa se pone interesante. Porque si Barbenheimer funcionó por contraste, Dunesday podría sufrir por saturación.
¿De verdad el público va a pagar dos entradas de cine en plena campaña navideña para ver dos películas que, en esencia, le ofrecen experiencias similares? Los datos históricos no son especialmente optimistas cuando dos gigantes del mismo género se enfrentan cara a cara.
Pero hay matices. Robert Downey Jr. regresa al Universo Cinematográfico de Marvel por primera vez desde Avengers: Endgame en 2019, aunque esta vez no como Tony Stark. Su vuelta es uno de los ganchos más potentes que Marvel ha tenido en años.
Por otro lado, Denis Villeneuve cierra su trilogía de Dune adaptando Dune Messiah, y si las dos primeras entregas son indicativo de algo, es que estamos ante cine de autor con alma de superproducción.
¿Por qué ningún estudio da su brazo a torcer?
Lo fascinante es que ambos estudios parecen decididos a mantener la fecha. Y no es casualidad que las propias estrellas estén promoviendo el «Dunesday» de forma conjunta.
Esto sugiere que, lejos de verse como rivales, Marvel y Warner podrían estar apostando por replicar el efecto Barbenheimer, convirtiendo el estreno doble en un evento cultural.
Desde un punto de vista estratégico, tiene sentido. Diciembre es un mes tradicionalmente fuerte en taquilla, con público familiar y vacaciones escolares. Además, el hype generado por la «competencia» puede funcionar como publicidad gratuita.
Si los medios hablan de Dunesday, si las redes se llenan de debates sobre qué película ver primero, ambas franquicias salen ganando en visibilidad.
Pero también hay riesgos. Si una de las dos películas resulta ser claramente superior (o peor), el boca a boca puede ser demoledor. Y si el público decide que solo tiene presupuesto para una entrada, alguien va a salir perdiendo.
En 2023, tanto Barbie como Oppenheimer eran apuestas frescas y diferentes. En 2026, hablamos de secuelas de franquicias consolidadas. La fatiga del espectador es real.
Vamos con los números que de verdad importan
Dune: Part Two recaudó 714 millones de dólares en 2024, una cifra sólida pero no estratosférica. Avengers: Endgame cerró con 2.798 millones en 2019, pero las últimas entregas de Marvel han tenido resultados más modestos.
The Marvels apenas llegó a 200 millones. Deadpool & Wolverine fue la excepción con 1.300 millones, pero contaba con el factor nostalgia y el regreso de Hugh Jackman.
Para que Dunesday funcione, ambas películas necesitan superar los 800 millones cada una. Es un objetivo ambicioso, pero no imposible.
El mercado internacional será clave, especialmente China, donde tanto Marvel como Dune tienen tracción. Pero también hay que considerar la competencia: diciembre de 2026 no será solo cosa de dos.
Escenario optimista vs. pesimista
Si me ponéis a hacer proyecciones (que es lo que más me gusta), veo dos caminos posibles:
Escenario optimista: Ambas películas se benefician del hype cruzado. El público adopta el término «Dunesday» de forma orgánica, las redes arden con memes y debates, y la gente hace planes para ver las dos. Avengers: Doomsday alcanza los 1.200 millones y Dune: Parte Tres llega a los 900 millones. Todos contentos.
Escenario pesimista: El público elige bando. Una película arrasa en críticas y la otra decepciona. El boca a boca mata a la más débil en su segunda semana. La ganadora se lleva 1.000 millones, la perdedora se queda en 400 millones. Alguien en Warner o Marvel tiene que dar explicaciones.
Personalmente, creo que estaremos en un punto intermedio. Ambas películas funcionarán, pero ninguna alcanzará su máximo potencial porque se estarán robando público mutuamente.
¿Adoptará el público el término «Dunesday»?
Aquí entra en juego algo que no se puede controlar: la cultura de internet.
Barbenheimer no fue una campaña de marketing orquestada; fue orgánico, espontáneo, viral. La gente lo adoptó porque le hacía gracia, porque tenía sentido, porque era divertido.
Dunesday tiene el respaldo de dos estrellas carismáticas, pero eso no garantiza nada. El nombre es pegadizo, suena apocalíptico, tiene gancho. Pero para que cale de verdad, necesita que el público lo haga suyo.
Y eso solo ocurrirá si ambas películas generan expectación genuina, no solo ruido promocional.
Al final, Dunesday es una apuesta fascinante. Puede ser el próximo gran fenómeno de taquilla o una lección sobre los peligros de la saturación.
Lo que está claro es que el 18 de diciembre de 2026 será un día que los analistas de taquilla recordaremos durante años, para bien o para mal.
Y yo, como siempre, estaré ahí con mi calculadora y mis gráficos, desgranando cada cifra, cada tendencia, cada sorpresa. Porque si algo nos ha enseñado el cine en los últimos años es que, cuando se trata de taquilla, nunca hay que dar nada por sentado.
Los números siempre cuentan una historia. Y esta promete ser épica.

