- Rey Skywalker tendrá un papel importante pero secundario en la nueva trilogía de Simon Kinberg, que se centrará en una nueva generación de personajes.
- Dave Filoni asume el control creativo de Star Wars tras la salida de Kathleen Kennedy, priorizando proyectos que extenderán la saga hasta 2030 y más allá.
- Me parece fascinante cómo Star Wars intenta equilibrar el legado de sus personajes icónicos con la necesidad de renovación narrativa, un dilema que define el futuro de cualquier mitología moderna.
Hay algo profundamente simbólico en ver cómo una saga pasa el testigo. No hablo solo de personajes, sino de eras completas. De visiones del mundo.
Star Wars lleva décadas enfrentándose a esta tensión: ¿cómo honras lo que fue sin convertirte en un museo? ¿Cómo avanzas sin traicionar la esencia que hizo que millones nos enamoráramos de una galaxia muy, muy lejana?
La noticia sobre el papel de Rey Skywalker en la próxima trilogía de Simon Kinberg plantea exactamente esa pregunta. Y la respuesta parece ser: con cuidado. Con Rey presente, pero no al frente. Con nuevos rostros tomando el mando mientras los antiguos héroes observan desde un segundo plano.
Rey como puente, no como destino
Según los rumores filtrados, Daisy Ridley volverá como Rey Skywalker en la trilogía que está desarrollando Simon Kinberg. Pero no será la protagonista principal. Su función será otra: servir de enlace entre lo que conocemos y lo que está por venir.
Es una decisión inteligente, casi inevitable. Rey cerró un ciclo en El ascenso de Skywalker, para bien o para mal. Intentar estirar su historia como eje central habría sido repetir los errores del pasado.
Me recuerda a lo que hicieron con Obi-Wan en la trilogía original. Su presencia era fundamental, pero la historia pertenecía a Luke. Aquí, Rey podría cumplir ese rol: la Jedi que guía, que enseña, que representa la continuidad del legado sin monopolizar el relato.
Es el mismo patrón que vi en Blade Runner 2049: Deckard aparece, importa, pero la película pertenece a K. Esa generosidad narrativa es lo que permite que las mitologías respiren.
El futuro según Filoni y Kinberg
Con la salida de Kathleen Kennedy como presidenta de Lucasfilm, Dave Filoni ha asumido el control creativo de los proyectos en desarrollo. Y entre sus prioridades está precisamente esta trilogía de Kinberg.
Kennedy confirmó que Kinberg presentó un tratamiento de 70 páginas hace aproximadamente un mes, tras reescribir por completo una versión anterior. Se espera un nuevo guion para marzo.
Lo interesante aquí no es solo el cambio de guardia, sino lo que representa. Filoni entiende Star Wars desde dentro. Ha construido mitología en The Clone Wars, Rebels, Ahsoka. Sabe que las grandes historias no se sostienen solo con espectáculo, sino con ideas que resuenen.
Y Kinberg, por su parte, tiene experiencia en sagas complejas. La pregunta es: ¿qué historia quieren contar? ¿Qué dice esta nueva trilogía sobre nosotros, sobre nuestro momento histórico?
Una galaxia que se extiende hasta 2030
Kennedy dejó claro que esta trilogía llevará la cronología de Star Wars hasta bien entrada la década de 2030. Es una declaración de intenciones: Lucasfilm no planea detenerse.
Mientras tanto, The Mandalorian and Grogu llegará a los cines en 2026. Y existe una película centrada en Rey, dirigida por Sharmeen Obaid-Chinoy, ambientada 15 años después de El ascenso de Skywalker. Esta cinta podría funcionar como puente narrativo entre el Episodio IX y la trilogía de Kinberg.
Es un tablero complejo. Múltiples líneas temporales, múltiples visiones creativas. El riesgo es la fragmentación. Pero también es una oportunidad: explorar la galaxia desde ángulos distintos, con tonos diversos.
¿Qué significa todo esto?
Al final, lo que me interesa no es tanto quién dirige qué o cuándo se estrena tal película. Lo que me interesa es la pregunta de fondo: ¿qué quiere ser Star Wars en esta nueva etapa?
Durante años, la saga ha oscilado entre la reverencia al pasado y el intento de reinventarse. A veces con éxito, a veces no. Pero siempre con esa tensión presente.
Usar a Rey como figura de apoyo en lugar de protagonista es, en cierto modo, una declaración filosófica. Es decir: el futuro no puede depender eternamente de los mismos nombres. Necesitamos nuevas voces, nuevas perspectivas. Pero tampoco podemos borrar lo que vino antes.
Es el equilibrio de la Fuerza, si se quiere. O, más terrenalmente, el equilibrio de cualquier mitología que aspira a perdurar.
Star Wars siempre ha sido un espejo. Nos muestra imperios que caen, rebeliones que nacen, héroes que dudan. Y en cada generación, la saga se reinventa para reflejar nuestras propias ansiedades, nuestras propias esperanzas.
Esta nueva trilogía, con Rey como puente y nuevos personajes al frente, podría ser exactamente eso: un reflejo de nuestro propio momento de transición.
No sé si funcionará. No sé si Kinberg logrará capturar la magia que hace que Star Wars importe. Pero sí sé que la intención es correcta: honrar el pasado sin quedar atrapado en él. Avanzar sin olvidar de dónde venimos.
Y eso, en una galaxia tan vasta como esta, ya es un buen comienzo.

