Críticas

Crystal Lake se salva gracias a Linda Cardellini

Tras 17 años sin Viernes 13, la precuela de A24 y Peacock llega con mucha sangre artesanal y una trama descosida. Cardellini convierte a Pamela Voorhees en algo magnético y el tramo final se atreve a reescribir la saga.

'Crystal Lake', crítica: Linda Cardellini rescata una serie prólogo desordenada
  • Crystal Lake, la serie precuela de Viernes 13 de Peacock, llega tras 17 años de silencio de la saga con ocho episodios, mucha sangre artesanal y una Pamela Voorhees reinventada por Linda Cardellini.

  • Es una obra descosida, pero con una intérprete magnética y un tramo final lo bastante audaz como para perdonarle buena parte de sus pecados.

  • Sus dos últimos episodios, dirigidos por Quyen Tran, reescriben con valentía la mitología de la franquicia y dejan al espectador pidiendo una segunda temporada.

Hay proyectos que llegan tarde y otros que parecen haber estado siempre en camino. Crystal Lake pertenece a los segundos. La saga de Viernes 13, salvo el cortometraje Sweet Revenge, de Mike P. Nelson, en 2025, permanecía dormida desde el remake de 2009, una película bastante más digna de lo que se le suele reconocer. Los motivos del letargo eran legales, y por tanto bastante poco poéticos.

En 2022, A24 anunció una serie precuela desarrollada por Bryan Fuller, el artífice de Hannibal, con un presupuesto ambicioso de unos diez millones de dólares por episodio. El camino posterior fue largo: Fuller abandonó por diferencias creativas y Brad Caleb Kane, responsable de It: Welcome to Derry, tomó las riendas como showrunner.

¿Ha merecido la pena la espera?

La respuesta corta es que sí. La larga, como casi siempre, exige matices. Crystal Lake es una serie extraña, confusa por momentos, con subtramas que se pisan unas a otras y temas de gran potencial que no siempre se desarrollan con coherencia.

Y, sin embargo, cuenta con una interpretación feroz de Linda Cardellini, reciente ganadora de un Emmy por DTF St. Louis, y con toda la casquería artesanal que un aficionado pueda desear. Es un desorden, sí, pero un desorden de visión obligada para los seguidores de siempre.

Cardellini y una Pamela Voorhees insospechada

La historia arranca en el pequeño pueblo de Crystal Lake. Pamela Voorhees trabaja como cocinera en un campamento de verano, donde su hijo Jason (Callum Vinson) es objeto de burlas por su deformidad física. Cuando unos monitores distraídos no se dan cuenta de que el niño se ahoga en el lago, Pamela queda sumida en el estupor y la ira.

Un año después, en 1971, intenta superar el duelo regresando a su trabajo en el campamento. Pero una rabia vengativa se le va metiendo en la cabeza. Esa furia desemboca en una carnicería que ella intenta contener, mientras los oscuros secretos de su pasado y del de Jason empiezan a aflorar.

Cardellini, a quien muchos recordarán por Freaks and Geeks o Scooby-Doo, está sencillamente colosal. Hace bien en no imitar la célebre interpretación de Betsy Palmer. En su lugar, construye una Pamela con una interioridad inesperada: una mujer llena de ternura y desvelo que se pudre poco a poco hasta convertirse en rabia animal.

Su desgarro pesa tanto como su furia. En las grandes escenas de muerte se transforma en algo irreconocible, aterrador y, a la vez, un verdadero placer de contemplar.

Temas desiguales

Todo lo que Kane levanta en torno a Pamela funciona. Incluso cuando la serie altera con descaro la mitología de la saga, el personaje se convierte en una suerte de encarnación de la crisis de identidad que atravesaba la sociedad estadounidense de los setenta. Pamela arremete contra la familia nuclear que perdió, y ese conflicto resulta riquísimo, sobre todo a medida que se despliega su pasado.

El problema aparece cuando la serie se abre a otros asuntos. El más evidente es el sexo. Desde siempre, en Viernes 13, Pamela primero y Jason después castigaban a los jóvenes que se entregaban a los placeres de la carne, mientras la chica virginal acababa venciendo al asesino.

Linda Cardellini como Pamela Voorhees ensangrentada en Crystal Lake

Esa lectura moralista ha sido muy discutida por la crítica cultural, pero forma parte del ADN de la franquicia. Crystal Lake coloca el sexo y otras formas de supuesto «hedonismo» en primer plano, lo cual es lógico, pero no sabe qué hacer con ello. No hay una tesis coherente; al contrario, ensaya enfoques contradictorios. Aquello de «si tienes sexo, el asesino viene a por ti» no era precisamente profundo, pero la falta de una postura clara te hace añorar esa sencillez.

Sangre en abundancia

En materia de violencia, la serie no defrauda. Hay muertes viscosas y prácticas que compiten con lo mejor de la saga. No se alcanza el extremo de Terrifier, pero hay escenas que provocan arcadas y empujan los límites de lo que el terror televisivo puede mostrar, a la altura de It: Welcome to Derry.

La fotografía digital pierde la textura de aquel cine barato rodado en película, pero lo compensa con cubos de sangre espesa que no dejan de manar a lo largo de los episodios.

Demasiadas subtramas

Cada acierto de Crystal Lake viene seguido de una decisión desconcertante. Fuera de Pamela, las líneas argumentales son de calidad muy dispar. Crazy Ralph (Nick Cordileone) es un hallazgo, pues aporta un contexto delicioso al personaje de las películas originales. En cambio, el jefe de policía Levon Brooks (William Catlett) y su hermana periodista, Briana (Devin Kessler), son buenos personajes que la serie aprovecha de forma irregular.

Que la monitora Claudette (Danielle Kotch) encuentre a Dios o que aparezca un grupo de jóvenes espíritus libres de aire sectario son decisiones difíciles de entender. La trama de Grace (Gwendolyn Sundstrom), antigua amiga de Jason en el campamento, da un giro brusco y cruel que, hay que admitirlo, es una apuesta enorme.

El resultado es la sensación de ver varias series muy distintas a la vez. Nunca aburre, pero resulta en ocasiones abrumadoramente caótica.

Un final de los que se recuerdan

Y entonces, en los dos últimos episodios, dirigidos por Quyen Tran, la serie por fin funciona de verdad. El séptimo, titulado «Friday…», da un giro estético y narrativo que, sobre el papel, no debería salir bien, y sin embargo lo consigue a fuerza de audacia y cuidado. Al explorar el pasado de Pamela, todo en ella cobra sentido.

Es posible que a algunos aficionados les moleste cuánto amplía, o directamente inventa, la mitología. Para otros, entre los que me cuento, es uno de los episodios más emocionantes del año televisivo, y reúne lo que la serie pretende en su conjunto.

El desenlace deja caer una bomba sobre nuestra percepción de la historia de Viernes 13. Esta franquicia ha tenido telequinesia, babosas demoníacas, un cruce con Freddy Krueger y hasta un Jason en el espacio en Jason X. El final es igual de arriesgado, pero con más mimo, pues busca replantear en lugar de reinventar. Al caer los créditos, uno ruega una segunda temporada.

Veredicto

Es un viaje con baches, con tropiezos temáticos y subtramas en exceso. Pero cuando acierta, acierta de lleno. Gracias a la espléndida interpretación de Cardellini, a un recuento de cadáveres generoso y a un cierre decisivo, esta primera temporada resulta un debut imperfecto pero satisfactorio, con una mirada propia sobre la saga.

Los fieles de Viernes 13 han recorrido un largo camino hasta aquí. Si están dispuestos a asumir unos cuantos baches, el destino quizá merezca la espera.

Valoración: 3 de 5 estrellas.

Crystal Lake se estrena el 15 de octubre en Peacock. Desarrollada por Brad Caleb Kane a partir de los personajes creados por Victor Miller, cuenta con ocho episodios en su primera temporada y un reparto encabezado por Linda Cardellini, William Catlett, Devin Kessler, Cameron Scoggins, Gwendolyn Sundstrom, Callum Vinson y Nick Cordileone. La producción corre a cargo de A24, con música de Giosuè Greco y el tema original de Harry Manfredini.

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