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Disney confirmó en el D23 que Coco 2 está en desarrollo, con Benjamin Bratt de vuelta como Ernesto de la Cruz y un Miguel ya adolescente, con estreno previsto en cines para 2029.
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Ernesto de la Cruz regresa movido por la venganza, prometiendo nuevos giros del destino en una historia que muchos considerábamos cerrada.
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💭 Coco usó la animación para hablar de algo mucho más grande: el olvido, los ídolos que fabricamos y la memoria como forma de supervivencia. La pregunta ahora es si su secuela llega con ideas igual de poderosas o solo con el impulso de una franquicia que funcionó demasiado bien como para dejarla quieta.
Hay películas que terminan y parecen haber dicho todo lo que necesitaban decir. Coco era una de ellas. Pixar construyó un universo donde la muerte no es un final sino una forma de continuidad —donde el verdadero olvido es más aterrador que cualquier fantasma—, y lo hizo con una precisión emocional que rara vez se ve en el cine de animación. Era una historia completa, honesta, que lloraba sin disculparse y celebraba sin perder profundidad.
Me pasó algo curioso la primera vez que la vi: salí pensando menos en la trama y más en su idea central. Esa noción de que alguien deja de existir de verdad cuando el último que lo recuerda lo olvida me recordó inmediatamente a Blade Runner, a esos replicantes aferrados a recuerdos que quizá ni siquiera son suyos. Momentos que se perderán «como lágrimas en la lluvia». Coco, sin naves ni androides, hablaba exactamente de lo mismo: somos, en gran medida, lo que otros recuerdan de nosotros.
Por eso, cuando Disney confirma Coco 2, la emoción viene inevitablemente acompañada de una pregunta que no puedes ignorar: ¿para qué? No como crítica automática, sino como reflexión genuina sobre lo que convierte una secuela en algo necesario. Las mejores existen porque tienen algo nuevo que añadir. Las peores simplemente repiten lo que funcionó. ¿Dónde va a caer esta?
Miguel ya no es un niño
Durante el D23, el gran evento donde Disney presenta sus próximos proyectos, se confirmó oficialmente Coco 2. Y junto al anuncio llegó una decisión narrativa que cambia por completo el punto de partida: Miguel ya no es el niño entusiasta que cruzó accidentalmente al mundo de los muertos. Ahora es un adolescente.
Es un salto que, bien ejecutado, tiene un potencial real. La adolescencia es ese territorio donde las preguntas sobre identidad se vuelven urgentes e incómodas, donde la herencia familiar deja de ser un legado bonito y se convierte en algo que tienes que decidir si aceptas o rechazas.
Si la primera película giraba en torno a descubrir quién eres, la segunda podría explorar qué haces con eso una vez que lo sabes. Ahí hay una historia. La duda es si van a contarla con la misma valentía con la que contaron la primera.
El regreso de Ernesto de la Cruz
La confirmación más llamativa del anuncio fue la aparición de Benjamin Bratt en el escenario del D23, volviendo a dar voz al icónico —y profundamente corrupto— Ernesto de la Cruz.

En la primera película, Ernesto era el ejemplo perfecto del ídolo construido sobre mentiras. Un hombre que robó el talento de otro, lo convirtió en gloria personal y murió adorado por millones. Coco usaba a ese personaje para decir algo muy claro: que el brillo de un ídolo puede ser completamente falso, y que la historia que contamos sobre los muertos dice más de nosotros que de ellos.
Ahora, según el propio Bratt, Ernesto regresa con un propósito muy concreto:
«Es un pequeño perturbador que arruinó una carrera y destruyó una leyenda. Ernesto de la Cruz regresa en busca de venganza… demostrando que el destino tiene sus giros.»
La venganza como motor narrativo tiene sentido dentro de la lógica del personaje. Un hombre cuya imagen fue destruida públicamente —ante todos los que lo habían adorado en el mundo de los muertos— no va a quedarse quieto.
Pero me hago la misma pregunta que con cualquier villano que regresa en una secuela: ¿tiene algo nuevo que decir, o simplemente repite el rol que ya conocemos?
El universo de Coco se expande: Kingdom Hearts
La franquicia no se queda solo en las salas de cine. Disney también confirmó que Coco se integrará en la próxima entrega de Kingdom Hearts, la saga de videojuegos que lleva décadas mezclando universos Disney con narrativas de rol japonesas.
Es un movimiento de expansión casi obligado dentro de la estrategia Disney, pero aquí hay algo que va más allá del simple cálculo comercial. La Tierra de los Muertos no es un escenario cualquiera: es un espacio profundamente simbólico, un lugar diseñado para hablar de la permanencia y el olvido.
Y trasladar ese espacio a un medio interactivo tiene una implicación interesante que no debería pasarse por alto. En una película, la memoria es algo que contemplas; en un videojuego, es algo que habitas y recorres. Convertir al jugador en alguien que camina por ese reino de los recuerdos podría, si se hace con inteligencia, decir tanto como cualquier escena de la película. Para los fans del juego, puede ser una de las inclusiones más fascinantes en mucho tiempo.
¿Tiene algo nuevo que decir?
Esta es la pregunta que más me importa, y todavía no tiene respuesta.
La primera Coco tenía una tesis precisa: el verdadero olvido es más cruel que la muerte, los ídolos que fabricamos pueden ser fraudes, y el talento robado puede volver a brillar si hay alguien dispuesto a recordarlo. Era un mensaje limpio, ejecutado con una profundidad emocional difícil de replicar.
La secuela, con Miguel adolescente y Ernesto en modo vengativo, podría explorar territorios igual de interesantes: qué pasa cuando creces con el peso de una historia que no pediste, cómo se hereda un legado complicado, si el perdón tiene cabida cuando el daño fue tan profundo.
Es el mismo terreno que exploraba Arrival a su manera: la idea de que la memoria no es solo un archivo del pasado, sino la estructura que define quiénes somos y qué decisiones tomamos. Si Coco 2 se atreve a mirar de frente esa complejidad, tiene todo lo necesario para justificarse.
El material está ahí. La pregunta es si Pixar va a usarlo bien.
Coco 2 llega con el peso de un original que lo hizo casi todo bien. El reto no es técnico —Pixar raramente falla en ese plano— sino filosófico: encontrar una razón genuina para existir más allá del éxito comercial de su predecesora. Miguel adolescente, Ernesto vengativo y un estreno previsto para 2029 son los datos que tenemos ahora. El resto, por ahora, es especulación y esperanza.
Lo que sí es cierto es que las historias sobre memoria, identidad y los monstruos que construimos con nuestra propia admiración nunca son del todo innecesarias. Si Coco 2 tiene algo honesto que añadir a esa conversación, merece existir. Si no, será una película técnicamente impecable que no conseguirá hacerte llorar de la misma manera que la primera. Y entre esas dos opciones, hay un abismo enorme.

