Nueva serie Assassin’s Creed en Netflix: Orígenes en el Gran Incendio de Roma

Netflix confirma serie Assassin’s Creed en Roma 64 d.C. durante el Gran Incendio de Nerón. Producción en Cinecittà con Toby Wallace, Lola Petticrew, Noomi Rapace y Sean Harris.

✍🏻 Por Tomas Velarde

marzo 21, 2026

• Netflix retoma la franquicia Assassin’s Creed con una serie ambientada en la Roma del año 64 d.C., durante el Gran Incendio que asoló la ciudad bajo el mandato de Nerón.

• La producción en los estudios Cinecittà representa una oportunidad de redención tras el fracaso de la película de 2016, que obtuvo un lamentable 18% en Rotten Tomatoes.

• La elección de un periodo histórico virgen dentro de la franquicia sugiere que Netflix ha comprendido que la originalidad narrativa puede ser más valiosa que la fidelidad servil a los videojuegos.


Hay algo profundamente irónico en que una franquicia nacida de la interactividad digital busque constantemente su legitimación en el lenguaje cinematográfico. Assassin’s Creed lleva años intentando conquistar la pantalla con resultados decepcionantes.

La película de 2016, con todo su despliegue de medios y un Michael Fassbender entregado a una causa perdida, no fue solo un fracaso comercial. Fue una lección sobre cómo no adaptar un material que, en esencia, depende de la agencia del jugador para cobrar sentido.

Ahora Netflix vuelve a la carga con una serie que promete explorar la Roma del año 64 d.C., en pleno Gran Incendio. Los estudios Cinecittà —esos mismos donde Fellini filmó sus sueños— servirán de escenario para esta nueva incursión en el eterno conflicto entre Asesinos y Templarios.

La pregunta no es si la serie será fiel a los videojuegos, sino si será capaz de encontrar su propia voz cinematográfica, algo que la película nunca logró.


La decisión de situar la trama en el año 64 d.C. es astuta. Roma ya apareció en Assassin’s Creed Brotherhood, pero aquella era la Roma renacentista de Ezio Auditore, casi mil quinientos años posterior a la que veremos ahora.

El Gran Incendio de Roma —ese desastre que la leyenda atribuye a la locura de Nerón mientras tocaba la lira— ofrece un telón de fondo dramático de primer orden. Es el tipo de acontecimiento histórico que, bien manejado, puede dotar de urgencia y escala épica a cualquier narrativa.

El reparto encabezado por Toby Wallace y Lola Petticrew cuenta con el respaldo de Noomi Rapace y Sean Harris. Rapace demostró en la trilogía original de Millennium que posee la intensidad necesaria para este tipo de material. Harris es un actor de carácter cuya sola presencia añade capas de ambigüedad moral. Son elecciones que sugieren seriedad.

Netflix anunció este proyecto en 2020 y lo relanzó al año siguiente con talento creativo procedente de series como Westworld y Halo. Westworld, en sus mejores momentos, supo combinar espectáculo visual con reflexiones filosóficas sobre la identidad y el libre albedrío.

Halo, por otro lado, ha sido una adaptación irregular que no termina de encontrar el equilibrio entre servir a los fans y construir algo cinematográficamente coherente. ¿Qué lecciones habrán extraído estos creadores de sus experiencias previas?

La franquicia Assassin’s Creed siempre ha jugado con la idea del determinismo histórico frente a la libertad individual. Es un tema que, bien desarrollado, podría resonar con las preocupaciones del cine de autor europeo. Pienso en las reflexiones de Bergman sobre el destino, o en cómo Kubrick exploraba la violencia inherente a la civilización.

El material está ahí, latente, esperando a que alguien con visión lo extraiga.

El problema fundamental de la película de 2016 no fue su ambición, sino su incapacidad para decidir qué historia quería contar. Se perdió entre secuencias de acción competentes pero vacías y una trama en el presente que nunca logró justificar su existencia.

El resultado fue un producto híbrido que no satisfizo ni a los fans de los videojuegos ni al público general.

Una serie, por su propia naturaleza episódica, tiene más espacio para respirar, para desarrollar personajes y construir un mundo creíble. La elección de Cinecittà como locación no es meramente práctica. Hay algo poético en que una historia sobre Roma se filme en el corazón de la industria cinematográfica italiana.


Queda por ver si Netflix ha aprendido de los errores del pasado. La tentación de priorizar el espectáculo sobre la sustancia es enorme, especialmente en una era donde los efectos visuales pueden enmascarar la ausencia de ideas.

Pero el cine —el verdadero cine— siempre ha sido una cuestión de puesta en escena, de coherencia narrativa, de respeto por la inteligencia del espectador. Si esta serie logra capturar aunque sea una fracción de la complejidad moral y la riqueza histórica que el material promete, podría redimir una franquicia que aún no ha encontrado su lugar en el lenguaje audiovisual.

Roma arde, y con ella, quizás, la última oportunidad de demostrar que los videojuegos pueden generar algo más que productos derivados olvidables. El fuego puede destruir, pero también purifica. Veremos qué emerge de las cenizas.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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