• Steven Spielberg ha mantenido una excelencia tan sostenida durante medio siglo que algunas de sus películas notables quedan eclipsadas por sus propias obras maestras más célebres.
• La tendencia a reducir su legado a los mismos títulos sagrados —Tiburón, E.T., La lista de Schindler— impide apreciar otras joyas que merecen mayor reconocimiento en su filmografía.
• Este análisis rescata cinco títulos infravalorados que demuestran que incluso el Spielberg «menor» supera a la mayoría de sus contemporáneos.
Hay algo profundamente irónico en la trayectoria de Steven Spielberg. Cuando un cineasta alcanza la excelencia de forma tan sostenida durante más de medio siglo, cuando prácticamente cada década de su carrera aporta al menos una obra maestra indiscutible al canon cinematográfico, entonces ocurre lo inevitable.
Algunas de sus películas notables quedan sepultadas bajo el peso de sus propios triunfos monumentales. Es el precio de la grandeza perpetua.
La maldición de la excelencia
¿Cuántas veces hemos visto listas de «lo mejor de Spielberg» que se limitan a recitar los mismos títulos sagrados? Tiburón, En busca del arca perdida, E.T., el extraterrestre, La lista de Schindler, Salvar al soldado Ryan…
Obras maestras todas ellas, sin duda alguna. Pero en una filmografía tan vasta y consistentemente brillante, ¿no merecen otras películas salir de las sombras proyectadas por estos colosos?
Hoy propongo un ejercicio de justicia cinéfila: rescatar del olvido relativo cinco títulos que demuestran que incluso el Spielberg «menor» supera a la mayoría de sus contemporáneos.
El problema de la visibilidad
Spielberg pertenece a esa estirpe rarísima de directores —junto a Hitchcock, Kurosawa o Wilder— que han mantenido un nivel de calidad casi sobrenatural durante décadas.
Pero esta consistencia tiene un coste. Cuando tu peor película sigue siendo técnicamente competente, y tus obras «menores» superarían con creces lo mejor de muchos otros directores, el público y la crítica tienden a centrarse únicamente en tus cumbres más altas.
Es comprensible. Tiburón revolucionó el concepto mismo del blockbuster moderno. La lista de Schindler redefinió cómo el cine podía abordar el Holocausto. Salvar al soldado Ryan estableció un nuevo estándar para las películas bélicas con aquella secuencia de Omaha Beach que todavía hoy resulta visceralmente impactante.
Pero entre estos monumentos cinematográficos existen otras películas que, en manos de cualquier otro director, habrían sido consideradas la obra cumbre de su carrera.
Criterios de selección
Para este análisis, he establecido parámetros claros. No se trata simplemente de enumerar películas menos conocidas, sino de identificar aquellas que poseen méritos artísticos genuinos.
He excluido deliberadamente sus obras más celebradas: Tiburón, En busca del arca perdida, Parque Jurásico, E.T., Salvar al soldado Ryan, Encuentros en la tercera fase, La lista de Schindler y Minority Report.
También he descartado sus trabajos más recientes, que aún están encontrando su lugar en la historia del cine. El tiempo es el mejor crítico, y necesitamos cierta distancia para evaluar con justicia una película.
Lo que buscamos son esas gemas que demuestran aspectos particulares del talento de Spielberg: su capacidad para la intimidad emocional, su habilidad para trabajar con restricciones, su versatilidad temática, su evolución como narrador visual.
La paradoja del maestro
Recuerdo mis primeros años como crítico en aquellos foros de cinéfilos de finales de los noventa. Incluso entonces, cuando el acceso a la filmografía completa de un director requería esfuerzo y dedicación, ya existía esta tendencia a reducir a Spielberg a sus «grandes éxitos».
Era como si su propia productividad trabajara en su contra.
Cuando hablamos de películas infravaloradas de Spielberg, no nos referimos a fracasos comerciales rescatados por el tiempo —como ocurrió con Vértigo de Hitchcock— sino a películas que fueron razonablemente exitosas en su momento pero que han quedado eclipsadas en la memoria colectiva.
Son películas que rara vez aparecen en las listas de «mejores films de su década» o en los análisis sobre la evolución del cine contemporáneo.
Más allá de los superlativos
Lo que hace particularmente interesante explorar estas películas infravaloradas es que nos permiten apreciar matices del estilo de Spielberg que a veces quedan ocultos tras el espectáculo de sus producciones más ambiciosas.
En estas obras «menores» podemos observar su trabajo con actores en contextos más íntimos, su capacidad para construir tensión sin recurrir a grandes efectos visuales, su habilidad para abordar temas complejos con sutileza en lugar de grandilocuencia.
Son películas que revelan al artesano detrás del visionario, al narrador meticuloso detrás del creador de espectáculos.
El valor de la revisión
Como cinéfilo formado en la tradición del análisis riguroso, creo firmemente en la importancia de revisar constantemente nuestras valoraciones. El canon cinematográfico no debería ser estático.
Películas que en su momento pasaron desapercibidas pueden revelar nuevas capas de significado con el tiempo.
En el caso de Spielberg, esta revisión es particularmente necesaria. Su filmografía es tan extensa, tan variada, que merece una exploración más profunda que la simple repetición de los mismos títulos consagrados.
Reivindicar estas películas no significa, en absoluto, cuestionar la grandeza de sus obras más célebres. Tiburón seguirá siendo una lección magistral de suspense. La lista de Schindler continuará siendo un testimonio cinematográfico fundamental sobre el Holocausto.
Pero el cine, como cualquier forma de arte, se enriquece cuando ampliamos nuestra mirada. Cuando nos atrevemos a explorar más allá de lo obvio, cuando cuestionamos las jerarquías establecidas, cuando damos una segunda oportunidad a obras que quizá vimos distraídamente.
En el caso de Spielberg, este ejercicio resulta particularmente gratificante. Porque incluso sus películas menos celebradas contienen momentos de brillantez cinematográfica que justifican plenamente su revisión.
Son recordatorios de que la grandeza no siempre llega con fanfarrias, y de que a veces las joyas más valiosas son aquellas que requieren un poco más de esfuerzo para ser descubiertas.

