Por qué They Will Kill You es un buen ejemplo de cine de medianoche

Kirill Sokolov dirige They Will Kill You, una propuesta de terror y acción que abraza la tradición del exploitation sin disculparse. Zazie Beetz lidera un reparto que entrega espectáculo estilizado y humor negro.

✍🏻 Por Tomas Velarde

abril 3, 2026

They Will Kill You es una propuesta de cine de medianoche que recupera la tradición del exploitation sin disculparse por su naturaleza: violencia estilizada, humor negro y acción coreografiada con precisión técnica.

• Zazie Beetz protagoniza este ejercicio de género dirigido por Kirill Sokolov, donde la competencia artesanal se pone al servicio del entretenimiento puro, algo que el cine contemporáneo parece haber olvidado.

• La película fracasa comercialmente pese a su honestidad narrativa, lo cual revela más sobre el estado actual de la industria que sobre los méritos de la obra en sí.


Existe una tradición cinematográfica que el tiempo y la pretensión intelectual han ido erosionando: aquella que entendía el cine como espectáculo sin necesidad de justificación filosófica. They Will Kill You, del director ruso Kirill Sokolov, se inscribe en esa genealogía que va desde el Grand Guignol teatral hasta el exploitation de Roger Corman, pasando por el trabajo temprano de Sam Raimi. Es cine que conoce su naturaleza y la ejecuta con rigor profesional.

La premisa resulta deliberadamente funcional: una mujer busca a su hermana desaparecida en un complejo controlado por un culto de adoradores del diablo inmortales. No hay aquí ambiciones narrativas más allá de establecer el tablero donde se desarrollará la partida. Y es precisamente en esa claridad de propósito donde reside el primer acierto de Sokolov.

El director demuestra haber estudiado sus referentes con atención. Están presentes los ecos de Ready or Not en su sátira de la élite corrupta, las coreografías imposibles que Tarantino popularizó con Kill Bill, y el humor físico desquiciado que Raimi perfeccionó en Evil Dead 2. Pero Sokolov no se limita a la cita reverencial; digiere estas influencias y las integra en un lenguaje propio que resulta reconocible sin ser derivativo.

La violencia se presenta cartoonesca, exagerada hasta el absurdo. Decapitaciones y desmembramientos ejecutados con la física imposible de la animación. Aquí reside la inteligencia de la propuesta: la película nunca solicita que tomemos en serio esta violencia. No aspira a perturbar ni a provocar reflexión moral. Busca, en su lugar, el entretenimiento a través del exceso consciente, una tradición que se remonta a los seriales de aventuras de los años treinta.

La fotografía merece atención particular. Hay un cuidado en cada encuadre que revela profesionalidad. Las secuencias de acción están filmadas con claridad, sin recurrir al montaje frenético que tanto daño ha causado al género en las últimas décadas. Podemos observar cada movimiento, cada gesto, con la nitidez que el cine de acción clásico siempre respetó. Pienso en las peleas que Akira Kurosawa filmaba en planos amplios, permitiendo que la coreografía respirase. Sokolov entiende este principio fundamental.

Zazie Beetz sostiene la película con una actuación que combina energía física y timing cómico. La actriz se entrega al material sin ironía posmoderna, sin ese distanciamiento que tanto daño hace a las interpretaciones contemporáneas. Hay una escena en el segundo acto donde su personaje debe improvisar un arma con elementos cotidianos; el plano secuencia que la captura dura casi dos minutos y está resuelto con la precisión de las grandes actrices del screwball comedy. Beetz maneja el ritmo con la destreza que recordamos en Katharine Hepburn o Carole Lombard, aunque aplicado a un contexto radicalmente distinto.

El reparto secundario —Tom Felton, Heather Graham, Patricia Arquette— funciona como debe: creando el ecosistema de locura necesario sin aspirar al protagonismo individual. Son actores competentes al servicio de la maquinaria narrativa, algo que el star system actual parece haber olvidado.

Resulta revelador que una película de esta naturaleza fracase comercialmente mientras productos hinchados y vacíos recaudan millones. They Will Kill You no pretende redefinir el cine ni aspirar a la trascendencia. Ofrece noventa minutos de espectáculo bien ejecutado, y lo consigue con competencia artesanal. Hay pureza en esta honestidad que recuerda al cine de género de los años setenta, cuando directores como John Carpenter o George Romero entendían que el entretenimiento también requiere rigor técnico.

Sokolov recupera ese espíritu sin caer en la nostalgia vacía. Su película existe en el presente, con técnica contemporánea, pero con el alma de aquellas obras que no se disculpaban por su naturaleza. Pienso en Billy Wilder, quien afirmaba que el primer deber del cine es entretener; todo lo demás viene después, si acaso.


No todo el cine necesita cargar con el peso del mensaje trascendente. A veces, el cine puede ser simplemente un espectáculo bien ejecutado, una propuesta que cumple exactamente lo que promete. They Will Kill You pertenece a esa categoría cada vez más escasa de películas que conocen su identidad y la abrazan con convicción.

Que fracase comercialmente dice más sobre el estado actual de la industria que sobre la calidad de la obra. Sokolov ha creado una película de medianoche competente, y Zazie Beetz la atraviesa con la energía que el material requiere. No es arte elevado, pero es cine honesto y profesional. Y eso, cuando tantas producciones millonarias carecen de ambas cualidades, merece reconocimiento.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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