• AMC Theatres ha perdido seis millones de espectadores en el último trimestre, un desplome del 10% que evidencia que la gente está votando con los pies: simplemente no va al cine.
• El problema no es solo la falta de grandes películas, como insiste su CEO: cuando una tarde de cine cuesta lo mismo que una cena decente, estás jugando a la ruleta rusa con tu modelo de negocio.
• La estrategia de compensar menos público con precios más altos funciona hasta que deja de funcionar, y estos números sugieren que estamos peligrosamente cerca de ese punto de no retorno.
Hay cifras que duelen más que otras. Y cuando el mayor circuito de cines del planeta reconoce que ha perdido seis millones de espectadores en un trimestre, la cosa no pinta bien.
AMC Theatres acaba de publicar sus resultados trimestrales y, aunque intentan venderlo con optimismo, los números cantan una realidad incómoda: la gente está yendo menos al cine. Y no hablamos de un trimestre cualquiera, sino de uno repleto de superproducciones navideñas que, en teoría, deberían haber llenado las salas hasta la bandera.
Lo fascinante de este caso es que nos permite radiografiar el estado real de la industria cinematográfica más allá de los titulares triunfalistas. Porque una cosa es que una película concreta triunfe en taquilla, y otra muy distinta es que el negocio de la exhibición esté sano.
Y ahora mismo, mirando estos datos con lupa, lo que vemos es un paciente que respira, sí, pero que necesita urgentemente un tratamiento de choque.
Las cifras no mienten: menos gente, menos dinero
Empecemos por lo básico. AMC Theatres ha ingresado 1.280 millones de dólares en este trimestre, lo que supone un descenso del 1,4% respecto al mismo periodo del año anterior, cuando facturaron 1.300 millones.
A primera vista, puede parecer una caída modesta, casi anecdótica. Pero cuando rascas un poco más, aparece el dato verdaderamente preocupante: la asistencia se ha desplomado un 9,8%.
Traducido a personas reales, estamos hablando de que 56,3 millones de espectadores pasaron por las salas de AMC, frente a los 62,4 millones del año anterior. Seis millones de personas que simplemente decidieron no ir al cine.
Y eso, amigos, es un problema gordo. Porque si los ingresos solo bajan un 1,4% cuando pierdes casi el 10% de tu público, significa que estás compensando con precios más altos. Y esa estrategia tiene un límite muy claro.
Palomitas caras y butacas vacías
Los ingresos por venta de entradas cayeron de 721,4 millones a 701,6 millones de dólares. Nada dramático, pero la tendencia es clara.
Lo curioso viene con la comida y bebida: bajaron de 446,2 millones a 436,5 millones. Este dato me parece especialmente revelador.
Menos gente significa menos palomitas vendidas, obviamente. Pero también nos dice algo sobre el comportamiento del público que sí va: probablemente están siendo más selectivos con sus gastos.
Cuando las entradas están por las nubes y un combo de palomitas y refresco cuesta lo mismo que una cena decente, la gente se lo piensa dos veces. Y AMC está sintiendo ese pinchazo en su segunda fuente de ingresos más importante.
No todo son malas noticias (aunque casi)
Vale, seamos justos. Hay un rayo de luz en este panorama algo deprimente.
AMC ha conseguido reducir sus pérdidas netas de 135,6 millones de dólares a 127,4 millones. Y la pérdida por acción diluida ha mejorado de 35 centavos a 25 centavos.
Son mejoras modestas, pero en el contexto de una compañía que ha estado coqueteando peligrosamente con la quiebra en años recientes, cualquier avance cuenta.
Además, la compañía ha convertido su inversión en Hycroft Mining Holding Corporation en unos 24,1 millones de dólares en efectivo. Sí, habéis leído bien: una cadena de cines invirtiendo en minería.
Fue una de esas movidas financieras extrañas que hizo AMC durante su época de «meme stock», cuando los inversores de Reddit la convirtieron en su juguete favorito. Al menos ahora han recuperado algo de liquidez de aquella aventura. Supongo que cuando estás al borde del abismo, hasta invertir en minas de oro parece razonable.
El elefante en la sala: ¿dónde están las películas?
Y aquí llegamos al meollo del asunto. Adam Aron, el CEO de AMC, ha salido al paso con un mensaje muy claro: el problema no son las salas, sino la falta de contenido de calidad.
Y tiene parte de razón, aunque no toda.
Aron ha declarado que AMC está «excepcionalmente bien posicionada para capitalizar la recuperación de la taquilla» y ha insistido en que «la fórmula no tan secreta para una recuperación completa de la taquilla es sencilla: necesitamos más grandes películas de nuestros socios estudios».
Es una forma elegante de echarle la pelota a Hollywood y decir: «Nosotros estamos listos, pero vosotros no nos dais munición».
Y mirando la cartelera de 2026, Aron tiene motivos para el optimismo. Christopher Nolan vuelve con «The Odyssey», y Marvel trae «Avengers: Doomsday». Son el tipo de películas-evento que históricamente han llenado salas.
¿Es solo culpa de los estudios?
Pero aquí es donde yo me pongo un poco escéptico. Sí, es cierto que necesitamos más películas de calidad. Pero también es verdad que la experiencia de ir al cine se ha encarecido brutalmente.
Cuando una familia de cuatro personas puede gastarse fácilmente 100 euros en una tarde de cine (entradas, palomitas, bebidas), empiezas a competir directamente con otras formas de ocio mucho más asequibles.
Y luego está el elefante en la habitación del que nadie quiere hablar: el streaming. No es que el streaming esté matando al cine, pero sí ha cambiado radicalmente los hábitos de consumo.
La gente se ha vuelto más selectiva. Ya no van al cine «porque sí» o «porque no hay nada mejor que hacer». Ahora van cuando hay una razón de peso, cuando la película justifica el desembolso y el desplazamiento.
La estrategia del precio alto: un arma de doble filo
Lo que me resulta fascinante de estos números es cómo revelan la estrategia de AMC. Han perdido el 10% de su público pero solo el 1,4% de sus ingresos.
Matemáticamente, eso significa que están sacando más dinero por espectador. Han subido precios, han optimizado sus salas premium, han empujado las membresías y los programas de fidelización.
Es una estrategia que funciona… hasta que deja de funcionar. Porque hay un punto en el que el precio se vuelve prohibitivo para demasiada gente, y entonces la caída en asistencia se acelera.
Es como exprimir una naranja: puedes apretar más fuerte para sacar más zumo, pero eventualmente solo te quedas con la pulpa seca. Y nadie quiere ser la pulpa seca.
Mirando hacia 2026: esperanza o espejismo
Aron pone sus esperanzas en la cartelera de 2026, y no le falta razón para hacerlo. Nolan es garantía de taquilla, y los Vengadores siguen siendo una máquina de hacer dinero.
Pero apostar todo a unos pocos blockbusters es exactamente el problema que ha llevado a la industria a esta situación.
Necesitamos más diversidad en la cartelera, más películas de presupuesto medio que puedan funcionar bien sin necesitar 500 millones de dólares en taquilla para ser rentables.
Necesitamos que ir al cine vuelva a ser un hábito, no solo un evento ocasional reservado para las superproducciones.
Los números de AMC son un espejo en el que toda la industria debería mirarse. No basta con tener salas bonitas y tecnología punta si la gente no puede permitirse ir o no encuentra suficientes razones para hacerlo.
La ecuación es simple pero brutal: menos espectadores más precios más altos igual a un modelo insostenible a largo plazo.
Lo que viene ahora es crucial. Si 2026 trae realmente esa cosecha de grandes películas que promete, y si AMC y el resto de exhibidores consiguen mantener a flote sus negocios hasta entonces, quizá veamos un rebote.
Pero si seguimos con esta tendencia de caída en asistencia, ni siquiera Nolan y Marvel podrán salvar el negocio. Porque al final, las cifras siempre cuentan la verdad, aunque duela escucharla.

